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Y después de hacer todo eso, ¿qué sentiste?-, le pregunté de una manera neutra a una coordinadora de centro de votación, mientras ella se pasaba muy suave su delicada mano derecha por su brillante y bien cuidada cabellera azabache teñida de color caoba que le llegaba en ondas coquetas hasta sus hombros. Me miró con extrañeza, con una mezcla de reclamo y molestia, se levantó despacio del sillón en que había estado sentada con comodidad, y me dijo con voz fuerte y el rostro muy serio: --Más no te puedo decir, mejor nos vemos otro día. –No, no te vayás por favor, hablemos de otra cosa--, le dije inútilmente, pues ya me daba la espalda y se alejaba a grandes trancos de sus torneadas piernas de modelo, ágiles, elásticas como de tigresa de bengala.

Corrientes de aire fresco nos masajeaban el rostro cuando me contó lo que hicieron, menos los sentimientos que le causaba saber que infringía la Ley y que se burlaba de la voluntad de los votantes. Estos coordinadores dirigieron las operaciones en el terreno y como tales propiciaron todo: sembrar boletas marcadas en las urnas; impedir la entrada de fiscales opositores, seducir e intimidar y hasta expulsar a otros; utilizar las boletas no usadas; autorizar el voto de menores de edad y de gente que no estaban en el padrón y que no viven en el perímetro del centro de votaciones; permitir votar varias veces; contar votos solo a favor de un partido y cambiar las actas; hacerse de la vista gorda en los centros de cómputos con las actas visiblemente alteradas; entre otras gravísimas irregularidades que deshonraron la decisión del pueblo.

Todo eso ya lo sabía por boca de fiscales opositores e incluso oficialistas, pero fue algo especial que me lo dijera con todo el peso de su autoridad una funcionaria del Estado de mediano nivel y que fue coordinadora de un centro de votaciones en una ciudad importante del país, no obstante, no me habló de algo esencial: ¿Qué se siente después de haber hecho todo eso? ¿Qué se siente después de actuar con deshonestidad; de violentar las reglas del juego; de hacer marrullas y trampas; de ponerle zancadillas al adversario, de maltratarlo, de reducirlo a la mínima expresión; y de desconocer lo que quería gran parte de la población? Y para ello abusaron de los recursos del Estado. ¿Pueden mirar a los ojos a sus hijos y otros familiares, o a sus amistades más cercanas?

Todo el sistema electoral que funcionó de manera profesional y técnica durante la administración de Mariano Fiallos Oyanguren, fue colapsado, en un lento proceso de deterioro  que recibió una puñalada artera en el 2006, cuando el actual oficialismo instruyó a sus partidarios a utilizar todas las triquiñuelas posibles en su favor. Ahí comenzó el declive que condujo al sistema a la muerte con las vergonzosas actuaciones impúdicas del 2008 y de este 6 de noviembre del 2011. La ética está en bancarrota. Todo se vale. Brilla la moneda falsa, embriagadora fragancia es la misma.

¿Qué siente Alma Rosa –llamémosla así por ahora—? ¿Sentirá vergüenza? ¿Sentirá remordimiento de conciencia? Es posible, aunque no dejó traslucir ningún sentimiento durante su relato frío, metódico, estrictamente técnico, que más bien parecía un ejercicio narrativo del que salió bien librada, pues las violaciones flagrantes estaban en primer lugar y luego los detalles, pero no logré captar emociones en el timbre de su voz; ni en su mirada, ni en el movimiento de sus manos y sus párpados; ni en el color de sus mejillas; ni en las oscilaciones de la nuez de su garganta; nada vi, nada  que me indicara sus sentimientos. ¿Perdió su propia identidad?

¿Qué se siente compañeras y compañeros? ¿Qué se siente? ¿Acaso se siente la satisfacción del deber cumplido? ¿Hay alegría por los hechos consumados? ¿Lo celebraron echándose sus tragos o cervezas o con sexo? Si no importaran los medios sino los objetivos, podrían sentir satisfacción por actuar indebidamente, para lo cual se requiere no tener conciencia de haber actuado tan mal. No obstante, es muy difícil permanecer en ese estado de inconsciencia, como una piedra, en esa rotunda indiferencia, como un pedazo de hierro, porque en algún momento una voz indefinible surge de lo más profundo del ser, señala con el dedo acusador y sobrevienen los remordimientos.   

¿Es posible que un partido político cause una des-educación tal en sus adeptos, tan extensa y tan profunda que los robotice y los haga actuar al margen de la ética, como si no existieran o fueran lo mismo el bien y el mal? ¿Puede llegar hasta a despersonalizarlos? El día de los comicios se demostró que es posible esta alienación, pues incluso gente culta, y gente criada en el respeto a la moral, sucumbió a las obscenas orientaciones, a los prosaicos lineamientos verticales para trampear y convertirse en campeones de la marrullada y la triquiñuelería.

¿Qué sienten hermanos sandinistas? Una vez un diputado me dijo: “No haría nada que perjudique a mi partido”, lo cual está bien en su  correcto contexto, pero esto no significa que si el voto de una comunidad se inclina hacia otro competidor, lo cambiaré con ilegalidades porque no es favorable a mi organización política. ¿Sienten que hicieron lo correcto? ¿Cuántos de los que votaron más de una vez levantarían su brazo? ¿Fue correcto que alteraran las actas? Levanten la mano derecha por favor. ¿Cuántos la levantaron? ¿Fue correcto digitar en el centro de cómputos las actas manchadas y alteradas? Levanten la mano los que estén de acuerdo. ¿Por qué lo están? ¿Qué les dice la conciencia? ¿Les dice que todo se vale con tal de lograr el propósito de la cúpula, incluso mentir, modificar, simular, transgredir, ofender, violentar, humillar? Maquiavelo vive en sus corazones. Un sandinista debe ser honesto. Su mejor arma es la verdad, la libertad y la justicia.

¿Los que mangonean pueden llegar a dominar a su voluntad a sus seguidores? ¿Pueden lograr que hagan lo que ellos quieran aunque ello fuera no solo incorrecto sino inmoral e ilegal, sucio y deshonesto? ¿Hasta este punto llega la subordinación? Es decir, ¿se llega hasta la enajenación? ¿Ya no se puede pensar, discernir, analizar, interpretar, valorar, y tomar decisiones en base a la Ley y el bien común? Estas son preguntas a los compañeros y compañeras sandinistas que cometieron las ilegalidades enumeradas. ¿Cómo responden?


*Editor Revista Medios y Mensajes.