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Como resultado de todas las irregularidades que se dieron en el proceso electoral reciente, por primera vez se ha configurado una amplia correlación de opinión, nacional e internacional, severamente crítica de la legalidad y legitimidad del gobierno de Ortega.

En el mantenimiento de esa amplia correlación, su fortalecimiento e incluso ensanchamiento, reside la posibilidad que Nicaragua retome la senda democrática, con todo lo que ello implica en términos de sus posibilidades de desarrollo socioeconómico.

De esa correlación forman parte organizaciones de muy diferente naturaleza, unas políticas partidarias, otras gremiales, y las hay también aquellas de representación de diferentes intereses sectoriales o temáticos, que en general son englobadas en la denominación amplia de organizaciones de la sociedad civil. Como tal, esa amplia correlación de opinión e intereses, crítica del Orteguismo, es extremadamente plural, y conservar su unidad pasa por respetar esa pluralidad. No se puede pretender que todas las organizaciones, instituciones, personas, gobiernos e intereses que forman parte de esa correlación tengan la misma posición sobre todos los temas. Unas pueden ir más allá que otras en sus demandas, y entenderlo así es crucial para el mantenimiento de la mencionada correlación.

Hay, sin embargo, una organización que tiene una responsabilidad particularmente grande en el mantenimiento de esa amplia correlación crítica del Orteguismo: la Alianza PLI. Mientras algunas de las otras organizaciones pueden desprenderse de la correlación sin afectarla mortalmente, no ocurre lo mismo con la Alianza PLI. Tanto nacional como internacionalmente se le tiene como el polo político alternativo al Orteguismo, y cualquier manifestación de debilitamiento de la misma asestaría un golpe mortal a las expectativas, al menos a corto plazo, de recuperación de la senda democrática.

Hago estas reflexiones porque en las últimas dos semanas he tenido oportunidad de interactuar con numerosos interlocutores nacionales e internacionales, y todos ellos me lo han dejado saber de manera inequívoca. Pero no sería necesario que lo anterior ocurriera para llegar esa conclusión: basta ver cómo el Orteguismo y sus satélites, algunos pretendidamente opositores, están llevando adelante una campaña, abierta en unos casos, solapada en otros, para debilitar o destruir a la Alianza PLI.

Probablemente la mejor manera que la Alianza PLI tiene para enfrentar esa nociva campaña sea dando un salto de calidad, y en este contexto hace todo el sentido lo que varios de sus dirigentes han planteado: pasar de una alianza electoral a una alianza de naturaleza política, en el sentido orgánico y programático, pero también en términos de la cohesión de sus dirigentes.