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El 75% de las mujeres en el mundo han sido víctimas de malos tratos en algún momento  de su vida, y más de 600 millones viven en países donde la violencia de género no es  delito, según cifras de Naciones Unidas.

En Latinoamérica, el 45% de las mujeres  sufren malos tratos. Y en España, este año ya han muerto 54 mujeres a manos de sus  parejas. Ni países ricos ni los pobres del Sur se libran de la lacra que supone la violencia  contra las mujeres.

En Estados Unidos, por ejemplo, una mujer sufre algún episodio de malos tratos cada  15 segundos; en Rusia, cada 40 minutos muere una mujer víctima de la violencia  doméstica; en Egipto, el 35% de las mujeres son agredidas por sus maridos.

Cada 18  segundos una mujer sufre algún tipo de agresión en el mundo, a pesar de los esfuerzos  de organizaciones y gobiernos comprometidos con las mujeres. Pero algo debemos  estar haciendo mal en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres cuando un 65%  de los jóvenes entre 14 y 16 años presentan actitudes sexistas.

A finales de noviembre se conocieron los datos de un estudio de la Fundación Mujeres  realizado en Andalucía, en España, en el que se llegaba a esta conclusión. Llamativo  resulta ver que el 70% de estos jóvenes cree en el mito de “quien bien te quiere te hará  sufrir” o que el 61% de los jóvenes y el 42% de las jóvenes crean que los celos son una  prueba de amor. También un 60% de los jóvenes cree que lo “normal” es que el hombre  proteja a la mujer y un 80% que la mujer tenga que complacer al hombre. Malos  síntomas en una sociedad como la española, donde se ha hecho un gran esfuerzo para  luchar contra la violencia contra las mujeres.

De clase alta o baja, con estudios o sin ellos, en las ciudades o en el entorno rural, en  edades tempranas o en la madurez… La violencia doméstica se da en todos los ámbitos  y tiene menos que ver con la clase social que con el grado de marginación social, como  demuestran las estadísticas.

Organismos internacionales y organizaciones, como  Amnistía Internacional, explican que las mujeres pobres y marginadas son víctimas más  vulnerables.

La educación y el fortalecimiento del papel de la mujer en las sociedades son el único  camino para acabar con las agresiones y los malos tratos. Una mujer que estudia y  conoce sus derechos, que trabaja y tiene autonomía es una mujer con herramientas para  que pueda decir ‘NO’ a relaciones de abuso de poder por parte de los hombres. Pero  también la educación no sexista y sin prejuicios de género son fundamentales para  cambiar las actitudes de hombres y mujeres.

La educación en valores, donde el respeto,  el diálogo y el rechazo a la violencia sean elementos claves para entender las relaciones con los demás miembros de la sociedad.

Las mujeres suponen un poco más de la mitad de la población mundial. Hay que darles  voz y protagonismo en la vida pública. Con su feminidad, las mujeres tienen mucho  que aportar. Hay que desterrar definitivamente los sentimientos de miedo y las actitudes  violentas.

La violencia en el hogar intimida, degrada, humilla y destruye la autoestima.  Las mujeres víctimas de malos tratos necesitan el apoyo de la sociedad para salir de la  espiral. La sociedad tiene que mostrar una actitud de “tolerancia cero” con los agresores  y que estos se sientan rechazados por los demás. Leyes que las amparen y educación  pueden ser las claves para que, entre todos, acabemos con la violencia.

*Periodista
ccs@solidarios.org.es
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