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El éxito extraordinario de la gran marcha convocada por iniciativa de la sociedad civil y respaldada por la Alianza PLI-UNE, encabezada por Fabio Gadea Mantilla, significó el triunfo del civismo y de la unidad frente al fraccionamiento. La multitudinaria marcha demostró que cuando se vence el miedo el pueblo puede y debe manifestarse cívicamente en defensa de sus derechos, para lo cual le asisten las garantías constitucionales.

La marcha representó el ejercicio, por parte del pueblo nicaragüense, de los derechos fundamentales contemplados en los Artículos 53 y 54 de la Constitución Política, como son los derechos a reunirse pacíficamente, de concentrarse, manifestarse y movilizarse públicamente para expresar su opinión sobre asuntos que a todos nos conciernen, como lo son el respeto a la voluntad popular expresada en el voto ciudadano, el rechazo al fraude y a cualquier intento de imponernos una dictadura.

La decisión de los partidos democráticos de sumarse a la marcha convocada por la sociedad civil merece nuestro reconocimiento y, sin duda, contribuyó a darle al hermoso ejercicio cívico del sábado pasado, los perfiles de la unidad que tanto necesitamos en estos momentos para seguir reclamando contra el escandaloso fraude electoral del 6 de noviembre e insistir en la elección, en los próximos meses, de magistrados electorales que por su honradez y trayectoria garanticen el respeto a la voluntad popular.  

Si analizamos el resultado final de la demostración del sábado pasado, no cabe duda que la sociedad civil se apuntó un gran éxito por la valiente presencia de miles de ciudadanos y ciudadanas, que venciendo todos los obstáculos, dijeron sí a la democracia y no a la dictadura. Además, la inmensa mayoría vino por sus propios medios, ya que los organismos de la sociedad civil carecían de recursos para ofrecerles transporte y alimentación.

Estas marchas ciudadanas son muy distintas de las que organiza el partido de gobierno, utilizando cuantiosos recursos y medios de transporte estatales o municipales. Por eso tienen más mérito las concentraciones que convoca la sociedad civil.

Frente a quienes califican la marcha como una provocación y un intento de desestabilizar al gobierno, la mejor respuesta fue la forma completamente pacífica como la misma se desarrolló, sin ningún incidente que lamentar y en estricto cumplimiento al recorrido previamente convenido con la Policía. Por cierto, esta vez la Policía actuó como corresponde según su obligación constitucional de resguardar la seguridad ciudadana.

Resultó así ridícula la afirmación de que a la marcha concurrieron “apenas unas dos mil personas”. La opinión pública pudo constatar ampliamente, por medio de los reportajes de la televisión y de los periódicos, que la asistencia a la marcha fue masiva: decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas que rechazan el fraude electoral y exigen nuevas elecciones libres y transparentes que realmente reflejen la voluntad soberana del pueblo nicaragüense.

La marcha marcó el inicio de una jornada de movilizaciones cívicas y pacíficas, que se irán realizando en diferentes lugares del país, a medida que la ciudadanía vaya tomando conciencia de lo grave que es burlarse de la voluntad popular.

Finalizamos este artículo reproduciendo el párrafo siguiente de la proclama de los organismos de la sociedad civil, leída al final de la marcha: “Nicaragua necesita urgentemente  retomar la senda de la democracia, del desarrollo y la justicia social con libertad, para asegurar el bienestar de todos los nicaragüenses sin exclusiones y evitar la confrontación entre hermanos. No necesitamos ni queremos otra autocracia familiar regida por la arbitrariedad, la codicia, la manipulación del hambre, la coacción y el miedo. Un poder ilegal e ilegítimo no puede garantizar la concordia, el consentimiento ciudadano y la estabilidad nacional. Por ello, es de vital importancia para la paz, el restablecimiento de las reglas del juego, el espacio político democrático y los derechos políticos arrebatados a la ciudadanía”.