• |
  • |

En ocasión del bicentenario del inicio de nuestra lucha por la independencia, siguen vigentes y han tomado incontenible fuerza las ideas de Bolívar (el Bolivarismo) frente al Monroísmo, que inauguró en 1823 el Presidente estadounidense James Monroe, América para los Estados Unidos y no el “América para los Americanos”, que demagógicamente proclamó.

La creación de la Celac, concebida en México el año pasado, luego de que 33 países dieran su consentimiento en la cumbre de Cancún, es hoy una realidad con la Cumbre de Jefes y Jefas de Estados y de Gobierno de los países de la región, que se reunieron este 2 y 3 de diciembre 2011, en saludo al bicentenario de la independencia de Venezuela y en honor a su gran líder, Simón Bolívar.

La Celac es una continuidad o concreción de las ideas expresadas en la Carta de Jamaica (1815) por Bolívar; quien escribió que debía construirse “en el Mundo Nuevo (…) una sola nación (una especie de corporación) con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. El Congreso de Panamá de 1826, el Congreso anfictiónico, inspirados en la Liga Anfictiónica de la antigua Grecia, (alianza de las ciudades griegas) fracasó en aquel momento, pero se esbozó la necesidad de crear el Tratado de “la Unión, de la Liga, y de la Confederación perpetua”, y forjar el “cuerpo anfictiónico” mediante una Asamblea de Plenipotenciarios, agentes de la unidad para todos los intereses comunes y decisiones públicas fundamentales.”

Esta fundación conjunta, la Anfictionía, hoy comienza a hacerse realidad, porque como dijo Bolívar, ésta “podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración...”. Y esa época ha llegado por los esfuerzos de integración construidos regionalmente y por los cambios progresistas revolucionarios y nacionalistas que se operan en América Latina desde 1998, con la revolución bolivariana y además con los avances en la integración regional como el ALBA, la UNASUR, el Grupo de Río, con la continuidad o pervivencia de las históricas integraciones centroamericanas, caribeñas y mesoamericanas. Hoy todo ha trocado en una integración mayor, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La Celac se ha construido igualmente frente a la crisis irreversible de la Organización de Estados Americanos (OEA), que asumió el monroísmo en las relaciones interamericanas, contra la autodeterminación y desarrollo soberano de las naciones latinoamericanas y caribeñas.

El inicio del declive estratégico del hegemonismo estadounidense en la región se evidenció con lo sucedido en el Mar del Plata, Argentina, en el año 2005, en que se dijo un ¡No Sonoro y permanente contra el ALCA!. Aunque la estrategia estadounidense en el continente tiene diversas expresiones y conserva aspectos fundamentales de su hegemonismo como el de los Tratados de Libre Comercio, el control de los recursos y de la economía por parte de los Transnacionales, el hegemonismo cultural, la pervivencia de sus aliados políticos burgueses-oligárquicos, dichas políticas deben ser derrotadas más temprano que tarde, y la creación y funcionamiento de la CELAC es un paso en esa dirección.

Coyunturalmente, la crisis económica internacional del sistema capitalista, ha puesto a prueba a América Latina, con resultados positivos frente a la Crisis, en lo que ha sido fundamental la adopción de políticas soberanas y de inclusión social, diferente a las adoptadas por los países del llamado primer mundo, que han profundizado la crisis y se encuentran en una situación insostenible. Frente a la crisis, también la integración y cooperación regional y subregional ha jugado un papel fundamental, como lo evidencian las experiencias del ALBA y de UNASUR, y hoy debe fortalecerse con la CELAC.

La experiencia le ha enseñado a nuestras naciones que es posible y necesaria la integración y la unidad para avanzar. Que es fundamental la autodeterminación política y de los recursos naturales, en la que la región es inmensamente rica en materias primas, alimentos, agua y biodiversidad, que deben preservarse y usarse racionalmente para los más de 550 millones de latinoamericanos y caribeños habitantes en nuestro territorio común de 20 millones de kilómetros cuadrados, con la dialéctica de pensar en nuestros legítimos intereses comunes como región y solidariamente con toda la humanidad.

Nuestra unidad debe permitir sacarnos del atraso, de la pobreza y de la exclusión; juntos debemos inclinar la balanza a favor del desarrollo integral humano, potenciando lo que representamos, como dice Aram Aharonian, “los 6.3 billones de dólares del Producto Interno Bruto (PIB) , lo que la convertiría en la tercera potencia mundial económica, la principal reserva petrolera (aproximadamente 338 mil millones de barriles de petróleo), la tercera productora de energía eléctrica y la principal economía productora de alimentos”.

Con la Celac tenemos la oportunidad histórica de avanzar más rápidamente en nuestra independencia política, que nos permita soberanamente como naciones y como región pensar en los intereses colectivos y superar las grandes brechas económico --sociales que tenemos por causa del colonialismo, del neocolonialismo y el anacronismo oligárquico-burgués, principalmente.

La Celac –en medio de su diversidad política-ideológica- debe avanzar en el destino común que representa y en el bien común, que debe hacerse realidad en los acuerdos adoptados, para concertar y avanzar: en lo político, lo energético, el desarrollo social, ambiental o de cambio climático y el económico-financiero, bajo un esquema de cooperación, solidaridad y complementariedad, dándole fuerza a la relación y cooperación sur-sur.

Sabemos que este paso estratégico pretenderá ser minado por los intereses imperiales y oligárquicos, como sucedió en el Congreso de Panamá de 1826, pero hoy América Latina y El Caribe ha crecido y derrotará los propósitos divisionistas de los enemigos de los pueblos y del ser humano, y avanzará hacia el Supremo Sueño de Bolívar como dijo y propuso Sandino en 1928, siguiendo el ejemplo de nuestros próceres como Bolívar, José de San Martín, Sucre, Bernardo O´Higgins, José Martí, José Morelos, José Gervasio Artigas, Morazán y Sandino, desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, conformando una nueva Comunidad Política.

*Cientista Social e Historiador