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Costa Rica mantiene la ofensiva en el litigio de la frontera Sur, esta vez mediante un proyecto de carretera a orillas del río San Juan, y la presentación de una Memoria en el Contencioso con Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya.

Estos eventos se suman al reclamo del triángulo húmedo de Harbor Head, y vienen a descubrir la estrategia a largo plazo que tiene Costa Rica de ocultar y posponer el verdadero problema que es el usufructo ilegal e injusto de las aguas del río San Juan.

Sin consulta previa, desviaron las aguas de nuestro río hacia el río Colorado con el propósito de desarrollar la región ahora floreciente de la Barra del Colorado.

Los nicaragüenses debemos comprender que la estrategia tica de litigar es un pretexto para ocultar la posesión de nuestro derecho sobre las aguas que se originan en territorio nacional.

Tenemos que afrontar estos reclamos y amenazas, pero nuestro objetivo es restituir nuestro derecho de aguas nacionales que han sido sustraídas sin autorización.

El río Colorado es una derivación del San Juan en su delta. Cuando se estableció el poblado de Barra del Colorado el caudal del río era tan escaso que sus habitantes podían cruzarlo en pocas brazadas. Ahora es un río caudaloso de más de 500 metros de ancho y es el fundamento del potencial económico y turístico de esa región.

El dragado del Colorado sin consulta con Nicaragua declinó el caudal del río San Juan para dejarlo inhábil para navegación en su delta y salida al Atlántico. La ruta interocéanica que antiguamente floreció como vía de comunicación entre el este y el oeste de Estados Unidos, quedó cerrada a consecuencia del transvase ilegal de las aguas del San Juan  que ahora solo permite navegar lanchas ligeras.

La construcción de esta carretera viene a constituir un crimen ambiental. El propósito es secar progresivamente el río en su delta y dejar libre al río Colorado con toda el agua de nuestro territorio. Las obras de construcción son inaceptables por los movimientos de tierra que demanda la topografía, la enorme deforestación del derecho de vía, la erosión que socava los suelos y el potencial poblacional en la zona de influencia, todo en detrimento del río y la foresta.

Las obras de drenaje que exige la carretera son fuente de contaminación que deteriora la calidad de las aguas, inhabilitándolas para consumo y  conservación de especies.

Como el dragado, la carretera se lleva a cabo sin notificación, sin mostrar estudios sísmicos ni de impacto ambiental.  En resumen, la carretera conlleva una gran área de influencia de destrucción de biosfera en 130 kilómetros a orillas del río San Juan. Si fuera posible presentar la relación a valor presente de los daños del proyecto con respecto a los beneficios, el proyecto sería descalificado.

Desde que se inició el litigio en 1858 con el tratado Cañas-Jerez, hasta ahora no hay esperanza de solución mientras no afrontemos el problema de fondo que es el derecho de agua en el río San Juan.

Para aspirar a un arreglo equitativo precisa la voluntad política de ambas naciones, y un apoyo científico bilateral e internacional, con el fin de analizar la hidrología de la cuenca entera del río San Juan para que las aguas que se generan en territorio de Nicaragua se integren al río San Juan en su delta y las aguas que se generan en territorio de Costa Rica se integren al río Colorado.

El propósito de este franco mensaje es hacer conciencia ante mis compatriotas que el derecho de nuestras aguas territoriales es sagrado, y al mismo tiempo, incentivar la cultura por la conservación del recurso agua y el recurso forestal, ahora que las amenazas de calentamiento global y la escasez mundial de agua potable valoran estos recursos vitales como un tesoro nacional.

No se trata de fomentar la discordia entre países hermanos, sino de comprender el problema, explorar soluciones equitativas y buscar la restitución de nuestras aguas en el San Juan en el curso de su delta al océano Atlántico.

*Ex miembro del Banco Mundial y expresidente de Enaluf