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Tenemos que hacer civismo como adultos conscientes, y estar claros que para ejercer como ciudadanos plenos, aún nos falta mucho. Una de nuestras pifias es pensar que las elecciones, y los partidos políticos son todo, y no es así las elecciones no son suficientes, antes y después, el civismo nacional debe mantenerse activo en la vida diaria personal.

Tradicionalmente la vanguardia cívica en América Latina han sido los estudiantes universitarios que han mantenido viva la llama patriótica, mientras sus intereses conservan aletargadas a las elites. Eso es indudable y siempre ha existido consenso sobre el protagonismo de los estudiantes en nuestros procesos políticos. Las grandes crisis para las dictaduras, o a favor de causas justas como en Chile, han ocurrido al calor de movimientos estudiantiles que han tenido a su cargo el discurso moral de la sociedad en la época moderna. Actualmente es notoria la ausencia del movimiento universitario organizado en la vida nacional.

En este momento vemos cómo los estudiantes universitarios son quienes portan la antorcha de la libertad y el espíritu democrático y causado las mayores crisis al gobierno tiránico, de la izquierda obsoleta, ante los abusos y arbitrariedades de Hugo Chávez en Venezuela, que los ha reprimido fuertemente de diversas formas, e incluso, invadido los recintos universitarios, y también vemos cómo los estudiantes bolivianos se enfrentan a otro gobernante de la arbitraria pandilla del socialismo del siglo XXI, como es Evo Morales.

Gracias a los estudiantes las causas patrióticas no quedan en el olvido.

En Nicaragua antes de 1979 el mismo FSLN germinó, se nutrió y creció en almácigos a la sombra de los recintos universitarios. Los estudiantes universitarios, inclusive de los colegios de educación Secundaria fueron los portadores de la tea del FSLN. Hasta el día del triunfo cuando empezó la noche oscura y la trama absolutista quedó al descubierto.

Después del 19 de julio de 1979 ha sido diferente. En el poder el sandinismo extirpó el liderazgo estudiantil. Al subir al poder el FSLN finiquitó todo lo que no era FSLN, aun organizaciones de izquierda que no fueron de su feudo y así terminaron con el movimiento estudiantil y con el movimiento sindicalista independiente, o aunque fueran comunistas o de otras tendencias de izquierda.

Igualito como hizo Fidel Castro en Cuba. Muchos estudiantes y sindicalistas, independientes, inclusive los que se llamaban comunistas pero que no eran sometidos políticos del FSLN a la cárcel o al destierro fueron a parar.

Recordamos que antes del 19 de Julio de 1979, las hazañas y las crisis producidas por los movimientos estudiantiles y sindicales eran motivo de titulares y despliegue en los medios de información. Ahora eso no se ve. Como que en Nicaragua han desaparecido los dirigentes y organizaciones universitarias en los movimientos y actividades cívicas y patrióticas.

Los sandinistas en el poder, emasculando la militancia de movimientos estudiantiles universitarios, mutilaron un miembro de la sociedad civil y cortaron la producción de liderazgo político a nivel nacional, causando un vacío que se siente y se ven sus resultados en la actual vida política y social. Se nota la ausencia trascendental de los dirigentes y movimientos estudiantiles en la Nicaragua de hoy.

La mayoría de los dirigentes políticos más destacados que tuvo Nicaragua en el pasado antes del 19 de Julio de 1979, en el FSLN, en el Partido Social Cristiano, en el Partido Liberal Nacionalista, en el Partido Conservador, en el Partido Liberal Independiente, en sus organizaciones juveniles, en los movimientos revolucionarios y en las diferentes insurrecciones, se formaron como dirigentes en nuestros recintos universitarios.

Actualmente prevalecen los partidos políticos y las ONG con dirigentes a sueldo y gastos pagados, que obedecen a intereses que no son los cristalinamente puros que defendían desinteresadamente los universitarios depositarios del discurso moral del que no ambiciona, ni codicia, ni pide nada a cambio.

Muchos estudiantes, soñadores, espirituales, teorizantes, a veces utópicos, dieron la vida por esos ideales patrióticos. Pero fue, esa utopía idealista, sin contaminaciones sociales o económicas la que hizo justa la causa que defendieran.

Vemos de vez en cuando a alguna organización independiente de valientes jóvenes que protestan, pero no percibimos a grupos que se identifiquen como en el pasado los centros universitarios convocatorios auténticamente estudiantiles que hagan suya la causa democrática y libertaria de Nicaragua como fue la tradición en otros tiempos y sigue siendo en otras partes.

Cada día vemos más reclamos de parte del conglomerado social indignado, por un cambio, por políticos opositores más dignos, más confiables, con más mística, con ideas y propósitos mas transparentes.

Cada día vemos más reclamos para volver a las raíces, como fue antes, con políticos desinteresados de recompensas personales, con más imaginación y voluntad, con más acción que palabras, con más amor por la causa, más idealistas, menos oportunistas, más sacrificados y más entregados a los principios.  

Es notorio que la gente demanda que la lucha patriótica, democrática y por la justicia jurídica y social sea como antes, cuando hubo dignidad en la política opositora, cuando hubo estudiantes universitarios como Manolo Morales, políticos como el doctor Enrique Lacayo Farfán y periodistas como Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quienes por sus ideales abandonaban la comodidad de sus hogares, sus empresas y trabajos, arriesgando el patrimonio familiar, y no les importaba ir a la cárcel, al exilio o arriesgar la vida, y su autoridad moral y prestigio provenía de su carácter y convicciones, de la justicia de su causa y el valor de los principios que defendían, sin tener que entrar por el aro ante embajadores de potencias extranjeras.

El verdadero atentado contra nuestra institucionalidad, es la desorientación de la sociedad civil y el constante intervencionismo, a solicitud nuestra, de poderes extranjeros en los asuntos que solo competen a los nicaragüenses, como si fuéramos menores de edad.

En ese sentido, nos falta crecer pues aún estamos como los indios en las encomiendas en épocas de la colonia a quienes trataban como niños que necesitaban tutelaje y supervisión.

Esperemos que se reorganice el estudiantado universitario y tomen la antorcha patriótica como en el pasado, comprometidos con Nicaragua. Solo entonces estará completa nuestra sociedad civil.