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La Juventud no tiene donde
reclinar la cabeza.
Su pecho es como el mar.
Como el mar que no duerme de día ni de noche.

        
Luces, cámara, acción: Primera plana “Grupo de jóvenes protestan por coyuntura…”  Y no está mal, pero me quedó la duda, qué proponen después del maquillaje, el guión y la sobreactuación?  

El síndrome de Roger Rabbit o “efecto dibu” es cuando los dibujos animados no se pueden resistir a la fuerza de la actuación y la música, saliendo a bailar sin medir las consecuencias de sus actos.

En la vida real se asocia a personas que se les regala una dosis de poder efímero que les permite, a través de la construcción mediática, incidir sobre otras personas con caracteres más débiles, generalmente esta postura está relacionada con el contagio viral que se ha extendido en nuestra cultura política.

Como caja sonora constantemente escucho a la juventud opositora afirmar que la lucha está en las calles y no en las oficinas, como si en las mismas se encontrara el Santo grial que salvará a Nicaragua, lo extraño es que cuando no hay cámaras en nuestra chapiolla avenida Broadway no hay lucha.

A mi parecer las calles  han sido, sobreexplotadas, perdiendo su valor simbólico de lucha, por la sencilla razón que tras un plantón, protesta o piquete no se ofrece o posiciona un mensaje consistente que tenga repercusión social, adquiriendo los disidentes roles ambiguos de oposición que terminan oponiéndose hasta ellos mismos en la transmisión de sus mensajes, siendo instrumentalizados al igual que sus contrincantes rotonderos a una suerte de cortoplacismo.

En Chile, los estudiantes organizados tienen claras sus demandas, por eso han encontrado respaldo y base social, contrario a Nicaragua, donde pareciera que muchas de estas agrupaciones demandarán tan solo un minuto de fama en la TV.

Nos encontramos frente a una “generación” dispersa y sin identidad, sin discurso, sin propuestas ideológicas, improvisadoras a destiempo, infladas de imágenes pero  pinchadas por sus propios egos.

Insisto, no digo que la lucha cívica no funcione, ni tampoco rozo el extremo de  quedarnos en las oficinas planificando hasta la eternidad, lo ideal sería unificar ambas propuestas para lograr un efectivo mensaje social, enlazando planeación y acción.

Aunque algunos deseen ir más rápido que la luz  y otros a paso lento y discreto,  considero que ante todo debe marcharse con orientación, alejados de todo discurso contaminante de la política tradicional, adquiriendo voz propia.

Por tanto, se requiere de la construcción de un nuevo discurso simbólico, caracterizado por la constitución de partes, en primera instancia los sonidos y luego de símbolos o significantes enfocados a proponer soluciones y no a enunciar problemáticas.

Debemos romper con los genes sociales  (información cultural transmisible) de Nicaragua que tanto nos han llevado a repetir los fracasos generacionales, especie de Sísifo encadenado a las superestructuras políticas, ideológicas y culturales desgastadas.

Asimismo, todavía no pierdo la fe que será en las nuevas generaciones donde emerjan renovados liderazgos sin exclusiones y sectarismo, con capacidad de debatir y disentir con ideas sencillas y de respeto que coincidan en la práctica.

“Yo, por mi parte, saldré satisfecho de un mundo en que la acción no es hermana del  sueño; ¡Ojala pueda usar la espada y morir por la espada! San Pedro  negó a Jesús… ¡Bien que hizo! (Baudelaire).  

irvincordero@gmail.com