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Los científicos del mundo están cavilando una nueva definición del tiempo, que haría  pasar a la historia la hora GMT. Una grave pérdida para el orgullo británico. La hora GMT ha sido símbolo durante más de 120 años del papel de superpotencia de la Gran  Bretaña. Pero no se alarmen, ya Einstein les dio un golpe con la teoría de la Relatividad  que hizo caer a Newton de su pedestal.

En una conferencia celebrada en 1884, en Washington, el tiempo basado en el meridiano de Greenwich se convirtió en la referencia mundial del tiempo.

La nueva definición propone liberarse totalmente del tiempo solar, basado en la rotación  de la Tierra y medido por los astrónomos desde hace más de 200 años a partir de Greenwich.

La realidad es que desde hace 40 años el mundo ya no se rige por la hora GMT, que sigue siendo la hora legal de Gran Bretaña y se utiliza en el mundo solo como  referencia. En 1972 se adoptó el Tiempo Universal Coordinado UTC, calculado en 70  laboratorios del mundo por 400 relojes atómicos (Se llaman así porque el segundo es  definido por el ritmo de oscilación de un átomo de cesio). Por ese hecho el GMT se convirtió en referencia.

El tiempo atómico tiene la ventaja de ser mucho más preciso, pero difiere unas  milésimas de segundo del tiempo definido por la rotación de la Tierra. Para guardar la correlación con la rotación terrestre, cada año se agrega un segundo intercalado. Ahora  la propuesta es suprimir ese segundo, abandonando la correlación con la hora GMT.

El cambio es necesario a raíz del funcionamiento en red de las telecomunicaciones o de  la navegación con ayuda de los satélites a través del GPS. Esas redes necesitan una  sincronización al nivel del nanosegundo.

Como algunos sistemas aplican el salto de un segundo y otros no, su operatibilidad se  ve gravemente comprometida. Se comienzan a crear escalas de tiempo paralelas.  Imagínense que lío seria un mundo que tuviera dos o tres definiciones del tiempo.  Relajo completo.

La propuesta de suprimir el segundo intercalado será sometida en enero a la votación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en Ginebra. Si ese texto es adoptado, el  tiempo atómico se apartará progresivamente del tiempo solar, al ritmo de un minuto  cada 60 a 90 años, y de una hora en 600 años. Pero se podría dejar abierta la posibilidad  de ajustes futuros.

Se podría agregar una hora cada varios cientos de años. Después de todo, tenemos la  corrección de un día en el calendario con el ano bisiesto. Varios países se saltan una  hora con el paso a la hora de invierno.