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Por tradición se pensaba que todo ser humano nacía con un nivel de inteligencia fijo sin esperanzas de aumentarla y que marcaba desde el principio los niveles de éxito a los que podrían aspirar los individuos con bajas proporciones en el Coeficiente Intelectual (CI).  Poco a poco, se ha venido abandonando esta teoría, dando lugar a modelos de la inteligencia humana más acertados,  así como formas en las que se puede aumentar las habilidades cognitivas, como puede ser el de las inteligencias múltiples de Howard Gardner.  

En esta teoría, la inteligencia deja de verse como algo unitario y pasa a verse como “conjunto de inteligencias múltiples, distintas e independientes”.  De esta forma, hemos conseguido entender que todos somos seres inteligentes, pero cada uno de una manera distinta.  Por ejemplo, hay personas que tienen un alto grado de destrezas visuales, lo que les permite utilizar esta habilidad para aprender aquellas cosas que se pueden visualizar.  De igual forma, pasa con el resto de inteligencias múltiples planteadas por Gardner: lógico-matemática, auditiva, kinestésica, intrapersonal, etcétera.

Sin embargo, lo que más recientemente está generando una verdadera revolución en la ciencia del aprendizaje y en teorías sobre la inteligencia humana, es la neuro-plasticidad del cerebro.  Contrario a lo que se pensaba antes, el cerebro es un órgano que evoluciona, que cambia y que puede adquirir habilidades que logran mayores niveles de competencia e inteligencia. Ya que el número de neuronas permanece prácticamente estable durante la vida de un ser humano, se pensaba que siendo las células cerebrales las unidades más básicas del sistema nervioso central, poco se podía hacer para cambiar el potencial del ser humano.  

Lo que ha causado que se abandonen estas nociones, es que se ha descubierto que lo que nos hace más o menos inteligentes no es la cantidad de neuronas que tenemos, sino la cantidad de interconexiones que hay entre ellas.  De especial impacto es que sí podemos aumentar las interconexiones entre las neuronas,  y como consecuencia ser más inteligentes, concretamente a través de ejercicios para habilidades cognitivas que “obligan” a las neuronas de distintas áreas del cerebro a conectarse entre sí.  Esto nos exige  replantearnos todo el modelo educativo  a todos los niveles, así como las competencias laborales de los distintos profesionales en el mundo entero y, por supuesto, en Nicaragua.  

Con esta realidad, todos podemos aumentar nuestra inteligencia, ya que con este modelo se borran las fronteras de lo que consideramos “problemas de aprendizaje”, y pasamos todos a un solo espectro de habilidades cognitivas en las que siempre hay espacio para mejorar.

*El autor es especialista en educación
alejandro@lincoln.edu.ni