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Las enfermedades crónicas degenerativas de la vida adulta como diabetes, osteoporosis e hipertensión, son el resultado de un proceso dañino acumulativo,  de una o más décadas de duración. No es el caso para la desnutrición  crónica de la niñez.
Las niñas y niños que nacen sin defectos congénitos, ni alteraciones genéticas y también reciben una alimentación adecuada, protección y afecto, presentan una velocidad exagerada del crecimiento de sus órganos y del largo de su cuerpo. La rapidez en su crecimiento va disminuyendo con el transcurso de los meses y de los años.  Si al nacer midieron 50 cm de largo, en los primeros tres meses pueden aumentar hasta 9 cm, a los seis meses habrán aumentado unos 15 cm, para un aumento de 25 cm al año de edad. Esta velocidad puede frenarse con cada diarrea, con cada neumonía, con cada infección, que interfieren con el apetito y el aprovechamiento de su organismo de los nutrientes.
Si en cada crisis de salud que dura una semana o más, se deja de crecer 1.5 cm de la talla, llegado al año de edad, con  cinco infecciones en total, se habrán perdido 7.5 cm de estatura o más.  En nuestro medio, esto puede pasar inadvertido, porque a lo que aspiran las madres es tener una niña o un niño ¨gordito¨. Los comparan con otros niños y niñas de su medio, y no se dan cuenta de que se están quedando chiquitos. Esto sólo puede ser detectado con mediciones frecuentes de la estatura.
Una alteración del crecimiento en los primeros meses de edad, se clasifica como una desnutrición crónica cuando la talla en relación a su edad es inferior al límite normal, al compararla con los parámetros de crecimiento de la OMS. No se necesitan diez años para tener una desnutrición crónica infantil. La buena noticia es que puede revertirse totalmente durante los dos primeros años de edad, con una intervención adecuada y oportuna, mejorando las prácticas del cuido y la alimentación. Los dos años terminan al cumplir un mil días.
El propósito actual de las unidades de salud de medir frecuentemente no sólo el peso, sino también la talla en la primera infancia, para poder brindar consejería a la familia e incidir sobre  mejores prácticas alimentarias.  Después de esta edad, ya no se recupera la estatura que,  por razones genéticas, hereditarias, hubiera tenido una persona.
Si se realiza un Censo Nacional de Talla en las escuelas, es por la facilidad de medir en todo el territorio la estatura de la niñez de un grupo específico de edad.  Esto es un espejo de la historia del crecimiento durante los primeros años de vida. Pero el Censo Nacional de Yalla no sirve para recuperar la desnutrición crónica durante la edad escolar.  Esa oportunidad ya quedó atrás, en los primeros un mil días de vida.  
Los efectos de la desnutrición crónica no tratada oportunamente son irreversibles.  En la infancia son causa de un ciclo continuo de enfermedad y desnutrición que repercuten en la capacidad de aprendizaje, concentración, productividad y escolaridad. Es un factor que  predispone a la diabetes y la obesidad en la vida adulta.
Por ello es que se promueve la lactancia materna exclusiva (sin ningún otro alimento, ni agua) en los primeros seis meses de edad.  La introducción de pachas (siempre contaminadas con microbios) en esta etapa favorece las infecciones y, por lo tanto, la desnutrición crónica.  Leches de otra especie (vaca o soya) no contienen todos los elementos nutritivos apropiados para el organismo humano.  Y mucho menos todos los factores que dan protección, que proporcionan inmunidad, y son únicos de cada especie. La lactancia materna promueve el desarrollo del cerebro del único mamífero del planeta que nace sin haber completado su desarrollo neurológico, que es el ser humano.
Sobrepasados los seis meses de edad, es crucial la información y adiestramiento de las madres para que continúen dando  lactancia hasta los dos años y la complementen con otros alimentos, que han de ser lo suficientemente nutritivos como para mantener un ritmo de crecimiento deseado, saludable, dentro de los límites normales.  
En Nicaragua, INEC, en 1998, encontró niveles de desnutrición crónica en los sectores pobres de 10%  a los 6 meses de edad, y en los sectores no pobres, 10% a los 12 meses de edad, indicativo de que no es causado por la escasez de alimentos, sino por prácticas inadecuadas de alimentación. Índices de 10% es un problema de salud pública.  
En nuestro país, ya existe información suficiente y disponible sobre las prácticas inadecuadas de alimentación que realizan las madres durante la edad de la lactancia, que es de dos años y durante el proceso del destete, que va de los 6 seis meses a los 24 o más meses de edad. Las prácticas inadecuadas deberán ser sustituidas por prácticas mejoradas, apropiadas a los recursos familiares, locales y del país para prevenir de una manera efectiva y oportuna la desnutrición crónica infantil.
Lo que sí, se puede revertir antes y después de los tres años, es la desnutrición aguda, o sea la delgadez en relación a la estatura. Es el caso de los sobrevivientes de hambrunas posteriores a desastres naturales como terremotos, deslaves, inundaciones, guerras, sequías prolongadas y otros.  Por falta de alimentos niños y niñas, aunque tengan la estatura adecuada para su edad, se adelgazan demasiado y puede llegar a morir si no se acuden a tiempo.
Según expresó Wilhem van Milink, representante del PMA en Guatemala: ¨La desnutrición crónica es una condena a cadena perpetua. Es algo que si te toca, tienes que vivirlo para toda la vida. La desnutrición aguda es una condena a muerte, si un niño no come bien durante X semanas y no recibe alguna alimentación, se muere. En la crónica, si se dejó pasar el autobús que venía en los mil días, nunca más se puede recuperar¨.

*Pediatra, Máster en Nutrición y Seguridad Alimentaria.