•  |
  •  |

Escribe en EL NUEVO DIARIO Evelyn Martínez, coordinadora de los CPC de Altamira, en la sección de Opinión del viernes 30 de diciembre:

“Como la ignorancia es atrevida, habría que disculpar al joven Grigsby Vergara por sus desacertadas, ofensivas, despreciativas y lamentables expresiones en relación al bono solidario para los que se lograron bachillerar este 2011, gracias a nuestro gobierno cristiano, socialista y solidario encabezado por nuestro Presidente, comandante Daniel Ortega Saavedra, y razón por la cual fue ratificado en estas elecciones para un nuevo mandato por el 62.8% de la población”.

Veamos por partes este exabrupto de la coordinadora de los CPC. Expresa Evelyn:
“Como la ignorancia es atrevida, habría que disculpar…”.  

¿Qué significa esta expresión realmente? La ignorancia no disculpa nada. Hay, inadvertidamente, en Evelyn, una inversión cultural de valores de conducta. Más bien, es el esfuerzo tesonero, el estudio concienzudo, la investigación escrupulosa, la que hace que un error sea disculpable. El método científico aprende de errores, midiéndolos, investigando la desviación de resultados respecto a las hipótesis. La ignorancia es un mal que se debe combatir, invirtiendo sistemáticamente recursos en educación y, cuando es producto de la pereza intelectual se debe despreciar sinceramente.

Continúa Evelyn: “Lamentables expresiones en relación al bono solidario para los que se lograron bachillerar este 2011, gracias a nuestro Gobierno cristiano, socialista y solidario encabezado por nuestro Presidente, comandante Daniel Ortega Saavedra”.

¿Se lograron bachillerar gracias al Gobierno? ¿Cómo así? ¿El Gobierno les dio inmerecidamente el título? Alguien se bachillera, por el contrario, gracias a su propio esfuerzo y disciplina en los estudios. Habría que evaluar, luego, la calidad del bachillerato y los hábitos de investigación y de estudio que se inculca a los bachilleres. Y esto último, sería producto de un esfuerzo social, del cual, muy poco mérito le correspondería al Gobierno. Y, en cambio, si cargaría este con la responsabilidad, si en nuestro país no se cumple con estándares internacionales en cuanto a calidad educativa y a retención escolar (si es que el presupuesto de la República es insuficiente o no estuviese ni correcta ni eficientemente administrado).

Para comprobar nuestra realidad en el ámbito educativo basta observar los indicadores educativos (estadísticos) de la Unesco de 2010, que determinan que el gasto por alumno en Secundaria es del  4.5% del PIB, en Nicaragua, cuando el promedio en América Latina es del 14%. Nicaragua guarda una relación de 28.6 alumnos por profesor, cuando la media latinoamericana es de 17.6 alumnos por profesor. La tasa de conclusión de educación Primaria, del 70%, es la más baja del continente (con Guatemala), cuya media es del 90%.

El más bajo desempeño en lectura, matemáticas y ciencias lo tiene el estudiante de Nicaragua (a la par del de Dominicana). La más alta inequidad del continente, en las condiciones de educación Primaria (entre la población urbana y rural, y entre los quintiles de familias de mayores y menores ingresos), la muestra Nicaragua (a la par de Guatemala). Nicaragua ha empeorado, incluso, en la equidad étnica (respecto a la población autóctona) en lo que concierne a las oportunidades de educación Primaria.

La matrícula en Secundaria es del 45.2% (mientras el promedio del continente es de 70.7 %), y de estos, la concluyen cerca del 38%, de modo que un buen porcentaje abandona los estudios, sin otra alternativa que emigrar como mano de obra sin calificación alguna (y con menos de 12 años de escolaridad). Nicaragua, con un Índice de Desarrollo Humano de 0.7 (índice moderno, que incorpora criterios integrales de bienestar, incluidos beneficios de salud y escolaridad) está con Guatemala y Haití en los últimos tres lugares de la región latinoamericana, tanto en IDH como en el PIB per cápita.

Nicaragua tiene 24% de población entre 5 y 14 años, lo que significa un altísimo porcentaje de la población que demanda estudios primarios y del primer ciclo de Secundaria (ello representa elevadas presiones presupuestarias, cuando, contradictoriamente se posee el más bajo PIB per cápita). Esto implica, que cada Córdoba debe utilizarse, aquí y ahora con la máxima eficacia para atender la demanda escolar.

El bono para los birretes y la toga de los bachilleres -¡una presunción ignorante!-, costó 55 millones de Córdobas al Mined, con lo cual, en cambio, se pudo haber adquirido 85 mil pupitres escolares; o se pudieron construir 600 aulas escolares prefabricadas; o se pudo cubrir el salario anual (aguinaldo incluido) de un mil seiscientos nuevos profesores titulados de Secundaria; o mejorar el salario de los maestros (que no tienen atractivos para cubrir el área rural): o para mejorar su formación profesional, y extenderla a un máximo de ocho años (para que puedan cubrir apropiadamente el segundo ciclo de Secundaria).

La toma de decisiones, cuando cada segundo la falta de competitividad agrava el esfuerzo necesario para el desarrollo del país, no puede ser el resultado inesperado de una cultura demagógica. Es un fiasco evidente, de la falta de política educativa, cuando el Mined concede 16.5 millones de córdobas para birretes y togas (!), y bajo la presión de los bachilleres, un día después debe sumar 38.5 millones adicionales para el mismo fin. La demagogia inculca en el pueblo la idea de demandar recursos al margen de la producción, y para fines poco útiles. La planificación profesional de los escasos recursos, de la forma más eficientemente posible se ha trastocado violentamente en el país por una cultura lumpen de saqueo compartido de los recursos nacionales, que enrumba hacia la anarquía.

Remata Evelyn: “Y razón por la cual –Daniel Ortega- fue ratificado en estas elecciones para un nuevo mandato por el 62.8% de la población”.

¿Por qué razón fue ratificado? ¿Por el bono solidario para los birretes…? ¿O por los que se lograron bachillerar este año 2011…? En ambos casos, es una razón muy mísera para ratificar a un presidente. Hay que carecer en absoluto de visión de país para ratificar por “razones” como estas a un presidente.

Concluye Evelyn, con una genuflexión: “Gracias a nuestro Gobierno cristiano, socialista y solidario encabezado por nuestro Presidente…”.  

Intelectualmente, “Gobierno cristiano, solidario, socialista” es un disparate, y una cháchara insustancial, al margen de cualquier ideología. Un partido puede ser cristiano, socialista, -con todas las contradicciones ideológicas que ello implica-, pero, el Gobierno no, y, menos, solidario. Hay una confusión Estado-partido en esa expresión. Un gobierno, en un régimen presidencialista como el nuestro, debe adelantar las líneas políticas correctas, de acuerdo a la coyuntura económica para propiciar el desarrollo de la capacidad productiva y disminuir la desigualdad (lo que nada tiene que ver con el cristianismo, ni con ninguna otra religión, tema que compete a una selección espiritual individual, y al vínculo idealista, más o menos sincero, de las acciones personales con premios y castigos individuales trascendentes, en el más allá). Ni la economía ni el presupuesto se determinan por criterios de solidaridad, sino por criterios sociales.

En otros términos, los trabajadores reclaman un cambio de sistema, donde no sea posible la explotación humana. No solidaridad. La solidaridad, cuando no es un sentimiento entre explotados que fortalece su organización y su determinación de lucha es un programa conceptualmente reaccionario que viene del poder inicuo, y que cambia la lucha organizada de los oprimidos por transformar la sociedad, por la simple filantropía que anuncia una reforma idealista del sistema basada en la conciliación entre las clases.

Cuando los trabajadores defienden –de verdad- sus intereses, exigen un programa técnico de planificación de la economía, sustentada, necesariamente, en el control de los bienes de producción. No de políticas de asistencialismo con los recursos de la nación, que el Gobierno utiliza de forma populista para fortalecer una clientela política partidaria. El precio social a pagar, por esta última disyuntiva burocrática es muy alto, en retroceso técnico y cultural.

* Ingeniero eléctrico