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El mundo globalizado se mueve y desarrolla dentro del contexto del irrespeto al orden jurídico internacional. Las potencias capitalistas-imperialistas, con USA y el Reino Unido a la cabeza, con Francia, como cola de furgón, han lanzado una ofensiva militarista-guerrerista contra muchos países del orbe que poseen recursos naturales o posiciones geo-estratégicas, irrespetando a las Naciones Unidas o en última instancia, haciendo del Consejo de Seguridad una marioneta que responde sus intereses mezquinos, prepotentes y arrogantes.

La guerra del golfo, la invasión a Afganistán, el genocidio y destrucción del Irak de Saddam Hussein, la matanza y carnicería contra Libia para eliminar del poder y posteriormente asesinar al líder libio Muhammar Kadaffi, solamente porque ellos lo deciden, son entre otros, los actos de barbarie que demuestran la incivilización, el cinismo y la hipocresía de los principales exponentes de la globalización.

Actualmente, las potencias imperialistas antes señaladas, junto con el aliado estratégico de USA en el Medio Oriente, Israel, están creando todas las condiciones, preparando el escenario para lanzar una ofensiva peligrosa y de impredecibles consecuencias, contra Irán. Paralelamente, mantienen la presión, chantajes y amenazas, desde hace 6 meses, contra el pueblo sirio.

La escalada de agresividad contra estos dos últimos países es producto de la debacle y estertores del capitalismo salvaje. La búsqueda y saqueo de los recursos naturales como el petróleo, agua potable así como la necesidad de posesionarse de puntos geopolíticos  estratégicos en el ajedrez mundial, constituyen objetivos irrenunciables de quienes, a pesar de ostentar tanta riqueza, están sometidos a una profunda crisis cíclica que amenaza su propia existencia.

La China de Mao y la Rusia de Putin cometieron un grave error en el Consejo de Seguridad de la ONU al no votar en contra de la agresión y carnicería de la OTAN contra Libia. Parece ser que su propia conciencia no les permite llevar a efecto la misma jugada contra Siria e Irán, países soberanos, libres e independientes a pesar de la traición del pueblo sirio de parte de la liga árabe, traidores sometidos a los dictámenes, directrices y objetivos de quienes están destruyendo nuestro planeta producto de su ambición desmedida e irracional.

Ambas potencias, China y Rusia, constituyen la esperanza de un mundo civilizado para evitar mayores hecatombes humanas de parte de las potencias mundiales que dicen llamarse  civilizadas. El mundo globalizado es muy peligroso, confuso, atemorizante. Debe cambiarse, no por las armas sino por la razón, la sensatez y la historia.

“Los indignados,” “tomemos Wall Street”, la lucha del pueblo griego, portugués, español e italiano contra las medidas y “paquetazos” neoliberales, constituyen nuevas señales, nuevos escenarios para cambiar este mundo. Fidel dijo una vez que un mundo mejor es posible, pero esta posibilidad puede ser concreta y objetiva a partir de la unidad y movilización de los pueblos del mundo.

Pero esta posibilidad debe ser concreta y objetiva a partir de la unidad y movilización de los pueblos del mundo.

Estas movilizaciones actuales de los excluidos del sistema, junto al combate que libran Siria, Irán y Egipto contra el imperialismo, las guerras y la imposición constituyen la luz del nuevo día. Rusia y China, con su posición contra la guerra en el Consejo de Seguridad de la ONU, así como su política diplomática dinámica, objetiva y constructivista son pilares fundamentales para frenar la mentalidad irracional y la locura guerrerista y militarista del inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama, de  Downing Street, Cameron  y el inefable Sarkozy.

Todos unidos, tomados de la mano, con la cabeza fría y el corazón ardiente, podemos cambiar las injustas relaciones de este sistema opresor y excluyente. El actual orden mundial debe cambiar. Las condiciones se están presentando. Hay que quitarse el miedo y combatir con las ideas, la razón y la historia.

carlosmcorea@yahoo.es