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La escalada de hechos que han sumado la crisis entre Nicaragua y Costa Rica a causa del estado fronterizo -y por la reciente sentencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya-, han irritado a los Gobiernos ticos. No han aceptado el Tratado Jerez-Cañas ni la reciente sentencia. Costa Rica siempre ha pretendido poseer parte de nuestro río y más.

El pueblo de Nicaragua y sus gobiernos no han incitado animadversión contra Costa Rica, a pesar de hechos históricos como la Guerra Nacional, que tuvo como consecuencia la anexión del extenso territorio  Nicoya a Costa Rica. Nicaragua siempre ha mantenido una actitud serena y pasiva.

Por esta conducta tica nuestro pueblo debe tener una actitud digna, porque no se puede ser atento y cordial con quien quiere agredirnos construyendo una extensa carretera a metros del caudal de nuestro río. Si al Gobierno de Costa Rica no le importan nuestras protestas y quejas, incita al pueblo de Nicaragua a tomar decisiones en repuesta a su boicot contra nuestro río, que es  nuestra belleza natural más espectacular.

Hace pocos días, de Navidad y Año Nuevo, entré a un supermercado de propietarios costarricenses y observé la indiferencia de la clientela que compraba febrilmente en el negocio de quien ahora nos lesiona y no me gustó.

Recordé esta crisis con Costa Rica y motivado por ello me retiré y fui a comprar lo que necesitaba a otro supermercado de propietarios nicaragüenses, personas muy estimadas y respetadas durante décadas en el negocio de la venta al detalle de productos de uso y consumo popular.

En la marcha hacia el otro supermercado me dije que si nos unimos para responder a la agresión de Costa Rica pues deberíamos comenzar por rehusar comprar nuestros productos de uso y consumo popular en los supermercados de propietarios costarricenses y hacerlo en los mercados y supermercados nicaragüenses. Es lo menos que podríamos hacer, para comenzar.

El pueblo nicaragüense sabe que  Costa Rica no ha sido un vecino cordial. Siento yo que les hemos dado problemas por nuestros asuntos políticos internos, que los han afectado.

Esta fobia no es nueva. Yo fui de vacaciones a Costa Rica por primera vez en 1959. Recuerdo que llevaba unos 300 córdobas, que me divertí en grande y que allá pagué con córdobas, los que eran aceptados en el comercio con avidez  y que aún regresé con dinero.  La fobia no era tanto. En 1977 si; ya se leían letreros en las paredes de las casas: “Fuera Nicas”. Tengo años de no ir. Me dicen que San José ya no es frío como antes. Las consecuencias de esta obra construida junto a nuestro río no solamente serán daños al eco sistema. Costa Rica va a hacer de esa carretera un corredor para turistas a quienes llevarán o traerán en vehículos rentados a ver la belleza del río. Luego construirán hoteles. Siento que han pensado que si no nos pueden quitar nuestro río, pues nos quitarán su turismo.

Nos dejarán la belleza del paisaje, pero se dejarán el turismo para ellos y un caudal de dólares.

Han tenido técnicas sutiles. Han sostenido diplomáticos ticos aquí cuya misión ha sido no solamente diplomática, sino embeberse de la litis.  Luego esos diplomáticos han sido agentes de Costa Rica en foros internacionales. El exembajador Edgard Ugalde es un ejemplo.

Comencemos a tener una conducta digna. Basta leer bien los envases de los productos que necesitamos y rehusarlos. Los supermercados nacionales podrán reemplazarlos por otros productos de países del área.
Y ojalá las cosas no lleguen a más.  

* El autor es Abogado y Notario.