• |
  • |

1. En Islandia quebró la banca en octubre 2008. En España el Banco Central ayuda a ocultar la bancarrota. Ha invertido decenas de miles de millones de Euros en recapitalizar la banca. Los dos “test de estrés” posteriores a la crisis 2007-8 han sido acomodaticios. No se conoce el grado descapitalización de la banca, ni el estado real de sus activos. No se conoce el monto de la burbuja inmobiliaria en los activos de la banca, ni el Banco de España los obliga a sacar al mercado esos activos “tóxicos”. La banca española cumple las recomendaciones de capital TIER de la autoridad de Basilea para los bancos centrales, pero admitirlo representaría otorgar un crédito que no merece la Celestina que preside el Banco de España. La banca española, en mayor grado que la mayoría de bancos de la Zona Euro, lleva más de doce meses entubada al Banco Central Europeo y, prácticamente, marginada del mercado interbancario por falta de fiabilidad.

2. El monto de la burbuja de crédito en Islandia, en 2008, era proporcionalmente muy superior a la española respecto del PIB. Pero a medida que España ha comenzado a pagar deuda con más deuda, el monto absoluto de la deuda española está creciendo; lo que, en un contexto de recesión económica y caída del ingreso fiscal, representa que la proporción de la deuda por relación al PIB español tiende a aumentar en términos relativos. Luego, España tiende en el futuro inmediato a una situación más parecida a la de Islandia en 2008.

3. Otra gran diferencia es que la deuda externa de Islandia estaba en divisa extranjera, mientras que gran parte la deuda externa española ha sido adquirida en Euros. Esto da la apariencia de estabilidad de la deuda externa española, pero solamente mientras se mantenga en la Zona Euro. En cambio, Islandia depreció su moneda hasta un 50%, lo que multiplicó la carga de la deuda externa en Coronas Islandesas, agravada por una inflación de dos dígitos. La disciplina de estabilidad monetaria que impone el Banco Central Europeo junto a la política alemana del Euro, mantiene baja la inflación en España y con tendencia a la deflación, lo que hace una gran diferencia con la inflación islandesa. Pareciera que la situación de España se escapa de la islandesa, de momento, pero todo esto es un espejismo; pues, a largo plazo, la interpretación de estos datos se invierte al tener en cuenta que el Euro español (cambio fijo de 166.386 Pesetas, tal como aparece en los extractos bancarios), referido a la oferta de bienes y servicios de la economía española por relación a la productividad, está sobrevalorado respecto del Euro alemán (cambio fijo de 1.95583 Deutsche Mark).

Esta anomalía se debe a que en España operan dos economías, una economía financiera a la que conviene una moneda fuerte para la conservación del valor de los saldos bancarios (por la aplicación del ajuste estructural fondomonetarista desde 1983), y una economía social o “economía real” deprimida por la imposibilidad de devaluar su moneda para incrementar la demanda. Como la deuda externa islandesa en divisa extranjera, el valor de la moneda Euro de la deuda externa española depende de la economía alemana o centroeuropea; lo que equipara la situación de España con la de Islandia, bajo un aspecto, pero lo agrava por cuanto España no puede por el momento devaluar el cambio fijo del Euro con la Peseta. Cuando se vuelva al equivalente del Sistema Monetario Europeo con el Ecu, la devaluación de la moneda española será comparable a la islandesa; y para entonces, el monto proporcional de la deuda externa en divisa extranjera también será similar.

4. Esto significaría que la crisis bancaria en Islandia y España son comparables, pero tienen dos tiempos diferentes. Todavía están por llegar los efectos más duros de la próxima Gran Depresión sobre los trabajadores españoles; sobre la familia del español que depende de un salario, cuyo único medio de vida consiste en poder vender su disposición al trabajo por horas. Esta es la regla que iguala a la mayoría social, los que podrían organizarse en una democracia popular. Pero existe una minoría de esa mayoría, la minoritaria clase media, los empleados y funcionarios, incluidos una policía represora y un ejército de periodistas manipuladores de la información, que sirven de intermediarios para el sometimiento de la mayoría (clase baja). Por lo tanto, la salida española de la crisis puede tender hacia:

a) la continuidad del ajuste estructural de las pasadas tres décadas, para mantener dentro de la Zona del Euro alemán a la banca española que gestiona la inversión de la banca extranjera con el sacrificio de la vida del pueblo, después de la orgía de crédito suministrado para consumir sus exportaciones;
b) un consenso político para la salida del Euro y volver al punto anterior al inicio del ajuste estructural de 1983, nacionalización de la banca y de la industria estratégica; en contra del sistema financiero español vinculado a la inversión financiera extranjera. Algo solamente posible bajo un liderazgo populista inter-clasicista.

Ambas tendencias ya existen en el sistema financiero y en los partidos, pero no son viables. En los partidos políticos, el Poder Judicial y la Conferencia Episcopal todavía se conservan características organizativas del Movimiento Nacional; más el sector de acumulación de capital nacional en la banca española y cajas de ahorro, incluidos sus medios de prensa (prácticamente, financian a toda la prensa y sus plumíferos junto a sus partidos políticos). Los banqueros todavía conservan la estructura y funciones del sindicato vertical franquista. No descuidar que el socialcristianismo de Falange se hace visible con el liderazgo que tiene la organización vaticana de Justicia y Paz en el Movimiento 15M (“La Comisión General de Justicia y Paz de España es un organismo eclesial creado por la Conferencia Episcopal” se lee en http://www.juspax-es.org/). Pero, cualquier resurgimiento del populismo socialcristiano, se enfrentaría a la posibilidad real del colapso de lo que va quedando de restos insostenibles del Estado español; ya que el maridaje indisoluble de tres décadas de los aparatos del Estado Español con la banca extranjera lo han reducido a un “Estado mínimo” con el pretexto de las transferencias autonómicas.