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Las chatarreras en Managua se han convertido en una Mafia. Desde que proliferaron las chatarreras en la ciudad se han manifestado robos de bienes públicos a las empresas que brindan servicios como la alcaldía, Enacal, Enitel, Unión Fenosa, etc. Robos de cables de teléfono y de luz, de manjoles; ni las señales de tránsito se salvan, y los culpables han quedado en la total impunidad.

Los problemas que se generan por esta actividad han sido reiterados por diferentes autoridades. Podríamos traer a colación un par de declaraciones, como la del  doctor José Medina, Director de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud, Minsa, en el año 2008, en una entrevista realizada por El Nuevo Diario; expresaba que las chatarreras representan “negocios enormes que además de (ser) una amenaza de epidemias de dengue y malaria, rayan en el ilícito”. “He visto trozos de antenas (de empresas telefónicas), de puentes peatonales, tapas de manjoles, es un negocio enorme”.

De la misma forma representantes de la Policía, en declaraciones brindadas a Nery García de El Nuevo Diario en el 2008, ha advertido que “los dueños de chatarreras que compran material o equipos utilizados por las empresas prestatarias de servicios públicos, serán tenidos como “topes” o receptores de objetos robados”.

Los costos que asume la ciudadanía son altos: delincuencia, epidemias, problemas ambientales. Sin embargo, se podría alegar que esta actividad es un trabajo informal para familias marginadas del mercado laboral, pero cuando se nota el crecimiento del sector (según la agencia de noticias AFP, en el primer semestre del 2008 uno de los productos nicaragüenses con más acogida en el mercado internacional fueron el hierro y metales conocidos como “chatarras”) vemos que los chatarreros se han convertido en grandes empresarios con poder suficiente para evitar que se controle su actividad y ser trasladados a lugares alejados de la población,.

Por eso he titulado este artículo como “la impunidad de las chatarreras”, porque los daños que rayan en ilícito no son asumidos por los culpables. Además, los daños ambientales son enormes. Por ejemplo, queman cobre, destruyen baterías y vierten el ácido a las calles (de lo cual he sido testigo directa); esto provoca daños irreversibles a la salud y al ambiente.

Por todo lo anterior considero necesario que la chatarreras se ubiquen en lugares adecuados, donde no se afecte a la población.

No hay que olvidar que las chatarreras se han convertido en grandes negocios que no asumen los costos de su actividad; quienes asumimos los daños y consecuencias somos todos, la población en general.