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La historia de nuestro país ha estado marcada por la violencia. Los bandoleros que aparecieron de la península Ibérica, después del descubrimiento de Colón, sometieron a sangre y fuego a nuestros aborígenes. A través del terror, la muerte, la tortura, la esclavitud y la encomienda diezmaron a la población. Atentaron salvajemente contra nuestra cultura; nuestra cosmogonía, idioma, imponiéndonos con la espada y la lanza, en la mano derecha y la cruz y el crucifijo, en la izquierda, un Dios desconocido, colérico, vengativo. A pesar de la resistencia indígena, los conquistadores saquearon, expoliaron inmisericordia a nuestro país.

Los herederos de la corona española devienen en ostentadores del poder político y económico. Timbucos y calandracas utilizan la herencia colonial para continuar la dominación sobre los ciudadanos, enviándoles, periódicamente, a la muerte por las guerras llevadas a cabo. La oligarquía libero – conservadora, utilizó la represión y la violencia no sólo contra los sectores populares, sino entre ellos mismos, para solucionar los conflictos.

El diálogo no estuvo presente en su conducta política e ideológica. Guerras fratricidas, intervenciones extranjeras (USA) golpes de Estado, asesinatos, traición a los intereses de la patria, enriquecimiento ilícito, pobreza, exclusión, dio como resultado, una sociedad violenta, con anti-valores y deformaciones ético – morales.

La Revolución Popular Sandinista inició la transición de la dictadura a la democracia; de la cultura de la violencia, a la cultura de la paz, el diálogo y la tolerancia. La mayor expresión fue la entrega del mando en 1990. Una organización político - militar que utilizó como último recurso la violencia, expresado en la lucha armada, para derrocar a la dinastía opresora, facilita la transición a la democracia sin levantamientos o golpes de Estado. Prevaleció el respeto a la decisión soberana del pueblo.

Los gobiernos de turno posterior a 1990, no avanzaron en la forja de la democracia. Legislaron para los privilegios de su propia clase social, desmantelando las conquistas revolucionarias y fomentando el enriquecimiento ilícito.

A partir del 2007, Nicaragua retoma la senda de la democracia. La democracia participativa no es un slogan. El modelo cristiano, socialista y solidario, constituye un paso adelante en la búsqueda de la unidad y reconciliación de la familia nicaragüense. Se necesita un cambio de mentalidad para liberarnos de los apetitos egoístas, la vanidad, la soberbia, la ira, la envidia, la pereza. Se necesita una nueva estructura mental para combatir y erradicar la violencia social en todos los niveles. Nada mejor que combatir estos anti-valores, considerando elementos esenciales de la filosofía cristiana.

Lo anterior no significa el dogmatismo y maniqueísmo de los jerarcas de la iglesia católica, tanto mundial como nacional. Los principios cristianos conllevan a la práctica de la solidaridad, el amor al prójimo, la atención a los marginados, excluidos y explotados. Ambos componentes, cristianismo y solidaridad, son necesarios y fundamentales para la práctica socialista.

En las circunstancias actuales, el año 2012 constituye una fecha para profundizar la democracia participativa. La Asamblea Nacional deberá promover leyes que tengan raíces populares. Es decir, que, en grandes asambleas, deben consultarle al pueblo sobre elementos esenciales de la ley que se esté formulando. En grandes asambleas, el presidente y sus ministros, frente al pueblo para debatir el avance del modelo, el combate a la burocracia, el fomento a la crítica y autocrítica; la relación estrecha entre pueblo y gobernantes.

Ambas experiencias se llevaron a cabo en los años 80, siendo la guerra intervencionista el principal obstáculo para llevar adelante el modelo de democracia participativa. Hay condiciones objetivas para impulsar el modelo.

Fortalecer el espacio para que los concejos del poder ciudadano se empoderen de la dinámica económico–social, es una necesidad insoslayable para avanzar en el modelo democrático participativo y popular.

Los defensores de las clases pudientes, los agoreros que tienen una concepción maniquea de las cosas; quienes profetizan tozudamente el caos, la guerra, la anarquía y demás epítetos, además de las ofensas personales y la crítica destructiva, personalizada, continuarán sus ataques, como ideólogos que son de la explotación y el subdesarrollo económico, mental y cultural. Por lo tanto, continuarán con la ridiculez de ver la formación en ciernes, y en la práctica, de la dictadura institucional ¿Tan pequeña es su visión de las cosas producto de sus intereses clasistas y de dominación?

Este segundo periodo, es la oportunidad que brinda el pueblo al FSLN para fortalecer un modelo de sociedad revolucionario, democrática – popular, inclusivo, tolerante que tenga, como referencia el bienestar humano por encima de los intereses materiales – capitalistas.

carlosmcorea@yahoo.es