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No soy escritor pero me gusta escribir; no soy filósofo pero me gusta pensar. Esta postalita es en reacción a ¿Ciencia vs. Religión?, de Pedro Cuadra Morales (El Nuevo Diario 4/1/12) y Filosofía, Ciencia y Religión , de Fernando Bárcenas (END 9/1/12). A estos titulares yo agrego un cuarto elemento: Fe, como en el título de esta postalita.

No trato de polemizar sino que reacciono en voz alta y escrita, aprovechando que aún estoy de vagaciones de Navidad y Año Nuevo. Me gustó mucho el artículo de Cuadra. (Nos cruzamos correos en este sentido, antes del artículo de Bárcenas, que también me gustó). Sin embargo, sin  permiso de ambos, hago las siguientes observaciones:
A Cuadra: No se trata de un “vs.” entre Ciencia y Religión. Ni de adherirnos incondicionalmente a la ciencia, sino de aceptar que ambas, lejos de ser antagónicas, (la Santa Inquisición es historia antigua), son complementarias. Últimamente los médicos, proclives a la incredulidad en Dios y aludidos por Cuadra, aceptan que sus pacientes oren por su dolencia.

Un paciente orando con fervor y en manos de un buen médico, puede producir milagros “saluticios”. Los milagros no se agotaron con la iglesia primitiva, se siguen produciendo hoy en día.

La religión no es sinónimo de ignorancia ni oscurantismo, ni anestesia de los pueblos. Nuestra religión cristiana, por ejemplo, ya hablaba de que la tierra era redonda, cuando otras culturas religiosas decían que la tierra era cuadrada o que era sostenida por un elefante (sin explicar en qué descansaban las patas del paquidermo). El profeta Isaías, hace casi tres mil años, dijo: “Él (Dios) está sentado sobre el círculo de la tierra” (Isaías 40:22)
Aunque la Biblia no es un libro científico, sin embargo, describe el proceso creador del universo conocido, coincidiendo con los científicos, de la siguiente forma: primero un reino mineral, luego un reino vegetal, y finalmente un reino animal en el que el hombre y la mujer (zoon politikon), somos  coronas de esa creación. Ahora, que hombres y mujeres estemos destruyendo este mundo, ya son otros cien pesos.

A Bárcenas: Rechazar “razones de índole prácticas para resolver un debate que corresponde al terreno del pensamiento filosófico”, razones esgrimidas por Cuadra, me causa preocupación, pues para decir Bárcenas que “lo filosófico” está divorciado de razones prácticas, es como si la filosofía fuera una abstracción tan pura a la que habría que decirle bájate de esa nube y ven a la realidad”. O como si filosofía fuera un ejercicio intelectual tan exclusivo, reservado VIP con derecho a acceso sólo para elites pensantes.

Alejandro Serrano Caldera es filósofo, exrector universitario, exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, analista político,  y acaba de publicar su tercer tomo de “Obras filosóficas”. En las 617 páginas del libro analiza el Pensamiento, la Política y la Cultura nicaragüenses con reflexión  -o sea filosofando- pero también con aterrizaje “práctico” a nuestras realidades “nicasianas”. De la misma manera Jostein Gaarder publicó “El mundo de Sofía”, con el subtítulo de “Novela sobre la historia de la filosofía” (Ediciones Siruela, 1999).

Gaarder va en forma práctica y sencilla –no sólo para los iniciados- desde Parménides y su famosa tesis: “nada puede surgir de la nada”, hasta Sartre y su frase angustiosa: “el hombre está condenado a ser libre”.

Otra afirmación de Bárcenas, que también me preocupa, refiriéndose a Cuadra, es esta: “sobre el origen de la materia, por supuesto, no se pronuncia la ciencia”.  Yo creo que la ciencia se pronuncia sobre la materia. Tan es así que ahora conocemos la Física Quántica o “mecánica ondulatoria”, que es la rama de la física que estudia, dicho en palabras sencillas, el comportamiento de la materia microscópica, y que surge para tratar de resolver los problemas de la materia que no se pueden solucionar por medio de la física clásica. Su aplicación práctica es en la nanotecnología (Steve Jobs y su Apple le sacaron el jugo billonario), la cirugía laser, la tomografía, los microchips, etc.

Para Cuadra y Bárcenas:
El elemento de la Fe es vital para comprender la religión. Por lo menos la religión que profesamos los cristianos, aunque algunos nos satanicen como “providencialistas”. Sin Fe estaríamos fritos y angustiados por el “más allá”. La carta a los Hebreos lo explica en forma lacónica pero comprensible: “Es, pues, la Fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hebreos 11:1).

norbhz@ibw.com.ni

* El autor es ex rector y fundador de la Univesidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).