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Históricamente, el centro de estudio (la escuela, la universidad, el instituto de investigación, etc.) y la actividad docente, han propiciado los grandes avances en las ciencias y las tecnologías. El factor desencadenante de este proceso ha sido el acceso, el intercambio, el estudio y el uso de la información generada en diversos procesos de enseñanza – aprendizaje, que una vez desarrollados y sistematizados son susceptibles de aplicarse en la creación de nuevos instrumentos (científicos - técnicos) para transformar las condiciones de una realidad que necesita mejorar.     

La sociedad actual y las relaciones entre los diferentes sectores que la integran se rigen por la gran cantidad de información que se genera y se recibe a través de los medios de comunicación modernos. Sin embargo, el simple acceso a los mismos medios de comunicación y a la información no garantiza que los individuos y colectivos de los diferentes sectores se apropien, verdaderamente, de los instrumentos que les permita incidir en los procesos de transformación, cada vez más vertiginosos de la ciencia, la tecnología, la economía y la política.

Lo que determinará las ventajas o desventajas con las que el sujeto y los colectivos  modernos acometerán los retos que le impone la sociedad informacional en la que se debaten, será la capacidad que desarrollen para  procesar (recopilar, seleccionar, ordenar, analizar y aplicar) la información que generan o reciben.

En nuestros centros educativos secundarios, si nos atenemos a los resultados muy limitados en cuanto a la calidad con que egresan nuestros jóvenes, y al pobre desempeño en la  generación de ideas innovadoras, pareciera que la labor del docente y  la actividad de los estudiantes se desarrollan al margen del avance de las ciencias y de la propia realidad nacional.

Por ejemplo, en un instituto de secundaria se invierten recursos y tiempo en la renovación, reparación y preparación de la banda escolar para que se luzca en los desfiles, y no en el acondicionamiento de la biblioteca o en un salón de lectura donde nuestros jóvenes desarrollen un hábito perdido hace mucho tiempo; no se conoce un centro donde la iniciativa de la comunidad educativa gestione por decir algo, un sencillo telescopio que motive a los jóvenes a conocer el universo y adentrarlos en el campo de la astronomía.

La tecnología informática en nuestros centros (los que tienen) es accesoria, superficial, ya se ha dicho; se limita a copiar y pegar información que después se presenta como investigación para alcanzar un puntaje en la materia. Independientemente de las limitaciones físicas y tecnológicas en las escuelas, no sería atrevido establecer que la principal causa de los problemas de la calidad de la educación en nuestro país, es la poca información que se procesa en nuestros centros de enseñanza.

Nuestra actividad se desarrolla en una realidad donde, teniendo la información al alcance, no se lee, no se escribe, no se debate sobre los acontecimientos vinculados al avance de las ciencias y de la historia; se malgastan enormes recursos y esfuerzos en actividades y acciones tradicionales ya desfasadas, como los concursos de matemáticas donde los estudiantes se preparan para resolver un examen elaborado por “especialistas” que luego van a decidir quién sabe y quién no sabe, cuando lo pertinente sería que los estudiantes aplicaran lo que aprendieron a través de verdaderos proyectos o  investigaciones que sean evaluados con rigor académico y científico.

La globalización capitalista nos hace competir, nadie nos va a esperar, las limitaciones son muchas: recursos limitados y mal distribuidos, desaliento provocado por resbalar en la misma cáscara, desorientación por la falta de claridad de los resultados que esperamos obtener, maestros con salarios todavía muy bajos, directores y escuelas tradicionales. El reto del desarrollo es convertir  nuestras debilidades en fortalezas; eso será posible cuando tengamos escuelas dinámicas en su aprendizaje e innovadoras en la construcción de los procesos educativos; maestros actualizados que ejerzan su liderazgo afectivo y efectivo en la conducción del proceso de enseñanza – aprendizaje, directores flexibles y creativos en sus acciones; instituciones racionales en cuanto a la administración y asignación  de los recursos; estudiantes comprometidos y motivados en la esperanza de ser sujetos de desarrollo.  

* El autor es profesor de educación media.
julioofb@yahoo.es