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Si el 19 de julio de 1979, el pueblo de Nicaragua, vanguardizado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), sepultó para siempre a la tiranía somocista,  este 10 de enero de 2012, marcado por el inicio de un segundo período del presidente Ortega, significa el funeral de la oligarquía blancoide.

En 1979, el FSLN negoció con la guardia somocista y el enviado de Carter, William Bowdler, una transición en la cual Somoza renunciaría, su hijo y su hermano abandonarían el país, la G.N. se rendiría, el congreso nombraría un presidente transicional, quien entregaría el poder a Monseñor Obando y este lo traspasaría al nuevo gobierno sandinista.

Somoza y los somocistas, solitos se enterraron el puñal. Somoza renunció y huyó del país como alma que se lleva el diablo. El congreso somocista conocido como “la chanchera”, nombró a Francisco Urcuyo Maliaños como nuevo presidente.

Al verse Urcuyo Maliaños con la banda presidencial terciada en el pecho, se le subieron los humos a la cabeza y en vez de entregar la banda a Monseñor Obando, estando todo el país en poder de las columnas del FSLN, comete el error de pedirle a la triunfante guerrilla que estaba a las puertas de Managua, que se rindiera.

Cualquier semejanza con la bancadita opositora que siendo minoría llegó a la Asamblea, exigiendo, “o todo o nada” listos hasta con mantas para dar el golpe mediático de su fantasía política, no es ninguna casualidad, es simplemente la continuación histórica de una conducta que probó ser suicida y condenada al fracaso.

El no cumplimiento de parte del somocismo con lo pactado entre el FSLN, la G.N. y el enviado de la Casa Blanca, fue el último error estratégico del plan de Washington de impedir una victoria sandinista, e imponer un “somocismo sin Somoza.”

Somoza y su pandilla echaron a perder el plan de los yanquis. Enfurecida la Casa Blanca ordenó la expulsión de Somoza de Estados Unidos, a quien habían concedido ya asilo político, como parte del acuerdo pactado con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Según el sociólogo Orlando Núñez Soto, la oligarquía se unió al FSLN para derrocar al somocismo. Posteriormente se unió a “la Contra” para intentar derrocar a la Revolución. Aunque contras y oligarquía obtuvieron una victoria temporal que les duró 17 años, ese “remanso” antidemocrático, sirvió para que la oligarquía, autodenominada “sectores democráticos”, cavara su propia tumba.

Gobernando sin guerras, sin bloqueos, sin sabotajes a la producción, sin minado a los puertos, sin voladura de puentes, sin vuelos supersónicos del avión espía SR-71 (apodado por el pueblo “el pájaro negro”), sin ataques con lanchas pirañas de la CIA, con toda la generosidad de la comunidad mundial y la banca internacional, luego que prometieron el cielo y la tierra, los auto-llamados “sectores democráticos” jinetearon el macho por 17 años y fracasaron.

Sacando fuerzas de donde no hay, tragándose su propio orgullo y toda la escandalosa campaña de calumnias contra el Consejo Supremo Electoral, los auto-llamados “oposición democrática” se presentaron en el hemiciclo de la Asamblea Nacional, primero a garantizarse el emplantillamiento laboral de sus cheques y listos a armar su primer escándalo.


Calcularon mal y quedaron totalmente fuera de la Junta Directiva y sus odiados “compañeros” del PLC, mas experimentados en política, o sea, en “el arte de lo posible”, aprovecharon y resultaron electos a la junta directiva, pese a ser solo dos aves solitarias, mientras que la bancadita democrática son 26.

Esta oposición no solo se encuentra atrapada por la historia, sino que contempla con horror que ha quedado reducida a su mínima expresión, camino a la irrelevancia total, exactamente como le sucedió a la guardia somocista.


Mientras esta inepta y arrogante oligarquía opositora, inicia la etapa terminal de su dolorosa agonía política, el pueblo presidente, los obreros, los empresarios, los campesinos, las mujeres, los jóvenes, vanguardizados por el FSLN y el presidente Ortega, se preparan para el despegue económico, social y político de la nueva Nicaragua.

Durante su discurso inaugural con motivo de la toma de posesión, el presidente Ortega hizo alusión a que este era un segundo 19 de Julio. Muchos nicaragüenses, entonces casi adolescentes, aun recordamos aquel primer 19 de Julio, el momento más glorioso de nuestra historia.

Hoy vemos, “en tiempo real”, que ya están aquí “las generaciones venideras de la Nicaragua libre y luminosa”. Ya estamos en el futuro, a partir de esta segunda presidencia. Vivámoslo en toda su intensidad.