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El año pasado los partidos de oposición tomaron la extraña decisión de no hacer nada, considerando que trabajar en la Asamblea Nacional para elegir a 35 funcionarios con períodos vencidos o consensuar y aprobar las leyes sociales y económicas necesarias para el país, era convertirse en “pactista” y “zancudo”, calificativos que implican respaldar al gobierno a cambio de prebendas; y para no ser calificados así algunos políticos se han abstenido de hacer lo que deberían hacer, que es precisamente pactar.

En el Congreso de Estados Unidos, en el Parlamento de la India, en Brasil, en México, en Francia o España eso es lo que hacen los partidos políticos y gobiernos: pactar. Es la forma civilizada de gobernar un país. Por eso debemos perder el miedo a esa palabra: pacto; palabra noble que significa acuerdo, convenio, arreglo, compromiso… necesarios para gobernar en concertación la mayoría con la minoría.

Los partidos opositores antes quisieron paralizar la nación y no “pactar” nombrando a los funcionarios cuyos períodos se vencían. En los acuerdos tomados en el Hotel Metrocentro se comprometieron a no consensuar nada con los sandinistas acusándolos de actuar ilegítimamente; quienes lo hicieran serían estigmatizados como “zancudos” y “pactistas”. Los diputados y políticos opositores pasaron un año sin hacer nada (solo cobrando el sueldo), pero al final fueron a unas elecciones legitimando todo lo que dijeron que era ilegítimo.

Cometieron muchos errores. Se dedicaron a devorarse entre sí y a enviarle a los votantes un mensaje que decía en síntesis: “no tenemos ni idea de cómo vamos a gobernar Nicaragua, solo garantizamos ser honestos y no violar la Constitución como los sandinistas”. ¡Con tales errores es comprensible y natural que perdieran las elecciones! Hoy, siguen el mismo camino de la inercia.

Pero no es conveniente para ninguna nación dejar todo solo en manos del gobierno. A falta de partidos que lo hicieran, el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) optó por dialogar y consensuar las leyes y las grandes decisiones para el país durante el período anterior de Daniel Ortega; y lo hizo con éxito. Las negociaciones entre el gobierno, el COSEP y el sector laboral produjeron estabilidad política y social y un buen desarrollo económico. Como han dicho los funcionarios del COSEP, hoy Nicaragua porcentualmente es el país de Centroamérica  que va mejor, exporta más, crece más, disminuye más la pobreza, progresa más y tiene la economía más sólida.

Apenas ha empezado el nuevo período de Daniel Ortega y ya el COSEP ha resuelto en diálogo con el gobierno y el sector laboral dos amenazas: el aumento de la energía eléctrica y el aumento del precio de la leche. ¿Y los partidos de oposición…? ¡El PLI ausente, discutiendo minucias y amenazando con su nueva estrategia: “que si no me dan todo lo que pida… me levanto y me voy a… no-sé-dónde”. El PLC, al menos, ha aprovechado los espacios dejados por el PLI.  

Tienen razón los empresarios del COSEP de suplir el vacío dejado por una oposición inoperante. No es –como por desconocimiento dicen algunos- que defienden su capital únicamente. El COSEP representa 18 cámaras e instituciones que abarcan casi todas las actividades productivas y fuentes de empleo de este país. Por ejemplo, si no defienden a las industrias y colapsara ese sector, tendríamos millares de nicaragüenses en las calles sin empleo, no solo empleados de cada industria sino de la cadena de actividades que va desde la obtención de la materia prima hasta el producto terminado y la comercialización.

Si fracasara un banco, no afectaría solo a los dueños sino a miles de depositantes. Si flaqueara el turismo, hay una cadena de actividades económicas vinculadas que serían gravemente perjudicadas. La construcción mueve mucho la economía. ¡Pero los políticos de oposición no están interesados en eso! Al contrario, a veces parece que desearan el fracaso, el colapso, el derrumbe de la economía, el caos para que se derrumbe el gobierno sandinista. ¿Será sensato que para derrumbar a los sandinistas debamos derrumbar Nicaragua?

Los partidos -para no parecer “pactistas”- se convierten en “inertes”. Pero los que más señalan de pactistas a otros son grandes aspirantes a los 35 cargos pendientes, cobijados bajo el manto de organizaciones de la llamada “sociedad civil”, con aureola de impecables y honestos, no contaminados, ciudadanos ejemplares, puros, sin compromisos políticos. ¡Como si existiera alguien sin inclinaciones políticas o sin una historia política en este país aunque pertenezca a los ONGs de la “sociedad civil”!

http://www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

* El autor es escritor nicaragüense.