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A la luz de los cambios socioeconómicos, políticos y de concienciación impulsados por el FSLN en nuestro país,  bajo la conducción del Comandante-Presidente Daniel Ortega  y la Poeta Rosario Murillo, en los cinco años del período de gobierno que recién han finalizado se puede augurar para este nuevo período  el advenimiento de una era sólida que tendrá como objetivo afianzar, puntualizar, fijar dichas transformaciones. Sobre esta base podemos afirmar que este primer período fue una especie de transición: momento en el que se sentaron las bases  para la evolución que exigen los tiempos actuales y con ello  re-pensar los viejos conceptos y sus aplicaciones.

En otros términos, este primer período estuvo signado por  procesos de cambio en el que la Revolución se transformó en un freno al abismo y al colapso en el que el neo-liberalismo había sumido a Nicaragua. Fue una Revolución para sacar al país del despeñadero, para sacar a flote no sólo la economía y con esto zanjar el drama social del abandono del  campo, el desamparo de la juventud, y por lo tanto enderezar de una vez por todas la desigual re-distribución de la riqueza por ejemplo, fue para transformar las elecciones individuales en acciones colectivas, como elemento  vital en las actividades humanas/ciudadanas.

En este sentido los cambios que ha promovido el FSLN están vinculados no sólo a la restitución de derechos a la ciudadanía de forma  general, sino al fomento de nuevos derechos tales como el derecho de la madre tierra, derecho a la energía, derecho a la  diversidad, derecho al agua, sólo para mencionar algunos. Ahí radica el centro de la transformación en la sociedad nicaragüense. El FSLN ha venido creando mecanismos y procedimientos sociales  que han hecho posible  rescatar la comunidad, así como las iniciativas tanto sociales como económicas de todos los sectores y actores en nuestro país.

Este segundo período consideramos será el de los actos definitorios: una nueva Democracia, un nuevo Estado, una nueva sociedad, una nueva forma de entender los eventos políticos-sociales, que ya tienen su antecedente en los cinco años transcurridos. No es gratuito que los dirigentes del proceso, Comandante-Presidente Daniel Ortega y Poeta Rosario Murillo, expresen constantemente que se continuará con los programas y políticas públicas echadas a andar en estos cinco años, no obstante, mejoradas, ampliadas, y con esto afirman que se afianzarán, se profundizarán las estrategias socioeconómicas  que tantos beneficios han conseguido en la realidad de la ciudadanía.

La esencia de estos cambios no es más que la expansión de la conciencia sociopolítica del pueblo, así como la movilización de nuevos sujetos surgidos del seno del mismo. Como es lógico, esto trae consigo nuevas narrativas, nuevos lenguajes, nuevos sueños, nuevos imaginarios, nuevas formas de organización y por lo tanto nuevos actores y prácticas.

A través de estos eventos se han venido labrando las transformaciones del modelo de desarrollo y de la arquitectura política heredados por el neoliberalismo y se ha originado   un movimiento que responde a las nuevas complejidades en Nicaragua y Nuestra América. Es posible entonces efectuar un balance altamente  positivo de las realizaciones del gobierno sandinista en lo que implica a la consolidación democrática  y por lo tanto a la re-activación y, podríamos decir, re-fundación del Estado. Esto ha significado restitución de derechos a la ciudadanía, atención a sectores marginados, impulso y diversificación de los mercados, ingreso a la cadena de producción de sectores que antes estaban  fuera del sistema, lo que  a su vez  ha marcado el paso de la apertura y la reconversión social y económica, mediante nuevas monturas de regulación del mercado y el apoyo a un tipo de economía solidaria, de comunidad, y generada por los pequeños y medianos propietarios-productores.

Asistimos entonces  a un  proceso de cambio nunca antes visto en nuestro país. Asistimos a un cambio de época, para utilizar los términos de Darcy Ribeiro, a un cambio civilizacional, en el que los patrones autodestructivos, extractivistas y excluyentes defendidos por el capitalismo y su correlato neoliberal, han sido superados.

Asistimos a un momento inédito en el que el pueblo de  Nicaragua se piensa a sí mismo y delinea su presente y futuro bajo nuevos parámetros. Esto es posible observarlo en el  enfoque de refundación sustentados en torno al  Buen Vivir y el Bien Común. El FSLN y su dirigencia, junto al pueblo, son el instrumento que afianza en nuestro país una época en la que se han irrigado de forma positiva otras maneras de ser verdaderamente democráticos, revolucionarios/evolucionarios, diría el mismo Ribeyro.

* El autor es escritor, miembro del FSLN.