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En los últimos años han anunciado el retiro de su cooperación bilateral Suecia, Inglaterra, Dinamarca, Noruega y Holanda. Alemania ha anunciado que reducirá drásticamente su cooperación. Otros países están discutiendo el retiro de su cooperación del país.

Existen dos razones básicas para este retiro. La primera razón reside en el hecho de que, ante la crisis presupuestaria que padecen, los países europeos han decidido acelerar el proceso de disminución del monto global de su asistencia, y de reorientación de la misma hacia los países más pobres del planeta.

De acuerdo con su ingreso per cápita, Nicaragua ya no es parte de los países más pobres del planeta, desde el año 2006, cuando superó el umbral, arbitrariamente establecido, de US$ 975 per cápita. Sin embargo, Nicaragua sigue siendo el segundo país mas pobre de América Latina después de Haití, y su ingreso per cápita todavía es apenas un 14% superior a dicho umbral. El servicio de la deuda publica todavía representa una carga altamente desequilibrante para nuestro presupuesto, y se elevará más en la medida en que, al perder su condición de país de ingresos bajos, se reduzca la concesionalidad de los préstamos que recibe.

La segunda razón, tal como lo ha manifestado la embajadora de Alemania, es la percepción de que en Nicaragua se ha deteriorado la democracia y el respeto al marco legal y de los derechos humanos. Esta percepción tiene sustento en la realidad nicaragüense.

Esta situación podría agravarse después de las elecciones que falsearon la voluntad popular, y cuyo resultado ha sido la concentración absoluta e irrestricta de todos los poderes e instituciones en manos del partido gobernante, sin ningún contrapeso. Esto se ve agravado por el menosprecio al principio de legalidad que constituye la última línea de defensa de los ciudadanos frente a los abusos de poder de los gobernantes.

Cuando los niveles de concentración de poder y la arbitrariedad en su uso, sin respetar los límites establecidos por la Constitución y las leyes, alcanzan los niveles que han alcanzado en Nicaragua, los ciudadanos y ciudadanas quedan en estado de indefensión, ante la ausencia de mecanismos institucionales a los cuales recurrir. Quedan así totalmente expuestos a la discrecionalidad y el abuso de poder de los gobernantes.

Es difícil saber cuánto ha pesado cada factor en la decisión de cada país en particular, de retirar o disminuir su cooperación hacia Nicaragua, pero ciertamente ambos factores se han combinado para acelerar la reducción de la cooperación bilateral europea.

Es difícil afirmar que Nicaragua depende de la cooperación europea. Ciertamente la cooperación europea ha hecho valiosos aportes al desarrollo del país, y al logro de metas sociales importantes. Pero ha estas alturas, estrictamente hablando, el país está en capacidad de absorber su reducción.

En 2010, por ejemplo, la recaudación de ingresos fiscales por encima de lo presupuestado superó con algún margen la reducción de la cooperación europea, compensando por completo dicha reducción. Sin embargo, esto no significa, ni mucho menos, que la disminución de los flujos de cooperación europea carezca de importancia.

En realidad, cualquier retiro de cooperación hacia nuestro país resulta altamente preocupante. El país aún muestra rezagos enormes en términos de la dotación de capital humano e infraestructura básica, que están aún muy lejos de los umbrales mínimos requeridos, y el progresivo retiro de la cooperación bilateral está privando al país de recursos que resultan absolutamente indispensables para poder efectuar las inversiones en estos campos, que permitirían aprovechar en mayor medida el limitado tiempo que resta del bono demográfico.

Estos recursos difícilmente retornarán en el futuro.

* El autor es economista, miembro del CEDHCA-INGES.