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Qué extraño. Y qué bueno. Ya se puede conversar en la sala sin tener que hacer pausas  mientras pasa el ruido urbano. ¿Será por los buses nuevos? Me dispuse a observar y en efecto así es. Otro día, uno hizo parada frente a mi casa (aunque aquí no hay parada establecida), y llevaba música a todo volumen. Entonces, el ruido ambiental se disminuye, pero el interno sigue. Es una lástima. Esto, encima de que molesta y enferma, propicia la acción delincuencial dentro de los vehículos y la desatención de los conductores.

Es una pena que no se traten los problemas de manera integral. Aunque el objetivo de traer nuevos buses esté demasiado lejos de disminuir la contaminación acústica, se podría  aprovechar ese hecho. Ver de manera global la problemática y resolver de forma conjunta situaciones relacionadas. El ruido del tráfico rodado no depende sólo del estado del vehículo, también influye la velocidad, las aceleradas a fondo, el estacionarse con música a todo volumen, el abuso de las bocinas. Todo esto puede solucionarse con una simple decisión. ¿Por qué no aprovechar la entrada de nuevos vehículos para normarlo? O más bien, para aplicar las leyes que ya existen.


Pero también tiene que ver el estado de las calles, el tipo de material usado en el revestimiento, la congestión vehicular. Entonces, sería saludable trabajar de manera conjunta. Y también, a la par de controlar el ruido y emisión de gases, cuidar el aspecto visual de los buses; por ejemplo, evitando tanta publicidad que los afea y contamina la ciudad. ¿Acaso molesta verlos tan blanquitos y limpios? Y una charlita a los trabajadores del volante, sobre derechos humanos. Una campaña para no destruirlos y normas de cortesía. También para los usuarios.


No cuesta mucho actuar de manera integrada. Sin embargo, parece difícil. Tampoco entiendo por qué el ruido es permitido y consentido, inclusive por las autoridades de medioambiente y de salud. Y nunca pude entender por qué la Policía no aplica la Ley de Tránsito, cuando hasta las multas por ruido están estipuladas. El Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua, Irtramma, el Ministerio de Transporte e Infraestructura, las instituciones medioambientales y de salud deberían aunar esfuerzos.


Quizás a algunos funcionarios les sea difícil entender el problema porque viven en zonas donde el bullicio no existe o tienen los recursos para insonorizar sus viviendas. Y si viajan en vehículos cerrados, no pueden escuchar lo que pasa en las calles. Me pregunto cómo reaccionarían si llegara un pobre mortal y les dice: ya no aguanto, estoy estresado, desesperado, mi mamá está  enferma, y el ruido, la pitadera de los vehículos, la ponen peor, ayúdeme por favor, quiero que mi vieja viva tranquila sus últimos años…


Porque no es cuento que el ruido enferme, pero por más cuentos que hagamos no se entiende ni se atiende. Quizás porque se necesita de altos niveles sonoros para narcotizar a la gente. Y porque las empresas pagan impuestos, entonces que suban los decibeles. Como no se puede estar mal con ellas, hay que permitirlo. Además, para algunos políticos el ruido es útil, para confundir, embotar y enmascarar; si lo prohíben, estarían fregados.


Así las cosas, sólo nos queda esperar y empujar para que nos vayamos dando cuenta de que el ruido enferma, que es un contaminante más. Que, aunque el ambiente sonoro saludable no tiene color, si nos pintamos de verde debe ser de manera integral. Si sembramos árboles, si hacemos campañas para no tirar la basura a la calle, si denunciamos los olores insoportables, si cuidamos el agua, cuidamos también el aire de la contaminación por emisiones sonoras. Para que Managua mejore su ambiente, se necesita controlar la contaminación acústica, devolver también el derecho a la salud y a la tranquilidad. No podemos estar en armonía con la naturaleza si los sonidos no armonizan. Cuidar el medioambiente es para mejorar la calidad de vida y esto no pude alcanzarse si hay ruido. ¿Tendremos que arrancar esos derechos?, como dijo José Martí, “los derechos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan”.


Ojalá que poco a poco se vayan integrando las políticas y viendo el medioambiente de manera integral. Y que el “centro de control satelital que vigila el funcionamiento de las unidades”, como dicen las noticias, incluya también un sonómetro. Ya es tiempo de que le entremos al ruido, que no lo obviemos ni lo subvaloremos. Aunque no se vea, se siente y causa daños. Y mata. ¿O acaso es lo que heredaremos a las futuras generaciones?