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Un pirata, cara de malo, con pata de palo; oloroso a ron, algo sucio y desgreñado, vistiendo ropas de botines elegantes –que de algún monarca, a la mar habrían tomado-; es alguien para quien los robos, contrabandos, hallazgos de tesoros -entre otras aventuras- son un símbolo de rebeldía, pasión y una ratificación de la condición humana, de sobrevivencia del mismo ser. Los Piratas son también un equipo de las Grandes Ligas de Beisbol con sede en Pittsburgh, Pensilvania.


Los Piratas de Silicon Valley (1999) es un docu-drama -no autorizado- escrito y dirigido por Martyn Burke, basado en el libro Fire in the Valley, “Fuego en el Valle”. Este film documenta no solo los inicios de Microsoft y Apple, sino cómo en el mundo del negocio, rara vez un producto proviene de algo original al ciento por ciento; siempre estamos tomando ideas y consejos de otros para mejorar dicho producto, aunque estos sean de  la competencia: espionaje industrial.
En sus inicios, Bill Gates, de forma temeraria, fue hasta IBM -la marca más sólida del momento- y le dijo que tenía un sistema operativo novedoso y práctico para ser usado, y era mentira; lo consiguieron de verdad, pero después, en Seattle, comprado a una compañía más pequeña que la de ellos, por unos miles de dólares. Bill empezó a ganar cientos de miles con esa acción.
Y no para ahí, según el film, Gates tomó la idea de la interface y el uso del ratón de Apple y los volvió hacia las mayorías; pero cuando Steve Jobs reclamó a Bill Gates, éste contestó: “tú lo tomaste de Xerox”, como quien  dice: “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”. Pero bueno, no comparto ese dicho, respetando el principio de relatividad de la vida misma.


Ahora hasta hay una película que precisamente se titula así: los Piratas del Caribe, donde el multifacético Johny Depp encarna al capitán Jack Sparrow, un pirata que llena las expectativas del típico marinero malo, pero carismático, un gracioso personaje de altamar.


Desde el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -Tratado de Comercio de los Pueblos) y ahora el Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), los Latinoamericanos queremos sostener una especie de bloque progresista socialista, a  la misma vez que sostenemos economías inmersas en el sistema capitalista. Antagonismo o no, falta de moral o no, defiendo en este punto la capacidad pragmática de obtener recursos provenientes de fuentes capitalistas, con destinos socialistas.


Porque debe también ser facultad de los gobiernos fomentar la circulación del mismo capital, de tal modo que uno llegue a ser rentable, puesto que no todos creen en la solidaridad sino que otros creen en el individualismo; por tanto los negocios de fines socialistas deben ser “rentables” para aquellos que demanden rentarles. Oferta y demanda, a precio justo. Qué bien suena eso, en caso que haya respeto y tolerancia.


Dirán los países del primer mundo: allá están los Piratas del Caribe (Celac). “Bandolero”, le llamaron a Sandino los malos, con el parche en el ojo a lo Dossier; porque muy educados te imponen su condición, como los monarcas que ofrecían la horca a los piratas de antaño. Siempre la culpa la tiene el negro, el indio, el sucio, el pirata…


Ahora con lo de la Ley SOPA (acta de cese a la piratería en línea), vamos a ver Piratas cibernéticos atacando a aquellos magnates monarcas del capital que quieran estar contra la libertad de circulación de información en línea, al alcance de las mayorías, como lo visionara Bill Gates en sus inicios (hasta cierto punto él tuvo que ver con este asunto).


Al final, quién sabe cómo termine este asunto de la piratería, lo que sé es que a los tercer-mundistas  nos ha funcionado la forma temeraria de hacer negocios en el mercado negro. Si no, ¿cuándo se consumirían muchos de sus productos, creados para forjar desigualdad?

ocioversatil@gmail.com
* El autor es profesor de  la carrera de Comunicación Social. UNAN-León.