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Prosperidad

Aunque sea un asunto conocido no dejan de ser impactantes las investigaciones que exponen el origen del imperio económico de Daniel Ortega y su familia, desde su retorno al poder en 2007. La telaraña de negocios y empresas que suponen millones de dólares para las arcas personales explica la súbita prosperidad y el afán de permanencia en el poder de Ortega, que dejan al descubierto la codicia que le motiva. Cupio, de donde proviene la palabra codicia, significa en latín desear, tener ganas de, que se encuentra también en forma intensa en la concupiscencia: ser preso del deseo de forma apasionada y ardiente, violenta e instintiva. No por casualidad el antiguo dios del amor era Cupido, que en su origen designaba el fuego y sus manifestaciones. De ahí que el diccionario defina la codicia como “el deseo o apetito ansioso de bienes y riquezas”. A juzgar por la magnitud de las entradas que le deja el acuerdo petrolero con Venezuela, los Alba-negocios, los bienes de la familia y las empresas en manos de testaferros, el “líder de los pobres” está triturado por el fuego de la codicia y el amor por las ganancias.

Centuplicación
Tal vez por eso los Ortega-Murillo abandonaron tanto la vieja moral católica como la Teología de la Liberación para asimilar rápidamente la Teología de la Prosperidad, que enseña que la riqueza y el éxito en los negocios son una “evidencia externa” del favor de Dios. La conducta del gobierno “cristiano-socialista-solidario” está calcada  de los telepredicadores de la “Palabra de la fe”: esos mercachifles que ven a Dios como banquero y le piden a los incautos que les den el diezmo y la “semilla” para que “el Señor se las centuplique”, todo con el fin de espiritualizar el latrocinio. A la codicia orteguista esta doctrina le caía como anillo al dedo, pues muchas de sus bases ya eran adeptos a estos grupos religiosos. Al FSLN se le reestructuró como una secta puesto que sus principales rasgos son: el milagro, vinculado con el pensamiento mágico alrededor del caudillo; el misterio, que es el secretismo que oculta la práctica, para manipular la percepción y la psique colectiva de los seguidores, y la autoridad, un régimen autoritario que utiliza a las personas para suplir las necesidades del grupo que los controla. Por eso es que les prometen para 2012 “bendiciones, prodigios, milagros”… y para la familia, la centuplicación de las empresas.

Predicando La Fe

El evangelio de la prosperidad promovido por embusteros gringos y replicado por notorios políticos-predicadores en Nicaragua, se basa en un pretendido pacto de Dios con Abraham, según el cual le otorgaba salvación y riqueza. Este discurso tiene su correlato en el orteguismo donde el pacto es la fe y la obediencia con el jefe de la secta, a cambio de trabajar, conseguir un cargo, hacer un negocio o ser testaferro con tajada de alguna de las empresas rojinegras y en últimas, ser parte del escuálido 12% que ha recibido alguna migaja de las políticas sociales. El gran proyecto “revelado” a Ortega es que “seguiremos Dios mediante, Dios adelante, creando mayorías contentas”, siguiendo unas “Rutas de Prosperidad” que sólo él sabe. Así, los adeptos dan la “semilla” en el pacto con Ortega, colaborando con él y sus planes, pues alguna recompensa y ojalá centuplicada, caerá de su supuesta capacidad de milagro. La consorte Murillo como gran predicadora de la fe en el cristianismo opulento, dijo en el saludo de Año Nuevo que estaban “Orgullosos, Bendecidos, Prosperados y de Victoria en Victoria” (sic)… porque “el Estado nicaragüense es de ustedes y trabaja a su servicio.” Basta ver cómo funcionan los negocios y los dos mil millones de dólares que le dejan a la familia.

Mi Mercedes Benz

Tal vez lo que convence a los adeptos al orteguismo es que todos eventualmente, si le piden con fe y convicción, tendrán si no los millones de Daniel Ortega, al menos un Mercedes Benz como el suyo. Talvez la  primera profeta del país debería en su próxima campaña proselitista apropiarse de aquella canción de Janis Joplin (1970), sin importarle que le apliquen la ley SOPA de derechos de autor, donde le reclama a Dios por un carro, una tv a colores y una noche de farra en la ciudad. Aunque la Joplin lo cantó con sorna, tal vez sus adeptos pueden cantarlo y reclamar en serio: “¡Oh Señor, ¿no me comprarías un Mercedes Benz? Todos mis amigos manejan Porsches, y yo tengo que resolver. Trabajé duro toda mi vida, sin ayuda de mis amigos, así que Señor ¿no me comprarías un Mercedes Benz?”  ¿Oh, Daniel, won´t you buy me a Mercedes Benz?!!!

 http://www.youtube.com/watch?v=ORGaACYbAk0&feature=related