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En mi reportaje especial sobre “La guerra civil de 1854 y el sitio de Granada” (END, 28 de junio, 2009) descubrí que el primer médico afroamericano, David Jones Peck, falleció en Granada, Nicaragua, durante esa contienda fratricida. En los Estados Unidos, según Eddy Kühl, se desconocía este dato y él también lo ignoraba. Nacido en Carliste, Pensilvania, alrededor de 1826, Peck era hijo de un prominente abolicionista de la esclavitud negra, fundador de la Iglesia Metodista Episcopal de Carliste, barbero, fabricante de pelucas y hombre de negocios de la comunidad de negros libres de Pittsburg.

Peck se había graduado de médico en el Rush Medical Collage, de Chicago, en 1847. Ejerció su profesión en Filadelfia y Nueva York, a pesar de la discriminación racial de que era víctima. El doctor Joseph P. Gaszzan, un médico blanco abolicionista, fue su protector. En el verano de 1848 el doctor Peck recorrió el estado de Ohio con William Lloy Garrison y el célebre abolicionista de color Frederick Douglas (1818-1895).

Otro médico de color, su amigo de infancia, Martin Robinson Delaney, le convenció de marcharse juntos a un país libre de esclavitud. Con ese objetivo emigraron en 1852 a Nicaragua, donde desde 1824 se había prohibido la esclavitud. Los profesionales, a bordo de uno de los vapores de la Compañía Accesoria del Tránsito, propiedad de Cornelius Vanderbilt, arribaron al puerto de San Juan del Norte. Allí se establecieron, permaneciendo dos años. Luego Peck se trasladó a León.

Viviendo en esta ciudad, decidió engancharse como médico en el ejército democrático jefeado por el general Máximo Jerez. Así estuvo de servicio en el barrio de Jalteva, mientras Jerez mantenía fuerte sitio en Granada. En enero de 1855 el doctor Peck acompañó al aventurero inglés C.W. Doubleday —incorporado a las tropas de Jerez— en una incursión de sus rifleros contra las tropas legitimistas, falleciendo a causa de un cañonazo enemigo.

En su libro de reminiscencias editado en 1886, Doubleday narra que Peck le rogó disparar con su rifle contra un enemigo que se divisaba desde la claraboya de una pared. “El doctor, sin embargo —anota— no conocía muy bien el mecanismo del rifle y yo tuve que preparárselo de nuevo para en el tiro y en el momento en que se lo pasaba me sentí arrojado al suelo con gran fuerza. Atontado, con los ojos y oídos llenos de tierra, pero dándome perfecta cuenta de lo que había acontecido. La demora fatal de Peck había permitido al enemigo ver su rifle, y el artillero bajando su pieza envió el cañonazo directo a la claraboya. La bala había hecho un enorme hueco… Peck todavía estaba tendido todavía en los estertores de la muerte. La bala solo le había hecho un refilón en la frente y quizá la concusión le produjo la muerte”.

Doubleday agrega que el autor del disparo había sido un tal Mayor Dorse: estadounidense, oriundo de  Texas y exsoldado del ejército de su país, al servicio de las fuerzas legitimistas. Peck, pues, fue matado por un coterráneo blanco, diestro en el manejo del rifle y famoso como artillero.

El Rush Medical College, de Chicago, ha manifestado su orgullo de haber graduado a Peck erigiéndole un monumento y bautizando con su nombre, en 1984, uno de los edificios de su campus. También una estación del metro de Chicago lleva su nombre.

Delegados del mismo Rush Medical College llegarán pronto a Granada con el fin de colocar una placa en memoria del doctor David Jones Peck. La Alcaldía de Granada debería acoger, sin dilaciones, esta iniciativa. Yo sugiero que el lugar adecuado para incrustar dicha placa es el parque de Jalteva, el lugar más cercano del fallecimiento de Peck, y actualmente en remodelación. No se olvide que este parque se erigió en 1938 en homenaje a Franklin D. Roosevelt, otra gran figura estadounidense.

*El autor es escritor, investigador e historiador nicaragüense.