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La aprobación por la Asamblea Nacional de la Ley Contra la Violencia a la Mujer, merece nuestro reconocimiento más entusiasta, estímulo y satisfacción.

Realmente, el Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas” María Elena Cuadra” y la Corte Suprema de Justicia se apuntaron un cien. Nos permitimos relevar los siguientes factores que destacan su importancia:  

Es un logro de alcance histórico en una sociedad como la nuestra, marcada por la violencia en todas sus manifestaciones: estructural, directa, cultural, sicológica, verbal, social y política.

En adelante, nuestra sociedad, en particular las mujeres, contarán con un instrumento que las posiciona en mejores condiciones para enfrentar lo que ha llegado a constituirse en femicidio.

Demuestra que la sociedad civil es capaz de generar iniciativas válidas, trascendentales para toda la sociedad. Ésta es también nuestra experiencia con iniciativas de alcance, incluso mundial. Pero también se debe reconocer que en nuestra sociedad competitiva es importante la interacción con el Estado, pues no es tradición del poder reconocer, acoger otras iniciativas, a no ser las que emanan de sí mismo.

La Corte Suprema de Justicia, como coautora de esta Ley, y su programa de Mediación, ya reconocido a nivel internacional, hay que decirlo también, está contribuyendo de manera sustantiva al arraigo de una Cultura de Paz en Nicaragua, lo cual demuestra la viabilidad, no sólo necesidad, de este paradigma que se viene abriendo paso en el mundo.

La Ley contra la violencia de género es un punto de llegada de un largo proceso de análisis, elaboración, consultas, investigación y concertación de nuestras mujeres organizadas. También es un punto de partida que abre un espacio sin precedentes para la educación, capacitación, información y movilización, en torno de la temática de la violencia en general, la de género en particular y la cultura de paz en Nicaragua, lo cual debe ser llevado al núcleo familiar, al sistema educativo, la comunidad, la iglesia, el Estado y los medios de comunicación, es decir, se constituye en un instrumento de concienciación para el cambio de actitudes.
La Ley, ni ninguna política punitiva, por sí sola supera la violencia, más aún la de género, pues tiene hondas raíces en nuestra cultura ¿Qué lleva al hombre a ejercer una relación de violencia en contra de su pareja, de la mujer que dice o cree amar, madre de sus hijos? Es una pregunta que nos llevará a búsquedas y reflexiones más complejas, profundas y a planteamientos que están en el sustrato de nuestra cultura patriarcal generada por la actual civilización,  directamente vinculadas con la necesidad de una Cultura de Paz como paradigma holístico.

Lo anterior pasa, como afirma Carmen Magallón, especialista en temática de género, entre otras cosas, por una revalorización de la mujer en la historia, hasta ahora escrita por hombres y desde una perspectiva patriarcal, invisibilizándosele en sus aportes en los más diversos campos: científicos, culturales como constructora de paz (en una historia armada) artística, educativos y políticos, hasta llegar a la revalorización como madre y su trabajo doméstico.

Pero no sólo se trata de la revalorización de la historia de la mujer, sino también de la del propio hombre, sus representaciones del mundo, de la sociedad, de la historia, sus percepciones y prácticas sobre sí mismo y en la relación con la mujer, la familia.

Recordemos que nuestra historia registra 2000 años de paz Precolombina, 750 antes de la llegada de los españoles era un régimen social, según las investigaciones arqueológicas y antropológicas, en donde la mujer ejercía un papel protagónico.

Esta ley viene a fortalecer junto a otras un régimen jurídico cada vez de mayor protección a la mujer y a la familia nicaragüense en general, es el caso de: Leyes de Familia, Código de la Niñez y la Adolescencia y ahora, la Ley Integral Contra la Violencia Hacia las Mujeres.

De tal manera que estamos ante un instrumento político, plataforma para una revolución sociocultural sin precedentes. Desde ahora, el Instituto “Martin Luther King”, de la Upoli, en tanto entidad que promueve la cultura de la paz, su Revista “Cultura de Paz,” queda a la disposición de nuestras mujeres, para, si lo estiman a bien, ser una plataforma, punto de partida de toda esta reflexión, debate público y concienciación que esta Ley está llamada a ejercer en nuestra sociedad.

Managua, 26 de enero de 2012
* El autor es Director del Instituto “Martin Luther King” /Upoli.