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Luego de 180 años de la ocupación de las islas Malvinas, ordenada por Henry Temple, y a treinta años de la victoria de la “Dama de Hierro”, la batalla diplomática se ha intensificado en torno de los derechos soberanos de la región ut supra. Pero mientras la Argentina llama al diálogo, el Primer Ministro británico David Cameron, en contraste, convocó al Consejo de Seguridad Nacional de su país y ha pedido reforzar la presencia militar en la zona en disputa. Posición no extraña al venir de una potencia imperial.

Hay que señalar que en declaraciones recientes Cameron calificó a la Argentina de colonialista, acusándola de desconocer el sentimiento de pertenencia a la nación inglesa que mantienen los habitantes de Falkland Island (Malvinas); afirmación que contestó de forma muy acertada el vicepresidente argentino Amado Boudou, calificándola de “exabrupto ignorante de la realidad histórica”.

En este sentido me veo obligado a evocar un principio básico del Derecho Internacional Público, contenido en el arto.1, numeral 2 de la Carta de Naciones Unidas, que es precisamente el derecho a la libre auto-determinación de los pueblos. Este postulado hay que entenderlo como la posibilidad que tienen los habitantes de un espacio geográfico determinado, del cual son originarios, unidos por lengua, costumbres, historia y tradiciones; a escoger el sistema político-social-económico por el cual desean guiar sus vidas. Viva y plena expresión de soberanía popular.

El hecho de que los habitantes de Malvinas se consideren británicos no necesita de amplia explicación, debido a que un 70% de los residentes en Falkland Island son colonos y descendientes de británicos nacidos en la isla. Por tanto, es claro que la libre autodeterminación no opera, al ser los pobladores emigrantes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Si la errónea tesis colonialista de Cameron fuese cierta, podríamos entender que los cuarenta millones de latinos en Estados Unidos o el millón y medio de nipones en el Brasil que efectivamente son extranjeros, tienen derecho a agruparse en determinado espacio de los respectivos territorios y proclamar su independía en virtud del derecho a la libre auto-derminación que los acompaña... Claro que no,  es ilógico e irracional sólo imaginarlo.

Mientras tanto, la arrogante posición de Cameron considera los Derechos Soberanos sobre las Malvinas como no discutibles, ni prestos a negociación. Aquí hay que mencionar que el Comité de Descolonización de la ONU califica al territorio como no autónomo y solo administrado por el  Reino Unido, cuya soberanía es disputada con Argentina. Posición que coincide con el extraño pronunciamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, que recientemente señaló: “Reconocemos de facto la administración de la islas por parte de Gran Bretaña, pero no tomamos posición con respecto de la soberanía”.
Acciones de apoyo a la Argentina, como las tomadas por el Mercosur en diciembre pasado, al prohibir que barcos con bandera de las islas Malvinas atraquen en sus puertos, más la solidaridad expresada por Nicaragua, Honduras, Venezuela.

Bolivia, etc., reafirman hoy más que nunca que la causa de las Malvinas, más allá de ser un asunto irrenunciable del pueblo argentino, es una bandera de lucha de los estados hermanos de nuestra América.

* El autor es egresado de Licenciatura en Relaciones Internacionales.
8645-7488.