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La reciente muerte del último dictador sanguinario estalinista Kim Jong-Il, ha abierto un gran debate sobre el futuro incierto de Corea del Norte, al plantearnos qué seguirá ahora en esa nación: ¿la línea vertical, dictatorial, sanguinaria y dinástica?, ¿o se podrán abrir nuevos canales de apertura con una jefatura joven y con estudios avanzados en occidente? La incógnita es grande, bastante difícil o imposible de predecir.

La noticia de su repentino fallecimiento, que fue conocida días después por el mundo entero, ante las férreas e inhóspitas políticas aplicadas en esa nación, nos recordó la inaplicabilidad de este tipo de dictaduras comunistas en el mundo actual, y despertó los más grandes temores de países como Corea del Sur, Japón, Estados Unidos y la misma China, este último uno de los pocos amigos del régimen dictatorial de Jong-Il, ante las dos incógnitas planteadas en el primer párrafo de este artículo.

Mientras su vecino y hermano Corea del Sur, goza de una de las economías más dinámicas de Asia y del mundo entero, además de los mejores servicios sociales como salud, educación y acceso al trabajo, Corea del Norte es una de las naciones más pobres de Asia. Sin embargo es una potencia nuclear. Ha sido una férrea dictadura de corte comunista y estalinista, desde Kim Il-Sung, fundador del régimen y padre del fallecido Kim Jong-Il hasta Kim Jong-Un, hijo menor de Jong-Il, quien está llamado a continuar el legado de dictadura, pobreza y exclusión del mundo (siendo un retrato del más sanguinario dictador de la historia del Siglo XX, Joseph Stalin).

Ya en diciembre de 2010, en este mismo periódico escribí sobre la situación de la Península coreana: “¿Nueva crisis o vestigios de la Guerra Fría?”. En ese mismo artículo (que es válido hoy también) hacía referencia al hecho de que, si el Norte perdiera una guerra sería anexado al Sur de Corea y con esto China perdería una gran influencia en esa estratégica zona del mundo; y con ello sus aspiraciones por convertirse cada día en una potencia más poderosa. Caso contrario, serían los Estados Unidos los que estarían siendo los mayores perdedores geoestratégica y políticamente hablando, dando paso a un reequilibrio complejo de las relaciones de poder en esa conflictiva parte del mundo.

Al ver esas posibilidades geopolíticas y estratégicas en una zona de alta tensión en el mundo, se espera que la transición sea serena y dé como resultado positivo la apertura política y económica, y que el nuevo gobierno del joven Jong-Un se vea influenciado por las nuevas generaciones de que han estudiado en China o en países europeos, para que le den la oportunidad a esa nación de desarrollarse y ser vista en el mundo como una nación democrática y prospera, para finalizar con éxito otra etapa de la tristemente célebre Guerra Fría.

En caso contrario, la crisis en la Península coreana se agravaría por las intenciones de dominio y obtención de poder de las dos superpotencias mundiales, Estados Unidos y China, quienes estarían buscando mantener el status quo (China) o dar un giro radical a la actual situación (Estados Unidos). Ambos caminos podrían ser motivo de un conflicto armado, por lo que tienen que actuar de manera pacífica y armoniosa.

* El autor es Master en Relaciones Internacionales.