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Formó parte de Suecia hasta su anexión en 1809, por la Rusia Imperial, pasando a ser el Gran Ducado de Finlandia (autónomo). En 1917, obtuvo la independencia. Actualmente, es una república parlamentaria, democrática y miembro de las Naciones Unidas desde 1955, y de la Unión Europea (UE) desde 1995.

El candidato del partido conservador pro-europeo Coalición Nacional, obtuvo una considerable ventaja en las elecciones presidenciales finlandesas, pero deberá enfrentarse en una segunda vuelta con un líder ambientalista que es el primer candidato abiertamente gay, que se haya postulado para Jefe de Estado del país nórdico. Ninguno de los candidatos consiguió el 50% de los sufragios, así que los dos más votados deberán de contender.

Sauli Niinistö, del Partido Coalición Nacional, abogado de 63 años y experto en economía, obtuvo el 37% de los votos convirtiéndose en la gran esperanza de los conservadores de recuperar la presidencia del país nórdico tras un largo intervalo de cinco décadas.

Tendrá que derrotar el próximo 5 de febrero al diputado verde Pekka Haavisto, quien finalmente fue el segundo candidato más votado con el 18,8% de los sufragios. El que logre más votos el 5 de febrero se convertirá en presidente de Finlandia durante los próximos seis años. Según la Constitución finlandesa, la primera magistratura la eligen directamente los ciudadanos, el mandato es de seis años y sólo puede renovarse una vez.

El ex ministro de Finanzas, Sauli Niinistö, recibió el 36,9%. El ex ministro de Medio Ambiente, Pekka Haavisto, el 18,7%. El veterano político centrista, Paavo Väyrynen, un 17,6%, seguido por el líder del partido populista de los finlandeses, Timo Soini, abanderado del euroescepticismo en Finlandia, con un 9,4%.

Tales resultados suponen un espaldarazo hacia la actual política pro-europea del Gobierno de coalición, liderado por el primer ministro, Jyrki Katainen, dejando fuera de la segunda vuelta tanto a Paavo Väyrynen, como al otro candidato euroescéptico, el populista Timo Soini, líder de la formación ultra-nacionalista Verdaderos Finlandeses, quien sufrió un auténtico revés al sumar únicamente el 9,4% de los votos, la mitad que en las elecciones parlamentarias de hace diez meses, en comparación a las parlamentarias del 17 de abril de 2011, cuando se constituyeron la tercera fuerza del país.

El gran perdedor de la jornada fue el candidato socialdemócrata y ex primer ministro, Paavo Lipponen, cuyo quinto puesto, refrendó el fin de tres décadas de presidencias socialdemócratas auguradas por las encuestas.

La ultraderecha populista, está cosechando en casi toda Europa (Suecia, Noruega, Dinamarca, seguida por Austria, Holanda, Suiza y Francia). Empero, los Auténticos Finlandeses supieron situar el tema al centro del debate político y extraer nutrido provecho de sus propuestas anti-inmigración. En Dinamarca, la ultraderecha además cuenta con una consistente representación parlamentaria.

El ascenso de la formación populista, ha forzado a los partidos mayoritarios a endurecer sus programas. Se trata de una dinámica que ya afecta desde hace años a otros países nórdicos. La ultraderecha, contraria a la inmigración entró el año pasado por primera vez en el Parlamento sueco y ha originado el robustecimiento de la política de la coalición conservadora en el poder.

Ha sido fácil para la derecha europea, convertir a los más débiles en los chivos expiatorios de la actual situación. Los países mediterráneos e Irlanda, aparecen como “cargas financieras” que soporta el bienestar de la Unión Europea. El mensaje es más que claro: En Europa la crisis está formando agujeros negros.

Aunque la Jefatura del Estado sigue siendo el más prestigioso cargo en la política finlandesa, los poderes del presidente fueron recortados hace una década y se transfirieron al Parlamento y al Gobierno. Esta enmienda, eliminó la antigua potestad del presidente de proponer al primer ministro y otros miembros del Gobierno, y anuló en la práctica la posibilidad de vetar leyes aprobadas por el Parlamento; recientemente, la Constitución fue nuevamente reformada para entregar las riendas de la política europea al primer ministro y dar al Parlamento la capacidad de resolver eventuales disputas de poder.

Lo cierto es que el fenómeno supera lo meramente histórico exteriorizándose en una creciente hegemonía política derechista, que al parecer calca el mapa de los años treinta, cuando la región estuvo dominada por regímenes ultraderechistas. Entonces, Finlandia, no identificada con la ideología racista que incitaba la guerra, mantuvo un sistema democrático dentro de aquel bloque.

Todo indica, con la última reforma a la Constitución y con el resultado de las últimas elecciones parlamentarias del 17 de abril de 2011; que el partido ultraderechista de los Verdaderos Finlandeses, con un 19% se colocó en tercera posición con 39 escaños. Finlandia, en lo que a política se refiere, está virando hacia la derecha.

* El autor es diplomático, jurista y politólogo