•  |
  •  |

Al día siguiente de haber asumido la dirección de EL NUEVO DIARIO, alguien me propuso que se publicaran en el periódico las andanzas amorosas de destacados políticos nicaragüenses. Me ofreció vender fotografías que probaban tales andanzas; me dijo que las noticias, con todos sus ribetes libidinosos, causarían un extraordinario impacto en la sociedad, y que el periódico se vendería como pan caliente. Rechacé la propuesta.

Esta oferta me hizo recordar que desde hace mucho tiempo se viene discutiendo en el mundo si las aventuras sexuales o los enqueridamientos de los políticos deben ser divulgados por los medios de comunicación social, o en otras palabras, se discute si los ciudadanos tienen  derecho a conocer estos comportamientos eróticos.

El  tratamiento periodístico de este tema ha sido desigual. En unos países los periódicos no publican nada, en otros lo hacen tímidamente y en otros lo hacen con gran despliegue publicitario.

En España se sabe que el rey Juan Carlos es un mujeriego empedernido, pero ningún medio de comunicación informa nada. Se dice que esto se debe al  profundo respeto que el pueblo español siente por don Juan.

En la China de Mao Tse Tung, naturalmente, tampoco se publicaban estas cosas. Por la prensa extranjera se sabía que Mao  era adicto al sexo  con jovencitas ni menores de 18 ni mayores de 20 años. Mao le decía a sus amigos, con gran irrespeto a las mujeres entraditas en años, que la mayor desgracia de un hombre es tener que hacer el amor con viejas.  

En Estados Unidos hay casos de tratamiento periodístico tímido, como fue el relacionado con los lances amorosos de Franklin Delano Roosevelt, quien a pesar de tener siempre dos queridas fijas, siendo las más famosas Missy Le Hand y Lucy Pebensi, no perdía otras oportunidades, que por cierto fueron incontables.

Otro caso de tratamiento periodístico tímido, a veces sutil, a veces insinuante, es el de John F. Kennedy, quien recurría casi diariamente a la sexoterapia. Frank Sinatra  decía que a Kennedy solo las mujeres le podían calmar sus dolores de espalda, y que con Marilyn Monroe -su medicina preferida- no se le calmaban sino que se le quitaban completamente,  por lo menos durante veinticuatro horas.    

En cambio la prensa ha publicado con gran despliegue publicitario aventuras amorosas o enqueridamientos de personajes conocidos mundialmente. El expresidente de Francia Francois Mitterrand nunca ocultó sus aventuras extramatrimoniales. En 1994 “Paris Match” divulgó que hasta  tenía otra familia: su antigua amante Anne Pingeot y la hija de ambos, Mazarine, a las que se les vio en su entierro, frente al féretro, junto a Danielle Mitterrand, la esposa del mandatario francés.   

Otros casos, por ejemplo, de gran despliegue periodístico, son los del exsenador estadounidense John Edwards, quien al descubrírsele un hijo extramatrimonial, se vio obligado a desistir de su aspiración presidencial. También son famosos los casos de Bill Clinton, Alejandro Toledo, Alan García,  Fernando Lugo, Silvio Berlusconi, etc., siendo la vida amorosa de “Il Cavaliere” la que atrae más la atención mundial, porque a decir verdad don Silvio supera con creces a su paisano Giacomo Casanova, siendo una de sus novias la modelo de ropa íntima, escultural, sensual y bellísima napolitana Noemí Letizia, ahora de 21 años, la que provocó la decisión de Verónica Lario de Berlusconi de introducir la demanda de divorcio.

Silvio Berlusconi, como férreo defensor de la unidad familiar, lamentó con gran pesar  la decisión de su esposa. Dijo que  Verónica debió haber tenido como ejemplo de comprensión matrimonial la figura de la actriz italiana Giulietta Masina, la esposa del genial director de cine Federico Fellini, quien solía decir que su “cosa” podía ser de centenares de mujeres pero que su corazón sólo le pertenecía a Giulietta. Fue un matrimonio feliz, jamás se separaron, pues Giulietta sabía que el corazón de Federico era solamente de ella. Fueron enterrados junto a su único hijo Pierfederico, muerto a los quince días de nacer.

La discusión sobre si deben o no deben publicarse las aventuras extramatrimoniales de políticos importantes continúa vigente. Los miembros de la peña El Bejuco, excepto yo,  están de acuerdo con que se publiquen tales aventuras, en primer lugar, porque  consideran que la vida privada de los políticos debe tener una proyección pública, y en segundo lugar, porque a mis paisanos les encantan los chistes y anécdotas que nacen de rumores de faldas y portañuelas. En la peña se habla de que no debemos ser hipócritas, que salvo rarísimas excepciones, no hay quien no disfrute de la conversación de los que cultivan la estética lingüística de la chismografía de alcoba.