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La primavera árabe le demostró al mundo la capacidad de convocatoria de las redes sociales en internet. Las oligarquías financieras no estuvieron al margen de este fenómeno y lo capitalizaron para su objetivo. En cuestión de días vimos caer a regímenes de vieja data. En el camino quedaron Ben Alí, Hosni Mubarak y el coronel Muhamar Khadaffi.

Sobrevivientes de este primer brote primaveral podemos considerar a los mandatarios de Siria, Yemen y Bahrein. Estos sucesos que fueron difundidos con aires festivos por las cadenas de televisión transnacionales, recibieron todo el apoyo mediático requerido para desestabilizar esos gobiernos y sacarlos del poder, ya sea mediante una revolución interna o la intervención extranjera como fue el caso de Libia y la OTAN.

Pero contrario a lo que en su momento pudo parecer, tales movimientos carecieron de raíz popular y fueron sobrados en injerencias foráneas. En los archivos de la página tarpley.net de marzo 2011 hay un análisis extensivo de los países que serían desestabilizados. Entre los cuales estaban por supuesto Túnez, Egipto, Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Los vaticinios de Tarpley se han ido cumpliendo sin sobresaltos uno tras otro.

Si estos análisis dejan algún resquicio de duda, recomiendo buscar las declaraciones del General (retirado) Wesley Clark, quien, Comandante Supremo de las fuerzas OTAN durante la guerra de Kosovo. En la parte medular de la entrevista realizada en 2007, Clark expresa que apenas a diez días de realizado el atentado del 11-S en Nueva York, el Departamento de Defensa de EU ya tenía listo un documento para invadir siete países en cinco años, empezando por Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán, para terminar en Irán.

De los estudios de Tarpley y la declaración del General, es fácil deducir que el atentado del 11-S, las guerras de Afganistán, la de Irak y la primavera árabe, fueron eventos planeados  con muchos años de antelación y ejecutados en el tiempo conveniente. De ambas fuentes se pueden derivar muchos comentarios, algunos a favor otros en contra. De eso se trata la Libertad de Expresión. Pero en lo que ahora nos ocupa, lo que sigue es hipotético.

Supongamos que usted acoge mi sugerencia y busca el material que le estoy recomendando. Si lo encuentra coherente y lo tiene a bien, probablemente lo comparta con algunos de sus contactos. Si halla alguna información adicional, tal vez me la envíe a mí. Y yo haré otro tanto con mis contactos con lo que usted me envíe. Tanto sus contactos como los míos repetirán la acción y en un breve tiempo todos habremos ganado pues ahora estamos mejor informados y esto nos da posibilidad de rectificar nuestros pensamientos y nuestra conducta sobre un tema específico.

Eso es lo que sucede de forma natural todos los días en Internet tal como la conocemos hasta ahora. Pero esto es precisamente lo que los creadores de la ley S.O.P.A. no quieren que siga ocurriendo. Porque un conglomerado bien informado no puede ser engañado. Y el engaño es parte de su control y dominio.

La Stop Online Piracy Act, el proyecto de ley  presentado en octubre 2011 en USA, es simplemente una censura disfrazada. Su alcance es tan irracional que otros grupos poderosos que están más bajos en la pirámide de dominio ya expresaron su total rechazo, pues la ley obligaría a Google, Facebook, Twitter, eBay y Mozilla entre otros, a que sean policías de sus propios usuarios, pues todo documento -como el que le estoy sugiriendo-, por el tema del copyright puede ser bloqueado.

Si sabemos que estas personas son capaces de mentir, prefabricar guerras y calcular cientos de miles de muertes solo por petróleo y dinero, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué graves acciones están planeando ejecutar en el futuro inmediato? ¿Por qué intentan mantenernos aislados y desinformados? ¿Temen que el síndrome de la primavera árabe se revierta en su contra?

Cualesquiera que sean sus intenciones, lo que demuestran con esta ley es su inmenso temor al poder de la comunicación y la información que viaja por Internet. Intentan dividirnos para que nuestras acciones pierdan la fuerza del conjunto.

Por esta vez debemos felicitar a nuestros diputados por rechazar esta ley. No podemos predecir el futuro, pero si de algo podemos estar seguros es que los responsables de todo esto no querrán estar tomándose una sopa cuando al final florezca impetuosa la primavera de la humanidad.

* El autor es ciudadano nicaragüense.
gingo_2007@yahoo.com