•  |
  •  |

Se ha dicho con mucho acierto que la Política es una ciencia especial dedicada al arte de gobernar. La teoría dice que el político y la política ponen en primer lugar el bien común. Mas también la política es inherente a la participación del ciudadano en los asuntos de Estado, soberanía,  forma de gobierno y orden constitucional. La materia es tan amplia que toca todos los ámbitos del diario vivir, desde la paz social, relaciones económicas y mercantiles, producción, trabajo, salario, costo de la vida, salud, educación, vivienda y seguridad jurídica. Todos estos factores influyen en mayor o menor grado en el nivel de independencia política alcanzado por un individuo o por una nación.

El punto de partida para medir la independencia política es la base económica que ostenta una persona o nación. Todo aquel que para sobrevivir se ve obligado a depender económicamente de otro, jamás podrá decir que es independiente políticamente. La independencia política implica la capacidad de tomar decisiones soberanas, no estar sometido a presiones de un tercero, que tiene intereses particulares en la decisión que el soberano tomará en un momento determinado.  

Cuando los países latinoamericanos estuvieron subyugados por más de 300 años por el imperio colonial español, nunca tuvieron independencia política. Todas las decisiones políticas,  formas  de gobierno, leyes y comercio, se tomaban desde Madrid, y no en los países en donde tendrían efecto las medidas. De 1810 a 1821, los países de América se independizaron de España, mas esa independencia fue precaria, por la política intervencionista de países  como Inglaterra y Estados Unidos; que violentaban la soberanía de las naciones recién independizadas de España; para imponer su voluntad hacían bloqueos navales, invadían con tropas, saquean los recursos, derrocaban gobiernos que no eran de su agrado... En otras palabras, la declaratoria de independencia estaba nada más escrita en el papel de las constituciones.

La situación muy poco cambió en los siglos subsiguientes, pues la base económica de nuestros países, que es  en donde se erige la independencia política, sigue siendo de pobreza. Hoy, por causa del atraso económico, las naciones latinoamericanas siguen dependiendo políticamente de las potencias extranjeras; éstas dominan en los organismos multilaterales: el FMI, BM, BID.  La cooperación bilateral financiera está condicionada a dictados en política, formas de gobierno, derechos humanos, etc. Si determinado país pretende apartarse de esa línea, inmediatamente puede ser objeto de sanciones económicas o de exclusión de cualquier forma de cooperación.

Los bloqueos comerciales y financieros, decretados en algunos casos por el Consejo de Seguridad de la ONU (el Consejo de Seguridad es controlado por cinco país), y en otros dictados en forma unilateral por potencias económicas; ha puesto de rodillas a países ricos en petróleo y ha promovido el derrocamiento de gobiernos (Nicaragua en los años 80) que se creían fuertes y  poderosos (Irak, Libia, etc.).

La dependencia política que viven las naciones del tercer mundo se manifiesta en el poder económico de las potencias extranjeras. Sólo la independencia económica puede garantizar la independencia política. Cuando un político depende económicamente de otro, aquél no puede ser independiente de éste. Las decisiones políticas las toma el que tiene el poder económico. Por eso ese poder busca afanosamente como infiltrarse para incidir en las  decisiones políticas (COSEP-AN).

Los líderes políticos tienen claro que su liderazgo sólo perpetuara en la medida en que tengan asegurada una sólida base económica. De aquí su afán desmedido  por acumular más capital, ya sea por medio de un padrinazgo, aun allende de nuestras fronteras (Ortega-Chávez), por actos de corrupción (Arnoldo Alemán-Eduardo Montealegre), pues, con los recursos económicos bien o mal habidos, manejados discrecionalmente, tendrán en sus manos a una fauna de políticos como diputados de la Asamblea Nacional; funcionarios del Estado, Alcaldes, Concejales, puesto que quien contrata la orquesta, es quien decide la música que bailaran los acólitos.

Entonces, ¿cómo lograr la independencia política? La única forma es volver la mirada al pueblo, que el político baje a la sociedad, solicite contribuciones económicas para sostener organizaciones políticas y respaldar campañas electorales; de esta manera el político sólo dependerá del soberano, al cual rendirá cuentas de su actuación, será más independiente, no dependerá de caudillos o de determinado grupo económico.

Hay que trabajar duro para que nuestra  nación sea cada vez más independiente con respecto a otras naciones, así como en lo individual, para desarrollar de manera integral a la nación.

Granada, 23 de enero 2012
* El autor es abogado y notario público.