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Viendo un documental he aprendido esto del periodismo. Un país en situación de conflicto, no con su Estado limítrofe sino por lo que parece ser una secta nueva de una hermandad, que ha logrado crear focos de microconflictos religiosos en una serie de poblaciones fronterizas. Y provoca alguna forma de actuación policial que da base a mensajes de un bando de la hermandad, enviados por telefonía móvil y con imágenes transmitidas por celulares a distintos centros de prensa conocidos de los sectarios. Es lo que deduzco de la actividad previsible que hay detrás del documental, por las incoherencias, anacronismos, extrapolaciones que hacen los comentaristas, y por los lugares comunes del encubrimiento informativo.

Se observa que han emigrado grupos de estos sectarios a ciudades occidentales, donde dan resonancia a sus actos en el país lejano. Estos aparecen dando un aval a la información del conflicto enviada desde un país limítrofe. Porque el o los reporteros desplazados aparecen en el país vecino, informando de algo que ocurre detrás de las montañas del horizonte (auténtica “televisión”). Y no porque los periodistas no puedan visitar las poblaciones del conflicto, así sea como simples turistas; sino, probablemente, para que la información que sale de los focos del micro conflicto sea la mensajería de la secta disidente interesada en generarlos.

Al mismo tiempo, otros occidentales han atraído gente de esas poblaciones fronterizas hacia el país vecino con la oferta de alimento y servicios médicos en un campamento de refugiados, atendidos por un organismo de la nueva ONU unilateral en los conflictos. Esto último es importante, por lo que se deduce en el documental, aunque no queda explícito, que: estos refugiados, individuos con capacidad de movilidad para cruzar la frontera andando por las montañas, restará al enemigo juventud para reclutar en esa zona del país; y se observan indicios de que estos jóvenes, aislados de la situación de origen, son adoctrinados y entrenados para reintroducirlos en la siguiente fase militar del conflicto que está dejando de ser un simple conflicto de partes religiosas. Pienso que esta táctica de reclutamiento, en tantos conflictos armados, es la razón de que en los últimos treinta años haya más refugiados que nunca antes, ni siquiera en las grandes guerras posteriores a la segunda guerra mundial.

El o la periodista situados en el país limítrofe entrevistan exiliados de la secta o hermandad, aparentemente más informados que otros que aparecen brevemente contestando con monosílabos sobre su estado de ánimo. Uno de estos exiliados aporta material fílmico de “cámara oculta”. Explica cómo se ha preparado la cámara oculta para filmar, desde un automóvil, unas manifestaciones reprimidas con violencia. Lógicamente, aunque el periodista no lo diga, se trata de la preparación de unos operativos, que su informante estaría prevenido de esas movilizaciones; y no sólo da prueba de que las manifestaciones no serían espontáneas ni tomaron por sorpresa al de la cámara oculta, sino que éste sería un colaborador de la periodista extranjera y de la hermandad agitadora. Pero no se explica por qué esas tomas, en cada una de las distintas manifestaciones, no son de una sino de varias cámaras; y no de un ángulo a la altura del vehículo de parapeto sino en “picados” de cierta elevación, lo que implicaría varias cámaras “ocultas” y cierto aparato de infraestructura profesional.

Sin embargo, en las manifestaciones no se ven pancartas y, debido a que la filmación no tiene señal de audio, tampoco se escucha el grito de consignas. Así es que la filmación no permite mayor identificación de los sucesos. La filmación de las manifestaciones, de unas docenas de individuos, podrían ser de tumultos escenificados por cualquier motivo en una calle, como si están repartiendo pan o protestan. Pero la imagen se torna borrosa y confusa en el momento de las cargas violentas, se desdibuja el fondo de edificaciones urbanas reconocibles en la claridad de la primera parte de la filmación, o bien las tomas son de primeros planos y no se aprecia el entorno. Puestos a dudar, hasta podría ser un montaje con material de archivo. Y la última parte del documental informa que, en las inmediaciones de la frontera, ya empezó la fase militar del conflicto. Aunque, por el momento, la mayor capacidad de fuego se atribuye al gobierno enemigo.

No sé si protestar porque he ocupado sesenta minutos de mi tiempo en ver este guión de cine que prometía ser un documental, aunque he aprendido algo de periodismo.

* El autor es nicaragüense, ex profesor de la Universidad Javeriana y de la Universidad de Costa Rica.