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El reciente amago de paro de los transportistas para que las autoridades regulen las moto taxis y ciclotaxis de Managua tenían la intención, según líderes de las cooperativas de buses y taxis, de mejorar la calidad del servicio y la seguridad de los usuarios. Su argumento es que el transporte sobre tres ruedas es un atentado a la seguridad de la gente más pobre de Managua.

Repasemos estos argumentos.

1.- El bolsillo de la gente. Hasta donde se sabe una carrera en ciclotaxi y mototaxi oscila entre 3 y 10 córdobas. El trayecto más corto en taxi cuesta 20 córdobas. Ahora es común pagar entre 40 y 50 córdobas por un taxi. Claro, es más caro operar un taxi que una moto, pero el usuario busca gastar lo menos posible en un país donde los salarios no cubren ni la mitad de las necesidades de cada mes. Adicionalmente, el taxi no ingresa a todos los barrios por problemas de seguridad y el desastroso estado de las calles.

Como los ciclotaxis y mototaxis no tienen permitido circular por las vías más congestionadas de Managua, la gente debe pagar por salir del barrio a estas vías y luego por subir a un bus o taxi. Si fuera cierto el argumento de que la protesta era para proteger el bolsillo del usuario, ya estuvieran estos señores y las autoridades municipales desarrollando planes para reorganizar el transporte urbano y mejorar las calles de los barrios y asentamientos. ¿Por qué en este tema el pueblo no es presidente ni alcalde? Vaya usted a saber.

2.- La seguridad de la gente. Las estadísticas de la Policía Nacional revelan que buses y taxis son los dos sectores más involucrados en accidentes de tránsito, después de las motocicletas. Conducir en estas calles todos los días por ocho o más horas consecutivas es un alto riesgo. Y empeora cuando se padece esa actitud de perdona-vidas y agradéceme-que-te-sirvo de los señores del transporte colectivo y selectivo.

Por otro lado, los medios nos han mostrado ciclotaxis y mototaxis apachurradas por buses y otros vehículos. Las estadísticas no muestran que los vehículos de tres ruedas sean el problema. A todo esto, ¿por qué no lo son en Saigón, Kuala Lumpur, Bangkok, Bombay? Son ciudades con más de cinco millones de habitantes cada una. Allá estos vehículos circulan sin ningún problema. ¿Entonces, dónde está el problema real? Veamos.

Transportistas acostumbrados a que el gobierno les solucione todo. Desde los años revolucionarios el gobierno de Nicaragua ha entregado generosos subsidios a taxistas y cooperativas de buses. El gobierno del presidente Ortega ha entregado a estos señores subsidios por 146 millones de córdobas en 2011 y proyecta 153 millones en 2012.

La propaganda oficial nos dice que luego de 16 años de gobiernos neoliberales se ha avanzado en la renovación de la flota de buses y taxis de Managua. Un pretexto para que se diera ahora: los señores de los buses se negaron a pagar las unidades marca Isuzu que llegaron a Nicaragua a comienzos de los años noventa del siglo XX. Su argumento: habían sido gestionados por el gobierno revolucionario. Por tanto, no había que pagar nada al gobierno de Violeta de Chamorro ni al de Arnoldo Alemán.

Transportistas son una formidable arma política. Los gobiernos desde 1990 hasta 2006 se negaron a respaldar la necesidad de créditos de unos transportistas que trancaban el país cuando lo deseaba el FSLN para obligar a una negociación, y trataban al gobierno de turno y a los usuarios como enemigos. El resultado fue que tanto buseros como taxistas se ganaron a pulso una pésima imagen frente a la ciudadanía. Si a esto sumamos que la entidad reguladora ha sido un apéndice del partido de turno y no una instancia a favor del desarrollo de la comunidad… Ah, y que la Alcaldía no ha sido una eficaz gestora de los recursos en materia de ordenamiento vial.

Es economía de mercado… pero no nos gusta la competencia. En estos días un líder de los taxistas adujo que las mototaxis acabaron con los taxis en Ciudad Sandino. Ley de la oferta y la demanda. La gente de ese municipio prefirió un transporte menos caro y que le llevaba hasta su casa. Los taxistas fueron incapaces de afrontar creativamente ese reto y fracasaron. Ahora temen que ocurra lo mismo en Managua. Y para evitarlo recurren a la tesis de John Rockefeller: el mejor guerrillero es el que no nace. Ellos dicen: la mejor competencia es la que no existe… o la que podamos eliminar.

* El autor es periodista.