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Debemos empezar preguntando: ¿Sabe el titular del Minsa qué ingredientes contienen las vacunas contra el H1N1? ¿Le inyectaría a sus seres más queridos un medicamento cuyo contrato de venta exime de toda responsabilidad al fabricante?

Estas interrogantes que tienen que ver con la ética de la profesión médica son las mismas que se hizo la Dra. Ewa Kopacz –ministra de salud de Polonia- antes de decidir la compra y aplicación de esas vacunas en su población.

Después de analizarlo junto a un grupo de expertos, la ministra polaca compareció ante el parlamento y dijo: “nuestro departamento legal encontró al menos 20 puntos dudosos en el acuerdo. Así que, ¿cuál es el deber del Ministerio de Salud? ¿Firmar acuerdos que son del interés superior para el pueblo polaco? ¿O firmar acuerdos que son del interés superior para las compañías farmacéuticas?”

A pesar de las presiones que la ministra dijo haber recibido, la decisión del ministerio de salud de Polonia fue que no se comprarían las vacunas.

Al año siguiente la Dra. Kopacz asistió a París como invitada del Concejo Europeo, quienes querían oír cómo fue que Polonia había enfrentado exitosamente la pandemia anunciada por la OMS sin hacer uso de las vacunas. Allí la ministra dijo: “No es aceptable que los gobiernos deban convertirse en rehenes de los grupos de interés y tomar decisiones en un ambiente de pánico resultante de anuncios alarmistas en los medios de comunicación o la opinión de expertos que tienen interés en la situación por sí mismos y que no han basado sus análisis en términos científicos…”

Las suspicacias de la doctora Kopacz también son compartidas por una científica suiza radicada en Austria: Jane Burgermeister, quien basándose en pruebas de laboratorio elevó las mismas sospechas a nivel criminal y demandó a la OMS en un tribunal de Viena. En su escrito la científica detalló que  tanto el virus de la gripe aviar como el de la gripe porcina que después mutó al H1N1 fueron creados en laboratorios de bio ingeniería.

Según la misma denuncia, sociedades farmacéuticas y agencias gubernamentales internacionales estarían activamente implicadas en la producción, desarrollo, fabricación y distribución de agentes biológicos mortíferos con el fin de desencadenar una pandemia y provocar una despoblación mundial.

Pero aquí cabe preguntar: Si las pruebas de la doctora Burgermeister apuntan a esto, ¿acaso no es mejor estar prevenidos y ponerse la vacuna?

Parece que no. Pues las doctoras Rima Laibow (médica estadounidense radicada en Panamá) y Ghislaine Lanctot (médica canadiense autora del libro La mafia médica) alertaron  que los ingredientes de las vacunas en cuestión están diseñados exactamente para minar por dentro el sistema inmunológico de las personas y causar daños severos en los organismos de aquellos a quienes se les inoculen.

Todo esto nos obliga a pensar que tanto los virus como las vacunas fueron creados para un mismo fin. Y que se contó con la complicidad de los altos niveles que financian a la OMS para anunciar una pandemia que atemorizaría a la población y literalmente la haría correr a buscar la vacuna. La misma sería vendida a los gobiernos a precios caros y el negocio sería redondo, pues conseguirían su objetivo y además obtendrían enormes  ganancias.

De todas las formas en que esto se pueda enfocar, las denuncias y sospechas son numerosas; y el nivel de seriedad y profesionalismo de los denunciantes también es demasiado respetable para que sean ignoradas.

Por el bien de todos y de nuestros niños en particular, las autoridades del Minsa deberían detener la aplicación de esta vacuna y realizar una investigación profunda y objetiva que determine la conveniencia o no de este tipo de medicamento.

Y para terminar, si reparamos en el hecho de que la mayoría de las denuncias han sido realizadas desde el lado femenino, no cabe duda de que así como en el Amor, la Valentía también tiene cara de Mujer.

gingo_2007@yahoo.com