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No se puede llamar de otra manera la precipitada construcción de la carretera paralela, a veces contigua al majestuoso y solemne Río San Juan, orgullo histórico y geográfico de Nicaragua, que dirigentes del gobierno de Costa Rica, en arrebato inconfundible de revancha, construyen en la margen derecha, río abajo del San Juan, por más de cien kilómetros de longitud, pasando por el mojón número dos de la demarcación territorial, hasta el Delta, donde el majestuoso río se divide en dos brazos en su ruta hacia el Atlántico.

En esa ruta de tránsito original entre los dos grandes océanos, Atlántico y Pacífico, traficaron bergantines y barcos de vapor, con piratas, poetas, conquistadores, aventureros y trashumantes,  atraídos por la fiebre del oro de la costa Oeste de los Estados Unidos.

En sus doscientos kilómetros de recorrido, desde su nacimiento en el mar dulce de Nicaragua, hasta su puerto final en el Mar Caribe, el río atraviesa la región más selvática y esplendorosa de Centroamérica, devastada hoy en su margen derecha, río abajo del Castillo de la Inmaculada Concepción, por los vecinos del sur, propiamente frente a las grandes reservas de Bartola y del Indio Maíz, que se levantan imponentes y majestuosas en su vegetación en tierras de Nicaragua, como testimonio permanente  de la fecundidad y el verdor contra la depredación y el vandalismo.

Solo estando en el propio lugar de los hechos se puede sentir el malestar de tanta provocación, por la construcción precipitada de la improvisada carretera que atenta contra la biodiversidad y el ecosistema de la región, violando con su construcción todas las normas y los convenios de protección nacional e internacional al medio ambiente.

Hace pocos días recorrí el río en compañía del Coronel de Infantería César Vladimir Peralta Jarquín, Jefe del Destacamento Militar Sur, en río San Juan; nos dolió el alma contemplar desde la embarcación de motor fuera de borda que nos transportaba, la devastación ocasionada por los trabajos de construcción de la amenazante carretera. El despale inmisericorde de la vegetación; la remoción de la madre tierra por la cuchilla de los tractores y volcada en parte sobre las aguas del río; los cerros de material selecto levantado sobre la rivera y desparramados sobres las aguas por los torrenciales aguaceros incesantes en esa zona, que no conoce verano y, por supuesto, el sistema de alcantarillado desembocando sobre el río.

Más de cuarenta mil toneladas de sedimento han caído sobre las aguas del río San Juan en más de trescientos sitios críticos de la rivera afectada. Esto es el daño actual de las obras de la construcción de la desafortunada carretera, el daño futuro se anuncia aterrador, sobre las propias aguas del río que le llegan del mar dulce de Nicaragua, la sedimentación en el delta y en la  desembocadura por los desperdicios y los sedimentos que le tributarán casi ciento cincuenta kilómetros de tierra arrasada.

Pero hay una situación imprevisible que puede ser muy dramática a los vecinos del sur y es a la que se refiere el ingeniero arbitrador EP. Alexander, en su Laudo Número tres, comisionado por el presidente Cleveland de los Estados Unidos de América, para arbitrar el Tratado Cañas - Jerez de 1958,  es la posibilidad de que en cualquier día futuro la altura del caudal de agua crezca por acontecimientos inesperados, sobre todo en una región de pluvioselva expuesta a huracanes y  tormentas tropicales, donde el río en su crecida inunda riveras y  llanos, a veces por más de un kilómetro, por lo que  la flamante carretera de los vecinos del sur quedaría sumergida posiblemente por mucho tiempo, talvez años, en las aguas del río.

Alexander cita en su laudo número tres a Don Carlos Calvo, en su obra de Derecho “Le Droit Internacional Theorique et Practique” la cual dice: “Las fronteras marcadas por las corrientes de Aguas están sujetas a variar, cuando el lecho de ellas recibe cambios”; todo lo cual resultaría muy perjudicial para el propio país del sur.

En verdad el majestuoso río San Juan, orgullo de Nicaragua, con la mencionada carretera, quedará marcado con cicatriz visible y permanente y, por supuesto, supurante sobre su imagen de río solemne. Cicatriz que también afectará  el medio ambiente de la región y del mundo, y al derecho comunitario regional y universal que protege el derecho de la humanidad a disfrutar de los dones de la naturaleza en un ambiente limpio y saludable.

Lunes 13 de febrero de 2012.
* El autor es abogado y
Fiscal General de la República

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