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Aunque no se sabe exactamente en qué consiste, la poesía es consustancial a la especie humana. De igual manera también es consustancial el uso de la razón y sus consecuencias, que son: el poder desarrollar un pensamiento científico -y por ende las ciencias-, así como la concepción democrática de la sociedad alrededor de los principios de libertad e igualdad.

Desde los griegos, sabemos que el respeto a las leyes y la construcción de instituciones que controlen el poder son producto de la razón y son la garantía del desarrollo social, político y económico de cualquier país, lo que hoy es fácilmente comprobable.

Poesía y necesidad de libertad e igualdad se retroalimentan y son irrenunciables, tanto como patrimonio genético y como aspiración de la humanidad.

En los países donde ambos espacios humanos se han complementado, a la par de grandes figuras de la literatura, emergen gigantes de las ciencias y de otros campos del arte y del pensamiento.

Tan solo en Francia, Alemania o Inglaterra,  ha habido a lo largo de la historia tantos científicos y pensadores, como genios de las artes. Se trata de países  donde la razón -estructurada como entramado democrático- es el eje del desarrollo integral y armónico de la sociedad.

Un desarrollo no armónico produce desequilibrios en cualquiera de estos aspectos. Sino veamos la autocrática Rusia zarista engendrando al mismo tiempo a  Dostoievsky y Tolstoi, junto a  un profundo atraso estructural.

Con características muy similares, la Nicaragua poscolonial produjo a un icono de la poesía universal llamado Rubén Darío, pero nada parece indicar que produciría a un genio en el campo de las ciencias y otras ramas del arte y pensamiento.

Aquí entra en juego la literatura, que entonces se permite generar el espacio, donde los anhelos y aspiraciones de los pueblos por la libertad se subliman y se proyectan en el terreno fértil de la imaginación.

Y es que desde Rubén, la sociedad nicaragüense, desnivelada en su avance hacia la civilización, sin la razón como motor de su desarrollo, ahogada en sus anhelos de libertad e igualdad, sin tener mecanismos para controlar el poder político, ha volcado gran parte de sus esfuerzos y tribulaciones, en la fuga masiva de ciudadanos que huyen desesperadamente, mientras la otra parte de esos esfuerzos se concentran en la poesía como esperanza. La literatura como sustituto de la impotencia o de la incapacidad social para abrirnos a otras dimensiones de la naturaleza humana, principalmente al uso de la   razón, aplicada a nuestro sistema social. 

Así, a la par de los principales iconos poéticos ya difuntos, en cada generación surgen iniciados, beatos y ungidos, que siguiendo esta tendencia, luego engrosarán las filas de un santoral mítico, convertido ya en cielo poético, adonde todos quieren llegar y donde –a falta de otros mecanismos- se trasciende la dura realidad de la desesperanza como nación y como sociedad.

En Nicaragua, la persistente fabricación o reinvención de mitos, sean estos de carácter poético, ideológico o religioso, se ha convertido en el “modus operandi” para la reproducción de una cultura arcaica dominante.

Como un asidero, el pueblo se aferra a ellos en búsqueda de identidad, libertades y derechos que jamás llegarán, y al igual que en la época colonial, son administrados histriónicamente y sin controles, por castas y jerarquías, desde todos los tipos, formas y vericuetos de un poder que no se usa para construir un país, sino para obstruir y socavar el porvenir.

Alguien alguna vez introdujo en nuestro imaginario cultural la versión de “una República de poetas, poetas como pájaros”. Este enfoque muy difundido, no es producto del azar, sino más bien es la síntesis cultural de una deficiencia congénita, de una imposibilidad histórica para equilibrar todas las esencias del ser humano: Razón y ciencia, arte y pensamiento.

En todos los países, proporcionalmente hay tantos poetas como en Nicaragua, e incluso muchos más -lo que se puede fácilmente verificar-, pero en ninguno de ellos la poesía ha alcanzado –en ausencia de otras dimensiones del desarrollo humano- el estatus de necesidad vital, de símbolo de la voluntad de sobrevivencia de una nación-

* El autor es poeta nicaragüense.

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