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Durante el verano, cuando por falta de pasto la producción de leche de “vaca negra” escasea, el productor espera obtener un aumento al precio del galón  para compensar la baja producción, y continuar luchando por sobrevivir, y  poder salir de la  jarana y aprieto en que vive. Entonces, los sindicatos y los procesadores pegan el grito al cielo para que el pequeño productor no levante cabeza y continúe ordeñando al pie de la vaca, en condiciones no apropiadas en este siglo XXI.

Se olvidan que esa leche se convierte en golosina, como la crema chontaleña, la cuajada fresca o ahumada; leche agria, yogurt, mantequilla, queso envuelto en quesillo, quesillo nagaroteño o de El Pipe. Y seguimos poniendo unas cucharadas de crema a nuestro frijol rojito con tortilla recién salida del comal, o acompañada con güirila o tamal pizque, y el infaltable chilerito de chile congo... Para rematar al productor, los ministerios y la iniciativa privada piden a gritos  autorización para la  importación  de toneladas de leche en polvo que es subsidiada en su país de origen.

Pero cuando viene el famoso “golpe de leche”, con solo acercarse mayo, que es el inicio de la temporada lluviosa (aunque con el cambio climático el invierno se atrasa  hasta dos meses), los únicos que gritan son los productores porque el precio de la leche se viene al suelo y no queda mas remedio que dejar al ternero que se mame la leche de su madre con la consecuencia de que mueren “curseados” (de diarrea) u ordeñar para tirar la leche a los ríos, como ya lo han hecho los productores y amigos camoapeños muchas veces.

Entonces, ningún organismo gubernamental o las mismas procesadoras se acuerdan de los pequeños productores, y el precio de la leche se derrumba, aunque los supermercados mantengan el precio de la leche y de los subproductos como si nada ha pasado. Los “lecheros” son los acopiadores, ya que el  margen de utilidad siempre es igual; nunca pierden, y el único chimado es el ganadero mediano o pequeño que a veces  no tiene para cubrir sus necesidades ni menos para pagar la planilla semanal.

José Adán Aguerri, Presidente del Cosep, asegura que las empresas procesadoras de leche enfrentan problemas estructurales y que además enfrentan una competencia desleal, ya que mucha de la leche se va convertida en queso hacia El Salvador, creando una competencia desleal frente a las empresas formales que sí están acopiando de manera directa y pagando sus impuestos.

Se le recuerda a José Adán y a los ministerios relacionados con el problema de la leche, y a los que no han transitado por esos caminos muleros, que si no existieran estos acopiadores no se exportaría el queso a El Salvador y entonces solamente El Chapulín Colorado podría sacar de esa zona la producción lechera, puesto que las procesadoras, aunque “paguen impuestos”, no se aventuran a sacar la leche en El Guabo, Cerro Campana, Nueva Guinea, o puesta a la orilla de caminos intransitables, ya que sus cisternas acopiadoras la reciben de tanques de enfriamiento y en carretera pavimentada.

Que para mejorar la producción se debe mejorar el hato genéticamente, que hay que resembrar los potreros con semilla de pastos mejorados, que hay que invertir en  infraestructura y otras cosas más, son las declaraciones a los diarios, radio y TV por dirigentes de la política ganadera. Sin embargo, para que una cría de primer cruce tenga su primer ternero, se necesitan nada menos que cinco años, y así sucesivamente... Y para sembrar pasto mejorado el valor por manzana, solamente en semilla, es de US$120.00 más chapia, mano de obra y para qué invertir en infraestructura si siempre se le ha llamado “obra muerta”.

La realidad solamente se puede observar viajando por los caminos de penetración  intransitables y conociendo la vida campesina sin agua potable, electricidad y vivienda justa para sus descendientes. Para la reposición de un hato se necesita una parición del 75% (50% hembras y 50% machos); el descarte de hembra anual debe ser del 20%, pero con el 50% de parición a nivel nacional no se puede aumentar el hato y menos mejorarlo tal como lo recomiendan.

¿Se podrá mejorar nuestra ganadería genéticamente con pasto mejorado y para “obra muerta” sin el apoyo financiero? Los bancos o microfinancieras consideran la actividad ganadera como “no apta para prestar dinero”. La solución es dejar que el mercado le dé esos buenos precios al productor para sobrevivir, además de bajar los precios de los insumos.

* El autor es productor
agropecuario nicaragüense.

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