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El miércoles 25 de enero, el gobierno de Ortega recibió una nota de Hillary Clinton en donde se le comunica que los Estados Unidos llevará a cabo un “escrutinio agresivo” de préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y el Banco Mundial, BM, a Nicaragua. Según el comunicado de Clinton, las elecciones presidenciales del 6 de noviembre no fueron celebradas de forma imparcial y transparente.

El BID tiene programado aprobar a Nicaragua cinco préstamos por 615 millones de dólares, que generarían un gran impacto en el desarrollo socioeconómico del país: salud, educación, energía, caminos y cambio climático. Y se espera que el Banco Mundial otorgue este año 50 millones de dólares.

Ortega, con el realismo de un hombre de principios en los negocios (como dijera El Padrino, para restablecer la paz cuando bandas rivales le mataron al hijo: “nada personal”), va a pactar con los Estados Unidos su permanencia en el poder a cualquier precio, debajo o encima de la mesa. Es incapaz de luchar alguna contra el sistema de dominación imperialista. Ortega no presenta un solo elemento nacionalista progresivo. La nota de Clinton tampoco recrimina absolutamente nada de la política económica de Ortega, pero constituye una amenaza para las condiciones de vida de los trabajadores nicaragüenses.

Ortega en muchos aspectos resulta ideológicamente más reaccionario que la oligarquía conservadora del siglo XIX.

Penaliza el aborto terapéutico, confunde el Estado con su partido patrimonial, declara una fe confesional cristiana como atributo de la nación, y con irregularidades evidentes pretendió reelegirse ilegalmente para un tercer período. Su enriquecimiento ilícito a la vera del poder no tiene paralelos en  la historia del país.

El gobierno de Ortega no tiene ninguna medida de carácter socialista. Ni siquiera hay capitalismo de Estado para defenderse del imperialismo. El weiber, que siempre ha obtenido, a costa de deuda interna, es la indemnización puntual a propietarios estadounidenses cuyas posesiones fueron transferidas durante los años 80 a funcionarios sandinistas. Aquí no hay regateo, siquiera, sino, rendición completa al imperialismo bajo la firma de programas con el FMI.

Ortega, además, entrega a especuladores financieros las playas, los recursos hídricos, geotérmicos y eólicos, así como las zonas francas. Entrega las minas, el turismo, las telecomunicaciones, las cementeras. Vende a Venezuela el hato. 70 % de la generación de energía es privada; así como el 100% de la distribución de energía eléctrica.

Crece la dependencia de la factura petrolera. Los costos de energía eléctrica del sector industrial (entre ellos, los de las zonas francas), que representan el 20% del consumo es ampliamente subsidiado por disposición tarifaria en  15%.

El gobierno de Ortega, además, aprueba un subsidio generalizado de 45 millones de dólares, no solo para las 670 mil familias pobres que consumen menos de 150 kWh al mes, sino, también un 11.2% para el resto, de 230 mil clientes pudientes, que en conjunto consumen el 62.31% de la demanda nacional de energía (que presenta una curva cóncava hacia arriba, propia de una desigualdad estructural). De manera que el subsidio –sin fines sociales- se aplica reproduciendo dicha desigualdad en el consumo.

Ortega ha copado instituciones vinculadas al proceso electoral ilegal. Programa con el FMI una reforma al INSS en la que duplica el número de cotizaciones necesarias para la jubilación y pretende subir la edad de 60 a 65 años para acceder a la pensión.

La inflación, este último año fue del 8%, debido al incremento de precios de los alimentos, el transporte y alojamiento, mientras el salario se mantuvo constante (con una leve disminución en la industria). La capacidad de compra disminuyó en los hogares en el 2011.

La vulnerabilidad del país a choques externos aumentó. Disminuyó la ayuda multilateral. La ayuda venezolana no se utiliza para incrementar la productividad. El ahorro interno es negativo. La relación entre entradas y salidas de capital es negativa en los dos últimos años (a pesar que crecieron los recursos ALBA).

Se ha deteriorado la institucionalidad, la educación, la salud y la estabilidad macroeconómica. Ha declinado la transparencia, la estabilidad política, la rendición de cuentas y la efectividad del gobierno. La corrupción y el absolutismo de Ortega tienen un alto costo para la economía y para todos los sectores sociales.

La Nota Clinton, como amenaza imperialista, es consecuencia de la debilidad de nuestro país como nación a consecuencia del absolutismo retrógrado de Ortega. Más del 95% de la lucha consecuente contra el imperialismo pasa por impedir la consolidación del régimen corrupto de Ortega.

* El autor es periodista.
josualainiigo059@gmail.com

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