•  |
  •  |

Acabo de leer un ensayo de la filósofa estadounidense Elizabeth Anderson (1959), intitulado “Si Dios ha muerto, ¿todo está permitido?”. He escrito siete artículos que sintetizan ese estupendo ensayo. Éste es el primero.

Para muchos creacionistas el evolucionismo es un árbol que produce frutos corruptos como el aborto, el suicidio, la drogadicción, etc. En tales casos, la objeción a la teoría de la evolución es de índole moral, no científica. Además, asumen que el ateísmo es la raíz de dicha teoría y que, por tanto, éste es el origen de los frutos corruptos que ella produce.

Muchas formas de teísmo aceptan la teoría evolucionista, pero la idea del árbol maligno es todavía una objeción fundamental al ateísmo. Muchos creyentes religiosos se oponen al ateísmo no por haber sopesado objetivamente las pruebas de la existencia de Dios, sino porque creen que sin Él no es posible la moral. Sin embargo, cualquier sociedad estable, basada o no en el teísmo, ha reconocido los principios morales básicos contenidos en los Diez Mandamientos, a excepción de la observancia religiosa. Se suele castigar el asesinato, el robo y el falso testimonio; se enseña a los niños a honrar a sus padres, etc. Esto ha sido así desde mucho antes de que surgieran las religiones monoteístas. Hay motivos para el comportamiento moral, como el amor, el honor y el respeto a los demás, desligados de la amenaza de un castigo o premio divino, o de alguna revelación.

En el cristianismo actual hay dos tendencias: una que afirma que lo único necesario para salvarse es la fe en que Jesús es nuestro salvador, y otra que dice que la salvación es un don de Dios sobre el que no tiene influencia lo que crea o haga la persona. Ambas doctrinas son incoherentes entre sí, en el uso del cielo y el infierno como incentivos para la moralidad.
Muchos piensan que Dios es la autoridad que decide la diferencia entre el bien y el mal; que sin Él, dicha diferencia sería cuestión de opiniones subjetivas.

Si se encontrara un razonamiento que llevara a la conclusión de que se puede hacer todo lo que prohíben los Diez Mandamientos en caso de no existir Dios, tendríamos una buena base para rechazar el ateísmo. Dicho razonamiento lo podríamos denominar “el argumento moralista”.

Pero el argumento moralista es más aplicable al teísmo que al ateísmo. Si los actos son buenos porque los ordena Dios, entonces Él puede hacer bueno cualquier acto con sólo desearlo u ordenarlo. Si, en cambio, Dios ordena esos actos porque son buenos, entonces éstos lo son independientemente de que Él los ordene. En el segundo caso, no se necesita la moralidad de Dios para avalar los actos buenos, ya que éstos lo son por sí mismos; en el primero, en principio todo estaría permitido con sólo que Dios lo quisiera.

Este argumento no es decisivo contra el teísmo considerado como idea filosófica. Los teístas contestan que Dios es necesariamente bueno. Pero sí se aplica  a las supuestas pruebas a favor del teísmo. El “teísmo” es una idea muy amplia, pero aquí me referiré a la creencia en el Dios de las Escrituras; el del judaísmo, el cristianismo y el islam, o el de cualquier otra religión que acepte textos de revelación divina (mormones, testigos de Jehová, etc.). Se trata de un Dios que tiene planes para los humanos y que interviene en la historia. Un Dios que nos dice cómo debemos vivir. No abordaré el deísmo (idea de Dios como causa del universo, que es indiferente a la suerte de los humanos).

Las pruebas del teísmo son las Escrituras, testimonios de milagros, revelaciones en sueños, experiencias de la presencia divina y profecías que se han cumplido. Las llamaremos “pruebas extraordinarias”. Otras pruebas teóricas como la necesidad de una causa primera, sólo apoyarían el deísmo, no el teísmo. Las tentativas de encontrar, aún en contra de las evidencias, un diseño inteligente para la vida, nos mostraría que le somos indiferentes al diseñador (por el predominio de la depredación, el parasitismo, la enfermedad, etc.).

La prueba básica a favor del teísmo son las Escrituras. ¿Qué conclusiones deberíamos extraer de ellas sobre la naturaleza moral de Dios, y sobre cómo debemos actuar nosotros? Si aceptamos la infalibilidad y la literalidad de la Biblia, como hacen los fundamentalistas bíblicos, la única conclusión posible es que gran parte de lo que consideramos moralmente malo es en realidad permisible, y hasta exigible. Abordaré el asunto en el segundo artículo de esta serie.


* El autor es ingeniero civil y músico.
pedrocuadra56@yahoo.com.mx

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus