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Vanesa tiene un perrito pequinés de menos de un año al que pasea todos los días por la colonia en la que reside. Se sienta con él en las bancas del campo, le habla como se le suele hablar a los bebés, lo chinea y lo cuida del viento y de otros perros más grandes que puedan agredirlo. También lo cuida de los humanos, no vaya a ser que no se fijen y lo golpeen sin intención, o con ella.

Cuando no lo está cuidando, lo controla. Le grita diciendo: “venite para acá, Junior, te digo, haceme caso jodido, que te vengás, si no me hacés caso vas a ver… pasame ese palo, que te vengas”; en fin es otra de sus manifestaciones de amor y de protección hacia su mascota.

Lo interesante de este cuadro es que no hay mucha diferencia con la relación que guardan las mujeres de todas las edades, entre esta vinculación de protección/control hacia las mascotas animales y la relación que se establece con los niños, pequeños, sean estos hijos, hermanos, sobrinos.

En la misma colonia, en una casa que está encerrada por verjas blancas se puede apreciar a dos niños de entre 3 y 5 años jugar desde el fondo, moverse de un lado para otro, y hablar desde detrás de las verjas, casi no se ven, pero se les escucha llorar, gritar y jugar. Encerrados.

Cerca de esa casa estuvo por dos semanas un perro amarrado a un árbol de la calle, retorciéndose y aullando, sin poder estirarse ni relajar los músculos. Situación parecida a la de los pequeños encerrados, previamente mencionados.

No solo en la dimensión del control se asemeja la relación de los humanos con los niños y las mascotas animales. El tema de la protección y del performance que esta vinculación emocional implica alcanza niveles creativos de manifestación.A las niñas de dos años ya se les hace andar de taconcitos, aunque renqueen y caminen más lentamente, a los perritos se les “domestica” limitando su movimiento, se les chinea en vez de dejarlos correr, lo que coarta su desarrollo y bloquea sus instintos básicos de movimiento, como a los niños; y los transforma en lo que para el imaginario humano viene a ser como el ideal de mascota fetiche: bonito, arreglado, limpio, y lo más humanoide posible, alejándolo de su naturaleza canina y llevándolo a niveles de personificación cercana a las de un niño humano. A este último se le coarta mediante castigos, correas para niños y el encierro tras las verjas de la casa.

Las libertades de movimiento, el control, la protección, el mismo fetichismo relacionado a lo que se impone como vestimenta, como accesorios de uso y de disfraz para niños y niñas, posee alta similitud con las exigencias que se construyen en base a las mascotas animales.
La comunicación verbal y corporal, las señas y los sonidos son muy parecidos; las amenazas, las recompensas, incluso los juegos; las maneras de deshacerse de los pequeños es muy parecida a la manera de hacer a un lado al perro cuando está estorbando.

Algo significativo para analizar es cuando los perros, las mascotas, son mejor cuidadas que los niños/as de la casa; estos últimos pasan a ser parte de un nivel de atención y cuidado secundario y en un primer lugar se ubica la persona de la mascota animal, que se convierte en parte de la familia, tiene un nombre, una comida, un lugar donde dormir, una relación íntima con los dueños y una vinculación de dependencia y no de autonomía con ellos y ellas.
Puede que este elemento de la dependencia sea el que conlleva a valorar y atender más a un perro que aun niño/a humano/a, debido a que al niño humano habrá que pegarle para que haga caso, esto según el imaginario familiar/social/cultural de los adultos, mientras que el perro se domestica, a veces hasta se oyen expresiones como: “parece gente porque entiende, porque hace caso”, en referencia a la conducta obediente y dependiente de las mascotas animales, en este caso de los perros.

Puede que la mascota humana, los niños/as, por su desarrollo de la personalidad, la curiosidad, el lenguaje hablado y el enfrentarse con la autoridad represora, sean un objeto/fetiche poco atractivo para el imaginario humano y su necesidad de dominio/control e instrumentalización de las identidades, tiempos y vida de aquellos a quienes perciben como humanos en etapa inicial, en la cual están incluidos los perros.

* La autora estudió Psicología, actualmente termina Antropología Social. Hace teatro, escribe poesía, cuentos, artículos, ensayos y guiones.
http://gabrielakame.blogspot.com/