•  |
  •  |

Fenómeno semántico fundamental en la comunicación humana, la polisemia (del gr. poli, muchos, y sema, significado) consiste en que un significante tiene varios significados. Jean Dubois, en su Diccionario de lingüística, afirma que es una “propiedad del signo lingüístico” de poseer varios significados. Tomemos, por caso, la palabra “caliente”, una voz de origen latino (calens, -entis);  consultemos el Diccionario de la lengua española y registremos unas cuantas acepciones: a) que tiene o produce calor, b) dicho de una disputa, acalorada; c) lujurioso, d) excitado sexualmente, d) dicho del color, dorado o rojizo. La interjección ¡caliente! se usa para hacer saber a alguien que está cerca de encontrar un objeto escondido o de acertar algo. Y la locución adverbial “en caliente” significa: a) inmediatamente, sin ningún retraso que haga perder el interés o vehemencia de la acción, y b) bajo la impresión inmediata de las circunstancias del caso.

Veamos, ahora, en la lengua nicaragüense, un ejemplo del significante “riata” y sus diversos significados. Como sustantivo, significa ‘cuerda’, y como adjetivo, ‘algo considerado bueno o excelente’. El uso más prolífico lo encontramos en los fraseologismos: andar a riata (‘sin dinero’), estar riata (‘excelente’), ser la mera riata (‘ser inútil’), volar riata (‘atacar física o verbalmente a alguien’). Como ve, en el habla nicaragüense abundan las palabras y frases polisémicas o de sentido múltiple. Esta pluralidad de significados, lógicamente, es el reflejo de la riqueza de nuestro español, como variante dialectal de la lengua, que no es sólo gramática sino comunicación, identidad, conducta individual y social. Porque la lengua no es solamente el templo en el que está encerrada “el alma del que habla”, como dice el poeta estadounidense Oliver Wendell Holmes, sino el alma de su pueblo.

Tomemos, ahora, como ejemplo el sustantivo “aire” y sus construcciones fraseológicas. Aire es una contracción muscular, generalmente dolorosa, producida por el estrés, un movimiento violento u otra causa. “No puedo seguir con la plancha porque tengo un aire en la espalda”, dice una señora; y por eso prefiere darse un respiro o descanso o, como dice ella, “coger aire”. Necesito, dice ella, “un segundo aire”, pues no vaya a ser --agrega-- que con este aire y la sopa de frijoles del almuerzo se me vaya a “salir un aire”.

A un locutor de puro gusto o, como explica él mismo, “de puro aire” lo despiden del trabajo y por eso nos dice que “está en el aire”; y no es porque la emisora haya suspendido las transmisiones, es decir, “esté fuera del aire”. No. La empresa está funcionando, está transmitiendo la voz y está por tanto “en el aire”.
En una ocasión, nuestro locutor incurrió en un error sin importancia, y el jefe molesto lo reprendió, es decir, le “jaló el aire”. El patrón adujo razones sin sustancia o fundamento, por lo que el locutor consideró que dichos argumentos eran “puro aire”. Aun así, lo despidió y, como nos cuenta el afectado, “le jaló el aire” definitivamente, perdió el empleo y “quedó en el aire”. Se trata de un hombre humilde, sin engreimiento alguno y que lógicamente no “tiene la cabeza llena de aire”. Pero no deja de ser supersticioso, porque hasta ha llegado a creer que todo eso que le ha ocurrido es consecuencia de una brujería. Y concluye: “Es un mal aire”.
Como hemos visto, el núcleo de una palabra es su significado. Pero ese significado no está atornillado a la palabra misma, sino que cada palabra se enlaza a la otra y se abre a las otras dando lugar a una multiplicidad de significados. “Nunca aprendí a leer – se dice que dijo un analfabeto- porque nunca entendí que una letra le habla a la otra”. Y no solo la letra, sino la palabra que le habla a las otras palabras y a nosotros mismos a través de un prisma de metafóricos destellos.

Y es que la lengua regional es maestra en el uso de la metáfora – la metáfora popular-, la que usa espontáneamente el pueblo para matizar sus expresiones.  Por eso nos dice el filólogo Roberto Hernández Montoya en “El sentido de las palabras”: “El léxico regional es una compilación de metáforas, es decir, un instrumento que permite a todos no sólo conocer cómo habla cierta provincia de una lengua, sino cómo habla toda esa lengua, porque cada secuela semántica es una ventana, un nuevo horizonte, una ramificación, una bifurcación, que revela comarcalmente las potencialidades que se anidaban en una palabra del español general”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni