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“En lo personal no lo haría un héroe. No creo que en Nicaragua se deba seguir creyendo en héroes que disparan y no en los que construyen”, expresó un diputado del PLI al ser entrevistado sobre el Proyecto de un Decreto que declare el 21 de febrero “Día de Homenaje Nacional al general Augusto C. Sandino”.

El día mencionado, en 1934, durante la noche fueron asesinados los generales Sandino, Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. En la casa de don Sofonías Salvatierra, resultaron muertos Sócrates Sandino Tiffer, el niño Juan Ramón López y herido el yerno de don Sofonías, Rolando Murillo, que falleció a los pocos días. Los sepultaron en una fosa común, cerca de la pista del entonces Campo de Aviación Xolotlán. En 1944 serían exhumados e incinerados en la Hacienda Santa Feliciana, costado sur de la Laguna de Tiscapa, propiedad del principal de los asesinos, Anastasio Somoza García.

Es lamentable que un diputado de la Asamblea Nacional ignore que el general Augusto C. Sandino, conforme la Ley No. 711, fue declarado Héroe Nacional, y esto se publicó en La Gaceta, Diario Oficial No. 14 del 21 de enero de 2010.
Conforme dicha ley, la antigua Avenida Roosevelt, se llama actualmente “Avenida peatonal general Augusto C. Sandino”. Ya en 1980 se le otorgó el título de “General de los Hombres Libres y Padre de la Revolución Popular Antimperialista”, según el Decreto No. 403 del 16 de mayo de 1980, publicado en La Gaceta, Diario Oficial No. 110 del 17 de mayo de 1980. También se declararon Patrimonio Nacional las casas donde nació y vivió en su juventud, en Niquinohomo.

La expresión del diputado de la bancada del PLI refleja una total ignorancia de nuestra historia, desconoce las motivaciones que Sandino tuvo para venirse de México a incorporarse a la llamada Revolución Constitucionalista. No sabe las razones para continuar combatiendo desde el 4 de mayo de 1927 hasta el 2 de febrero de 1933. Con su gesta armada, el general Sandino construyó el decoro y la dignidad nacional, por encima del estigma de los vendepatria que trajeron al filibustero William Walker y a las fuerzas interventoras de los marinos norteamericanos.

Sin embargo, no bastan los decretos. La presencia física de la memoria del general Sandino está en deterioro. Casi nadie se acuerda del sitio donde nació en Niquinohomo, ni siquiera se intentó hacer una réplica de la humilde vivienda. En la casa donde vivió en su juventud, propiedad de don Gregorio Sandino López, no se ha podido montar un museo que conserve su recuerdo; bien puede funcionar la biblioteca en la parte norte del terreno. En San Rafael del Norte está en ruinas la casa donde estuvo el cuartel del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.

Desde hace dos años, durante el X Congreso Centroamericano de Historia, celebrado en la UNAN-Managua, se decidió fundar la cátedra Sandino, un justo homenaje para que se investigue y difunda la vida y obra de nuestro Héroe Nacional. La iniciativa quedó reducida a un comunicado firmado, entre otros, por Walter Castillo Sandino, nieto del general Sandino; el ingeniero Telémaco Talavera y el licenciado Aldo Díaz Lacayo. La rectoría de la UNAN-Managua nunca se ha pronunciado sobre este proyecto que rescata, en gran medida, los parámetros de nuestra identidad nacional.

El Comandante Ernesto “Che” Guevara dijo que “la mejor manera de rendir homenaje a un héroe, es imitando su ejemplo”. No concibo el ser nicaragüense, sin la presencia de Rubén Darío y Augusto C. Sandino. Pero aparte de los homenajes, decretos y monumentos, ¿qué tanto sabemos de ambos personajes? o ¿cuánto imitamos su ejemplo?
Sobre Sandino, decía Carlos Fonseca Amador que sería una ligereza reducirlo a categoría de una efeméride anual.

Para Carlos, Sandino era una especie de camino, pero si no conocemos la vida y obra de Sandino, si no sabemos adónde conduce el verdadero andar revolucionario, corremos el riesgo de que sea un camino con los baches del servilismo, el oportunismo, la adulación y la corrupción.

La conducta humana difícilmente se norma por decretos. Queda a la conciencia y convicción, en especial de los militantes del FSLN, practicar el ejemplo que nos legaron Sandino, Carlos y tantos caídos por la liberación nacional, en contra del enriquecimiento ilícito, combatiendo toda forma de explotación, miseria y pobreza. Hace falta desarrollar un mayor compromiso revolucionario, en una relación respetuosa, fraterna y humilde.

Verdaderamente reconciliados en una causa común. Que sea nuestra conducta, en todo momento y en todo lugar, el mejor homenaje a nuestro Héroe Nacional, general Augusto C. Sandino.

* El autor es periodista, escritor e historiador. Militante del  FSLN, segunda promoción.