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Encuentro dos razones muy poderosas para rechazar categóricamente la tesis del Dr. Miguel De Castilla, en el sentido de que la autonomía universitaria no tiene sentido mientras el sandinismo esté en el poder.

La primera tiene que ver con el papel de las universidades en la sociedad. El Dr. De Castilla ve a las universidades como reproductoras de la ideología dominante, y seguidoras por naturaleza de los lineamientos de la misma. Sin embargo, considero que las universidades, aunque deben estar abiertas a esa y a cualquier ideología, tienen un papel más trascendental, como es ser eternas constructoras de ideas, proponiendo modelos y manteniendo un espíritu crítico, que de manera científica dé luces a la sociedad sobre los mejores caminos a seguir para que la población alcance sus aspiraciones, señalando a la vez cauces éticos a los mismos.Para poder cumplir un papel así, las universidades deben actuar con total autonomía de cualquier partido político y de cualquier gobierno de turno; libres de dogmas de cualquier tipo, no sólo tolerando, sino fomentando la libertad de pensamiento.

La otra razón es que la dirigencia del Frente Sandinista tiene intereses que en buena medida se vuelven antagónicos con la misión y principios de las universidades. Así, mientras es misión de la universidad la formación integral de la juventud, que incluye infundirles un compromiso con la ética y crear una cultura de paz, al menos en mi Universidad, la UNAN-León, se permite y fomenta la violencia, como se refleja en el hecho de que nuestro Rector haya aplaudido a un grupo de estudiantes que agredieron a los profesores que nos manifestábamos en contra del despido de dos compañeros.

Mientras es esencia de cualquier Universidad la libertad de pensamiento, se persigue u obstaculiza a quienes piensan de manera diferente de la dirigencia partidaria o de las autoridades. Mientras que uno de los valores de nuestra Institución es el respeto a la dignidad humana y a la Ley, a la dirigencia del partido le estorba la Ley cuando trata de copar cuanta instancia de poder haya en la Universidad, y convertir esta en instrumento partidario.

Así, por ejemplo, luego de la muerte del Dr. Rigoberto Sampson, se violó la Ley 89, que mandaba expresamente a elegir al Vicerrector General en Asamblea Electoral, y en su lugar, el Consejo Universitario procedió a su nombramiento, sin que dicha Ley le otorgara esa atribución; el gobierno universitario ha violado el Estatuto con el fin de tener como jefes de departamentos a militantes del partido, como ha ocurrido en Ciencias de la Educación y en Ciencias Económicas.

Hace varios meses, un dirigente estudiantil alteró una orden de combustible, lo que representó algunos miles de córdobas en pérdidas, y el Rector, para no perder el apoyo del CUUN, engavetó el asunto; casos de acoso sexual a estudiantes han quedado encubiertos, tanto por las autoridades como por la dirigencia del CUUN, cuando los implicados han sido miembros del Frente Sandinista, mientras se ha expulsado a profesores opuestos a nuestras autoridades, por faltas mucho menos graves que esas. Agrava el asunto el hecho de que no se puedan atribuir estas faltas a errores de las personas que integran el gobierno universitario de la UNAN-León, pues las acciones anómalas no ocurrirían si no tuvieran el respaldo partidario de otras instituciones como el Mitrab, la Policía, el Ministerio Público y la lentitud del Poder Judicial.

Si creemos en lo que dice la Conferencia Mundial de la Educación Superior 2009: “La autonomía es un requisito indispensable para equipar a las misiones institucionales de calidad, relevancia, transferencia y responsabilidad social”, lo más sensato para nuestro país es que la autonomía universitaria exista siempre, independientemente del gobierno de turno, y sin sustituirla por falacias con nombre de autonomía.

* El autor es miembro del Departamento de Salud Pública, UNAN-León.