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Dejar una clase y no pasar el grado es tan terrible que no se lo deseo a nadie. Tiene un impacto brutal en los estudiantes y en sus familiares. Y es injusto. No me había dado cuenta hasta que un caso cercano me impactó hace dos años, así que han pasado más de 24 meses y no ha cambiado mi apreciación inicial de que es una falla grave del sistema educativo.

Es un error porque, ¿dónde queda todo el esfuerzo en las clases aprobadas? Dejaste matemática, pero aprobaste español, ciencias naturales, historia, computación, inglés, etcétera. ¿Por qué si solo dejaste matemáticas vas a perder también las materias que aprobaste? Pero te dimos la oportunidad de reparar y no pudiste… Es cierto, pero quedamos en lo mismo… ¿Y las clases aprobadas?

No se puede tirar todo al basurero porque dejaste una clase, porque ello no se corresponde con la realidad de haber fallado en una y salido bien en las demás. Lo que sucede es un sinsentido: el más bajo comportamiento académico es forzadamente generalizado y sin consideración alguna se lleva de paso todo el buen desempeño realizado durante el año en el resto de materias. Es como que el rojo de la clase aplazada tiñera del mismo color al azul brillante ¡y radiante! de todas las clases aprobadas. Esta generalización es atropellante.

No solo se trata de no pasar un grado o no, sino de todo el contenido emocional que supone una reprobación, la cual causa una herida sicológica profunda en el educando y en su mamá y su papá. No solo hay un sentimiento de inutilidad y de frustración, sino una pérdida considerable de la autoestima, y todo esto tiene profundas implicancias y consecuencias negativas que origina múltiples situaciones que los jóvenes deben enfrentar, no siempre con éxito.

Un bateador excelente es aquel que mantiene un promedio de al menos 300 puntos, lo que supone batear un hit cada tres turnos. En el caso que nos ocupa de estudiantes que batean seis o siete hits (clases) y solo fallan una vez, éstos tienen un altísimo promedio. No pretendo hacer una comparación mecánica, solo es otro enfoque para dar a entender que por donde se le mire, esta norma es impráctica, infuncional y desmotivadora.

Un agravante es que en la materia de matemáticas se reconoce que existe un enorme déficit en la docencia hasta el punto de que esta clase es temida por la mayoría de los estudiantes. ¿Por qué tantos estudiantes sienten pánico? Es posible que por las metodologías negativas hasta ahora puestas en práctica por el sistema escolar y los facilitadores. Los alumnos no deben cargar con esta falla que no es de ellos.

No estoy de acuerdo en que “se apruebe” a como sea a los estudiantes, ¡al contrario!, si no se hacen los méritos suficientes, ni modo, a reprobar. Pasar el año escolar por razones políticas por ejemplo, por buen desempeño en tareas partidarias, es una cuchillada al corazón de la enseñanza en nuestro país, con gravísimas implicaciones negativas para el desarrollo nacional.

No se trata pues de ser alcahuetes con los estudiantes y dispensarles su falta de concentración en el aula, no hacer sus tareas y no estudiar todos los días. A veces sucede que si se cae bien al profesor o profesora, el estudiante es aprobado. Tampoco se trata de este favoritismo o de actos de corrupción, sino de buscar un mecanismo justo.

Todo esto nos puede llevar a pensar en el sistema de créditos de las universidades, donde cada clase tiene un valor independiente de las demás, de modo que si un alumno desaprueba una materia, no afecta a ninguna otra. Algo así se podría establecer para secundaria.

O un mecanismo de aprendizaje-evaluación-enseñanza que se ponga en práctica en las vacaciones, de modo que el estudiante no solo “limpie” su clase, sino que realmente aprenda los contenidos significativos de dicha materia, que al fin de cuentas es lo único que debe importar.

Exhorto a los alumnos a estar atentos en clase, a “agarrar la seña” en el aula, a escuchar y a participar de forma beligerante, porque esto es las tres cuartas partes del esfuerzo a realizar, el resto es hacer las tareas y estudiar todos los días. Ahora que está comenzando el año es un buen momento para iniciar con pie firme, y evitar ser víctimas de uno mismo y del sistema.

* El autor es editor de Revista
Medios y Mensajes.