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Cuesta mucho reflexionar, y más aun, intentar algún juicio o premisa cuando de Ética se trata. Nos ata las manos, el pensamiento y la palabra cuando recordamos el pasaje o texto que dice: “quien esté libre que lance la primera piedra.” Obligado a obviar dicha limitante, me expongo a comentar lo siguiente, corriendo el riesgo de perecer en el intento:

¿Hasta cuándo vamos a actuar basados en la ventaja de manipular las emociones o los temores de las personas que desconocen nuestro campo de acción, con la intención de lucro económico u otros objetivos que no precisamente sean de beneficio a la  humanidad?

Menciono algunos casos recientes, y alguno no reciente, a manera de ejercicio para la reflexión:

Las pruebas experimentales realizadas por norteamericanos en Guatemala que les obligaron a pedir disculpas recientemente, después de años de haberse dado el hecho. La crisis de la pandemia por el H1N1, en la cual algunos asesores de la OMS influyeron en dicho Organismo para que ordenara compras exorbitantes de antivíricos fabricados por una empresa donde tiene acciones el ex ministro de defensa USA David Rumsfeld y en la cual ellos también obtenían regalías. La aprobación del uso de vacunas no validadas por estudios fase III en humanos, pero que producen utilidades generosas.

Y en el nivel local, me pregunto:

¿Por qué no hacer uso de los conocimientos clínicos antes de orientar exámenes o procedimientos invasivos que generan stress en el paciente y su familia, además de costos económicos importantes? ¿Acaso seremos mejores médicos/as por enviar análisis y tratamientos muy  costosos?

Es evidente que nuestro sistema de Empresas Médicas Previsionales (servicios privados y NO públicos) deja mucho que desear, al extremo que los asegurados deben recurrir a una segunda consulta cada vez que asisten a su clínica previsional. Irónicamente, la calidad de la atención es diferente en la parte privada de la misma clínica u hospital, pues al pagar por cualquier servicio la mejoría es evidente en cuanto a tiempo destinado para la consulta, análisis de laboratorio, interconsultas, y hasta el microclima en donde recibe la atención.

Medicina Basada en la Evidencia es la estrategia de razonamiento que hemos venido desarrollando en los últimos años. Sencillamente, sin ser adivinos y menos aun charlatanes, sabemos por ejemplo que una persona diagnosticada con hipertensión arterial que no recibe tratamiento médico, no hace dieta ni actividad física, terminará con una enfermedad coronaria, un infarto cardiaco o un derrame cerebral en cualquier momento. ¿Cuándo? Eso lo decide el mismo paciente, si a eso le suma el hecho de fumar, tomar licor y ser sedentario, sin tomar en cuenta la dosis de stress diaria.

Igualmente sucede con el candidato a ser diabético. Su perfil sería: tener antecedentes familiares, abusar de las comidas, tener sobrepeso u obesidad, más los factores de riesgo anteriormente mencionados. Existen siete medidas básicas de prevención a las que llegaron a concluir 5,000 expertos en París y más de 150 en Cuba, el año pasado.

Evaluaban la manera de prevenir las demencias, sobre todo la provocada por el Mal de Alzheimer, pero que son aplicables a todas las enfermedades crónicas en las que podemos retardar su aparición y mejorar calidad de vida:
Mayor actividad física. Control de sobrepeso. Control de obesidad. Control de colesterol y grasas dañinas. Control de la hipertensión arterial. Control de diabetes mellitus (azúcar). Mejorar el nivel educativo.

Se ha demostrado que el cerebro tiene también sus propios mecanismos de protección: olvida lo que no es importante y nos puede provocar daño de no hacerlo, y lo que se ha denominado recientemente como neuroplasticidad cerebral, que es el mecanismo por el cual genera sus vías alternas de sinapsis o comunicaciones interneuronales cuando sufre algún daño. Algo así como las vías alternas que se habilitan en las carreteras cuando existe algún accidente o derrumbe. Increíble, pero lo dicen así a quienes les pagan por estudiar y pensar. Los investigadores.

Regresando al título de la presente reflexión, intentemos no caer en la trampa de vincular éxito con ganancia$.

Hacemos mucho daño haciéndolo de esa manera. Procuremos ser más clínicos y auxiliémonos de la tecnología únicamente cuando sea necesario, sobre todo si de eso depende la vida y el bienestar de nuestros pacientes y de sus familiares.

* El autor es médico.
eddyzepeda07@yahoo.com.mx