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En la XI cumbre de ocho países del ALBA, que se centraría en debatir la consolidación de un sistema económico alternativo para la región latinoamericana y caribeña (ya que la región cuenta con un mercado potencial de 60 millones de personas), Ortega propuso la formación de una grannacional del cacao entre los países del ALBA.

Una grannacional intenta una integración productiva, que destinaría su producción, fundamentalmente, al comercio intra-ALBA, bajo el concepto de comercio justo. El comercio justo es un término comercial progresivo, dirigido a modificar las reglas desiguales impuestas por los países del primer mundo para la operación de las transacciones comerciales con los países en desarrollo.

Este comercio, considerado justo, no involucra el concepto de solidaridad. Al contrario, presupone la eliminación de subsidios estatales a los productores agrícolas. Más que al comercio entre países subdesarrollados, el objetivo de justicia básicamente intenta eliminar a los intermediarios entre productores y consumidores (a fin de reducir la diferencia entre el precio de venta y el monto que recibe el productor); excluye las restricciones comerciales (para impedir la discriminación y el proteccionismo que practican los países desarrollados); además, el productor recibe el pago por adelantado para evitar la necesidad de financiamiento.

Respecto del tema en debate en la Cumbre del ALBA, habría que señalar, en primer lugar, que un sistema económico alternativo para la región latinoamericana y caribeña, intentaría no sólo eliminar la competencia interna por ofrecer el precio más bajo de los productos que exporta la región, sino que buscaría una integración productiva que requiere, inevitablemente, la planificación económica regional (imposible de realizar sin un control socialista sobre los medios de producción).

En segundo término, el PIB de todos los países del ALBA representa, tan sólo, el 9.17 % del PIB de América Latina y el Caribe (con el 12.24 % de su población). Es decir, el peso económico de los países del ALBA no sólo es poco significativo, sino que refleja un rezago en productividad respecto de la media regional.

Brasil, México y Argentina representan, en conjunto, 7.5 veces el PIB de los países del ALBA (con sólo 4.9 veces su población). De modo que ninguna estrategia que apunte a “un sistema económico alternativo para la región latinoamericana y caribeña” puede prescindir de estos países, que están a la punta de la productividad regional.

Pero una agrupación de Jefes de Estado burocráticos no puede más que improvisar documentos demagógicos sobre economía, sin un ápice de justicia social. Salvo en Cuba (que presenta gastos extraordinarios en educación y salud, aunque la economía estatal pretenda ser administrada con criterios capitalistas), en el resto de países del ALBA la burocracia se apropia del capital (especialmente en Nicaragua), y no existe, siquiera, una regulación de la economía bajo la forma de capitalismo de Estado. Los escasos resultados políticos del poder autoritario de las burocracias del ALBA, no logran ni convertirse en un polo para el resto de economías capitalistas de la región ni, mucho menos, en objeto de movilización de los trabajadores latinoamericanos.

La propuesta de Ortega de formar una grannacional del cacao revela el más superficial e ingenuo concepto de un sistema económico alternativo. La participación de América Latina en la producción mundial de cacao es del 14 %.

Nicaragua ocupa el puesto 42, con no más de 1,200 toneladas en 9,230 hectáreas de cultivo de cacao. De las cuales exporta sólo 450 (con el 0.02 % del comercio mundial de cacao). 800 toneladas del “manjar de los dioses” se consume internamente. El 86% de nuestra exportación se dirige como grano de cacao a Centroamérica. Nuestro rendimiento es de 2 a 4 quintales por hectárea (lo que representa el 16 % de rendimiento respecto a Indonesia, que invierte en insumos y produce 12.4 quintales por hectárea).

La estructura productiva del cacao es el minifundio, inmersa entre otras formas de la agricultura de subsistencia.

Nicaragua participa en el más bajo eslabón de la cadena final, en el menos remunerado y en el más expuesto a riesgo de enfermedades. El mercado de mayor importancia lo acaparan quienes se benefician del valor añadido, proceso que realizan las multinacionales del chocolate en Estados Unidos, Europa, Japón.

Una postura seria, en este pequeñísimo rubro, buscaría conocimiento tecnológico y de comercialización para sustraerle nichos de mercado, en el valor añadido, a las multinacionales de la industria del chocolate. Sin que tal producto, que representa el 0.033 % de nuestras exportaciones, aporte un cacao a un sistema económico alternativo.

* El autor es ingeniero eléctrico.