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El capitalismo desarrollista de los años sesenta, signado por la sustitución de importaciones de bienes y servicios, y la importación de capitales, conocimientos y tecnología, y para el cual se edificó un tipo específico de Universidad que le sirviera como aparato de reproducción científica e ideológica, desde mediados de los ochenta ha virado hacia un nuevo tipo de capitalismo, el neoliberal, cuyo fundamento es el libre mercado y las mercancías.

Durante los años cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo, los Estados, como parte de la impronta desarrollista, crearon complejas empresas en los campos de la energía, aguas, comunicaciones, salud, educación etc., este modelo entró en crisis con la nueva apuesta capitalista, cuyas características eran (y son) la privatización de toda empresa pública, la conversión de todo lo social en mercancía, reducción del Estado, apertura comercial y financiera, énfasis en el mercado externo, flexibilización de las relaciones laborales, etc.

La Educación y en especial la Educación Superior y las Universidades, por causas obvias, no han estado fuera de este proceso radical del capitalismo. Por el contrario, el Banco Mundial, líder de la política educativa neoliberal a nivel planetario, desde el inicio ofreció algunas recomendaciones para este nuevo tipo de Universidad, en especial para las Universidades Públicas  en proceso de mercantilización y su relación con los Estados. Estas fueron las siguientes:

•  Si los Estados proveen a las Universidades recursos públicos, deben estar condicionados al uso transparente de los mismos y para el fortalecimiento de la eficiencia y la calidad.

•  Los Estados deben proveer a las Universidades de autonomía, pero también deben propiciar la creación de mecanismos de monitoreo, evaluación y acreditación de su calidad y desempeño.

•  Los Estados deben favorecer ambientes para la fundación de Universidades privadas.

•  Se deben establecer sistemas de préstamos o de becas sobre la base del desempeño estudiantil.

•  Se debe controlar el acceso a la Educación Superior sobre la base de criterios de eficiencia.

•  Sobre el financiamiento, se recomienda el incremento de los aportes al sector privado, la elevación de los aranceles estudiantiles a la par del establecimiento de sistemas de crédito educativo; la contribución de los graduados con el pago de cuotas; la organización de la venta de servicios, etc.”.

Como se observará, los énfasis son: liberalización de las instituciones educativas abiertas al mercado; el financiamiento educativo versus eficiencia y transparencia y el monitoreo de la calidad de la educación superior. El Banco Mundial como gendarme financiero universal, recomienda a los Estados cómo y en qué condiciones debe ofrecerse el financiamiento universitario, e impone a las Universidades Públicas un conjunto de condiciones y tareas obviando que la lucha por la eficiencia, la transparencia, la democracia y la calidad de los procesos y los productos de la Universidad Pública en el mundo, y la creación de mecanismos de evaluación, monitoreo y acreditación, deben ser el resultado del debate interno de las comunidades universitarias en pleno gozo de su autonomía y no porque un organismo del establecimiento capitalista internacional se lo recomiende e imponga.

El otro gran tema de la relación del Banco Mundial con los subsistemas de Educación Superior es la formulación de las bases para la fundación y desarrollo en cada uno de nuestros países del Sector Empresarial de Universidades Privadas, basado en el apoyo estatal, sistemas de préstamos y créditos estudiantiles, aportes del sector privado, la administración de aranceles, ventas de servicios, etc.  

Las recetas del Banco Mundial, y esto es lo peligroso, no sólo han servido de plataforma de lanzamiento de las Universidades Privadas, que eso está muy bien porque ese es su terreno y vocación, sino que han contaminado e impregnado el discurso y perspectiva de las Universidades Públicas de la región, las que, muchas Universidades hoy, ante el estancamiento de los aportes fiscales de parte de los gobiernos, viven hoy una permanente y profunda crisis de identidad, moviéndose entre dudas y certezas, entre el derecho a la educación de la población estudiantil en situación de pobreza y la competencia con la Universidades privadas por el pastel financiero de los mercados estudiantiles en nuestros países.

* El autor es educador, exministro de educación.